Por Andrés Timoteo   /  columnista

NESTLÉ, LA EMBESTIDA

Después de la caña de azúcar, el café es el producto que distingue a la agricultura veracruzana. Es más, desde antes de que la gramínea tuviera un auge, el grano aromático ya estaba ligado a la vida de decenas de municipios montañosos de la zona Centro, Sur y Norte de la Entidad. En ellos, la temporada de cosecha reavivaba los cafetales y la economía de miles de familias.

A mediados del siglo pasado el cultivo del café tuvo un apogeo que decayó y ahora apenas unos 90 mil cafeticultores en todo el Estado sobreviven. La mayoría de ellos depende de los apoyos gubernamentales para compensar el desbalance en los precios bajos y los costos de producción.

Hoy mismo en las regiones de Coatepec, Huatusco, Córdoba, Tezonapa, Los Tuxtlas y las zonas altas del Totonacapan, el precio del kilogramo de café ‘cereza’ -el fruto recién cortado de la mata- apenas oscila entre los 5.50 y los 6 pesos. De esa cifra, el productor debe pagarle al cortador, pues a diferencia de otros productos agrícolas el café no puede ser cortado mecánicamente.

El grano debe ser recolectado por la mano del hombre, ya que la planta requiere un trato especial, seleccionar el fruto maduro y despegarlo sin el tallo para no dañarla. Además, ese mismo monto por cada kilogramo se debe cubrir el costo del traslado a los puntos de compra y los insumos que se invirtieron en los cafetales, como fertilizantes y la mano de obra, para mantenerlos en buenas condiciones.

La región Centro de Veracruz es cafetalera por excelencia, ¡vaya! Hasta un municipio lleva el grano en su nombre: Ixhuatlán del Café, que forma parte de uno de los cinturones cafetaleros que va desde Huatusco, Tlaltetela, Comapa, Totutla, Chocamán, Tomatlán, Fortín de las Flores, Córdoba y Tezonapa. En esos lugares, el cultivo del grano ha moldeado la cultura local.

La crisis en precios que ahora tiene ese producto no es porque esté en decadencia, ya que a nivel mundial su consumo está al alza y en la Bolsa de Nueva York alcanza precios récord. La precariedad que registran los productores veracruzanos es porque son maltratados por las empresas transnacionales que monopolizan la compra del grano y porque fueron abandonados por las autoridades en aras de beneficiar a esas grandes compañías.

Por esta razón, al igual que los productores de la zona Centro, el resto de los cafeticultores de la Entidad enfrentarán una nueva embestida si se concreta la edificación de una segunda planta de la empresa suiza en el Puerto de Veracruz, cuya inversión de 124 millones de dólares fue anunciada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien se reunió en Palacio Nacional con ejecutivos de esa compañía.

Tal anuncio pareciera prometedor, pero los cafetaleros veracruzanos ya lanzaron la voz de alerta pues conocen el proceder de la transnacional. Nestlé junto con otras cuatro multinacionales, tiene monopolizado el mercado del café e imponen precios de hambre a los productores. Tanto es su poder que el cafeticultor que no acepte venderles la cosecha se queda sin que nadie se le compre, debido a que todos los puntos de acopio son controlados por esas multinacionales.

GRANO DE MALA CALIDAD

Además, los cafetaleros veracruzanos conocen desde hace más de 30 años la voracidad de Nestlé para obtener ganancias a costa de empobrecer al campo. Desde hace décadas, la compañía suiza instó como política de compra que el grano fuera de la variedad robusta, que es la de menor calidad y, por ende, la que paga más barato. A nivel mundial el grano de variedad arábiga se paga 126 dólares por cada 100 libras, mientras que la robusta oscila en 76 dólares.

Si en México o Veracruz se quiere elevar el nivel de calidad en la producción del aromático se debería reconvertir las fincas a arábiga, pero no ha podido porque esa reconversión en los plantíos la ha bloqueado Nestlé con apoyo del Gobierno, que sólo destina financiamiento a los productores que opten por la variedad robusta. Ahora, con la nueva planta anunciada, se pretende destinar subsidios para 80 mil hectáreas con grano robusta. De esta forma, Nestlé seguirá siendo beneficiada con dinero público contra los intereses de productores nacionales.

Por ese motivo, los cafetaleros locales han calificado a ese proyecto como “la peor plaga para el café en el sexenio que inicia” y han convocado a una movilización de rechazo para el próximo 15 de enero. Exigirán que se realice una consulta pública sobre la instalación de Nestlé, pues más que un proyecto de bonanza es la intención de mantener el sometimiento, la explotación y la miseria sobre la cafeticultura nacional -y en este caso particular, la veracruzana-.

Es divertido escuchar los malabares verbales de los funcionarios gubernamentales para defender lo indefendible, es decir a la transnacional Nestlé, y tratar de convencer a los productores estatales de que acepten al tirano para siga aprovechándose de ellos. El fidelista Ernesto Pérez Astorga de la Secretaría de Desarrollo Económico ni siquiera tiene idea de la cultura del café ni las peripecias de los productores, sólo repite como merolico que todo será beneficio y bonanzas. Lo hace porque jamás en su vida ha recorrido las zonas cafetaleras ni dialogado con los cafeticultores.

Pero el que el más incoherente es el delegado de la Secretaría del Bienestar y exdirigente de Morena, Manuel Huerta Ladrón que ahora pide a los cafeticultores “prudencia” y “aceptación” de la multinacional, cuando antes se decía de “izquierda” y “nacionalista” y llamaba a boicotear a todas las transnacionales especuladoras y saqueadoras. “Ya come con manteca y se olvidó de lo que defendía”, le responden los cafetaleros al delegado convenenciero.

El gobernador García Jiménez debe escuchar a los cafetaleros y aceptar la consulta pública, en lugar de obligarlos a seguir como proveedores baratos para Nestlé.

Esto último también deben mantener la presión para que se haga realidad lo prometido: apoyos al sector sin corrupción ni ‘coyotes’ y estableciendo un precio de garantía que rescate a las 90 mil familias que dependen de ese cultivo, tal como lo anticipó con la creación del Instituto Nacional del Café que, según anunció García Jiménez el pasado 6 de enero, tendrá a Veracruz como sede.