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De la redacción
El Buen Tono

A pesar de la enorme distancia entre el desierto del Sahara y México, cada año se registra la llegada de nubes de polvo provenientes del norte de África, un fenómeno atmosférico que cruza el océano Atlántico y alcanza distintas regiones del país, principalmente en el sureste.

Autoridades como el Servicio Meteorológico Nacional Servicio Meteorológico Nacional, el Centro Nacional de Prevención de Desastres CENAPRED y la Coordinación Nacional de Protección Civil Coordinación Nacional de Protección Civil han informado que este evento no representa un riesgo significativo para la población, aunque sí genera cambios visibles en el ambiente y en las condiciones meteorológicas.

El polvo del Sahara se forma cuando masas de aire extremadamente secas y cargadas de partículas se levantan sobre el norte de África, especialmente durante el verano. Estas corrientes son impulsadas por vientos que transportan el material a través del Atlántico, pasando por el Caribe y Centroamérica hasta llegar al Golfo de México.

La intensidad con la que este polvo impacta el territorio mexicano depende de la fuerza de los vientos y de la concentración de partículas en cada desplazamiento.

Las zonas más afectadas suelen ser la vertiente oriental y el sureste del país, especialmente la Península de Yucatán, donde se registra la mayor entrada de este material. En contraste, el centro del país presenta efectos mínimos debido a la barrera natural que representa la Sierra Madre Oriental.

Entre los efectos más notorios se encuentra la modificación del paisaje atmosférico, con cielos que adquieren tonalidades grisáceas durante el día y atardeceres más intensos y rojizos. También puede influir en la actividad meteorológica, ya que este polvo reduce la formación de nubes y puede disminuir la probabilidad de desarrollo de ciclones tropicales en el Atlántico, de acuerdo con el CENAPRED.

Aunque las concentraciones que llegan a México suelen ser bajas, este fenómeno continúa siendo monitoreado por las autoridades meteorológicas por su impacto en el comportamiento climático de la región.

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