JavaScript must be enabled in order for you to see "WP Copy Data Protect" effect. However, it seems JavaScript is either disabled or not supported by your browser. To see full result of "WP Copy Data Protector", enable JavaScript by changing your browser options, then try again.
PUBLICIDAD
publicidad

Por: Enzzo Omar Sosa / Lo que veo

En la política mexicana hay frases que llevan rondando generaciones. Van y vienen políticos, van y vienen partidos, pero la sentencia es la misma: si caigo yo, caemos todos. Tan equiparable como aquella de “quien no roba, no avanza”, o la de “hay que robar, pero compartir, para dejar felices a todos”, o quizás la que reza “tiene que volver, pero lo que se robó”. Aunque los términos sean distintos, todos nos llevan al mismo destino: la podredumbre de la clase política mexicana. Jamás una frase había explicado mejor —que cualquier informe de la CIA, la DEA o el FBI juntos— cómo funciona realmente el poder en México que la de “Si caigo yo, caemos todos”.

El pasado 29 de abril de 2026, el Departamento de Justicia de Estados Unidos formalizó una acusación de narcotráfico, asociación con el Cártel de Sinaloa, posesión de armas de guerra y conspiración para inundar Estados Unidos de fentanilo, cocaína y metanfetamina, en contra del gobernador en funciones de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, al Senador de Morena por ese estado y su posible sucesor Enrique Inzunza Cázarez entre otros funcionarios.

La acusación, presentada ante un tribunal federal de Nueva York, es inédita por su magnitud. El gobernador Rocha Moya, de 76 años, es un maestro de origen rural, exdirigente estudiantil, exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, exsenador de Morena y, desde 2021, gobernador constitucional de Sinaloa. Un hombre construido en la academia y en la política de izquierda. Pero también un hombre que, según el pliego acusatorio, ofreció protección a la facción de “Los Chapitos” —hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán— a cambio de apoyo electoral, intimidación de la oposición y financiamiento millonario proveniente de la venta de drogas en territorio estadounidense. La Fiscalía señala que, ya en el poder, Rocha Moya entregó cargos públicos estratégicos a miembros del Cártel de Sinaloa y utilizó la estructura de seguridad del estado para combatir a la facción rival encabezada por Ismael “El Mayo” Zambada, quien fue secuestrado, en plena traición, por Joaquín Guzmán López (“El Güero”), uno de los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán (“Los Chapitos”) fue entregado y detenido el 25 de julio de 2024 por autoridades de Estados Unidos, marcando el fin de más de 50 años de carrera criminal sin pisar la cárcel.

Según una carta del propio Zambada, fue engañado para asistir a una reunión en una finca llamada “Huertos del Pedregal” en Culiacán, Sinaloa, bajo la promesa de mediar en un conflicto político. Al llegar, fue emboscado, sometido, amarrado y obligado a subir a una avioneta privada que lo trasladó a Nuevo México, Estados Unidos, donde fue arrestado por agentes federales. Zambada denunció que en la reunión de la traición fue asesinado Héctor Melecio Cuen Ojeda, un político local, y que sus propios escoltas están desaparecidos. En dicha reunión habría estado presente Rubén Rocha Moya.

El Mayo” se declaró culpable de cargos de narcotráfico en EE. UU. y se encuentra bajo custodia federal estadounidense, con su audiencia de sentencia aplazada hasta el 18 de mayo de 2026,

De acuerdo con la investigación del Distrito Sur de Nueva York, el entonces vicefiscal Dámaso Castro Saavedra recibía 11 mil dólares mensuales para filtrar información de la DEA y alertar al cártel sobre operativos antinarcóticos. El excomandante Juan Valenzuela Millán es señalado por el presunto asesinato de una fuente de la DEA y un familiar para frenar las investigaciones en contra de Los Chapitos y del propio Rocha Moya; es el único de los imputados que enfrentaría la cadena perpetua.

Rocha Moya es amigo cercano del expresidente Andrés Manuel López Obrador. No es un rumor: en 2020, cuando era candidato a gobernador, el propio Rocha declaró: “Es mi hermano”. Una amistad que data de 1998. Y aunque hoy López Obrador descansa en su rancho “La Chingada” en Palenque, Tabasco, diciendo que ya no se mete en política, sus fichas han ido cayendo una por una.

Fue la política de “abrazos, no balazos” impulsada por AMLO la que permitió que los carteles de la droga en México crecieran sin control, aunque los homicidios dolosos disminuyeran en las estadísticas oficiales. Pero la victoria en números fríos no puede ocultar la derrota en soberanía. El presidente saliente se ha convertido en el principal defensor de Rocha Moya, no una, ni dos, sino en múltiples ocasiones. Cuando en julio de 2024 estalló el escándalo de la entrega de “El Mayo” Zambada a Estados Unidos, AMLO no señaló a los políticos corruptos coludidos con el narco, sino al gobierno estadounidense.

Y es que la acusación contra Rocha Moya no es un hecho aislado. La lista de operadores de la Cuarta Transformación señalados por nexos con el crimen organizado es larga: Adán Augusto López, primo de AMLO y exsecretario de Gobernación, acusado por la oposición de vínculos con el grupo delictivo “La Barredora” en Tabasco. Alfonso Romo Garza, exjefe de la Oficina de la Presidencia (2018-2020), cuya casa de bolsa fue vinculada con operaciones de lavado de dinero por el Departamento del Tesoro de EU. Mario Delgado, presidente nacional de Morena (2020-2024), señalado por presunto financiamiento irregular de campañas y por estar bajo investigación criminal en Estados Unidos, Ahora Rubén Rocha Moya y nueve funcionarios más incluido el señador de ese estado Enrique Inzunza Cázarez.

Ya no es un rumor, es un patrón: operadores políticos, económicos y estrategas de la 4T, pongas donde los pongas, terminan salpicados. Por eso la frase “si caigo yo, caemos todos” atenuó con los años su tono de advertencia y se convirtió en un axioma de supervivencia.

Parece que el Departamento de Justicia de Estados Unidos ha modificado la ecuación: si caen todos, cae AMLO. Esta es la prueba de fuego para la discípula, ahora presidenta constitucional de México, Claudia Sheinbaum. Porque al entregar a uno, tendrá que entregar a todos; y al entregar a todos, seguramente en algún momento Estados Unidos solicitará también la extradición de López Obrador. Solo es cuestión de tiempo para que la presidenta decida, o para que el gobierno de Donald Trump, ante sus presiones internas (el caso Epstein, la guerra en el Medio Oriente, sus conflictos con Venezuela y Cuba) decida intervenir para mantener su popularidad, descontrolándole el piso a todos.

Quizás, el resultado final de estos señalamientos y mejor solución posible, parafraseando a un político mexicano que hoy se encuentra en prisión ya como un Preso Político : “Rocha Moya debe de tenerle más miedo ahora a los de Morena que a los gringos. ¿Qué pasa si lo matan aquí en México? Muerto el perro, se acabó la rabia. Y es la única manera que tienen los de aquí de salvarse”, aunque habría que agregarle que esta cacería de brujas recaería sobre varios operadores del Partido en el Poder.

Mientras tanto el reloj está avanzando y la Presidenta puede perder su oportunidad de decidir sobre lo que sucede en política en México a nivel Nacional, o tomar decisiones drásticas y parar el intervencionismo del imperio estadounidense. Es cuestión de días para que veamos de qué está hecha Claudia Sheinbaum Pardo…

CANAL OFICIAL