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Postración que jamás habían conocido

Superiberia

 Por: Catón  / columnista

Don Cornígero le comentó, hosco, a su vecino: “Supe que mi mujer se desnudó en el taller de un pintor”. El otro quiso tranquilizarlo: “Seguramente el artista le iba a hacer un retrato”. “No es el caso -negó don Cornígero, mohíno-. El pintor era de coches”… Pepito habló con el novio de su hermana: “Ayer te vi cuando en la sala le tomaste la mano a Dulciflor. Tendrás que darme 20 pesos si no quieres que se lo diga a mi papá”. El muchacho, sonriendo, le dio los 20 pesos. Prosiguió el crío: “También te vi besarla. Eso te costará 100 pesos”. La sonrisa del novio fue ahora algo forzada, pero aún así pagó el dinero. “Y luego -continuó el chiquillo-, te vi acariciarla en forma que no puedo describir aquí por respeto a los lectores. Deberás darme 200 pesos”. Ya sin sonreír el novio le entregó la cantidad. “Abreviemos -dijo entonces Pepito, terminante-. Dame de una vez los mil pesos de lo demás”… Don Travertino le contó a un amigo: “Anoche sorprendí a mi esposa con un juego de ropa íntima sensual: negligé transparente; brassiére negro de encaje de Victoria’s Secret; calzoncito y liguero también negro; medias de malla color rojo…”. “¡Caramba! -exclamó el amigo-. ¡De veras debes haberla sorprendido con semejante ropa!”. Sí -replicó don Travertino-. Nunca me había visto cuando me la pongo”… El cuento que ahora sigue tiene todos los visos de ser apócrifo. Si lo doy a los tórculos es sólo porque casi todo lo que aparece en esta columnejilla es apócrifo. Sucede que un pescador venezolano echó la red en el lago a cuya orilla vivía, y sacó un hermoso pez. “¡Ya tenemos qué comer!” -le dijo alegremente a su esposa-. “De nada sirve el pez -respondió ella con tristeza-. Carecemos  de mantequilla, aceite, pan, verduras, y no podemos comprar vino ni cerveza”. “Es cierto” –admitió el hombre, más pesaroso aún-. Y así diciendo aventó el pescado para volverlo al agua. Cuando iba en el aire el pez gritó feliz: “¡Viva la revolución bolivariana!”. Un dato me hace sospechar que esa historietilla no es veraz: los peces no hablan. En lo demás, empero, la narración es cierta. Efectivamente, los gobiernos populistas de Chávez y Maduro han llevado a ese hermoso País y a sus habitantes a un estado de postración que jamás habían conocido. A eso se suman las graves limitaciones que sufren la libertad y la justicia, y la falta de democracia. Pues bien: a ese régimen autoritario ha dado su aval el partido de López Obrador; tan es así que la embajadora de Venezuela, invitada por Morena a hablar ante sus huestes, proclamó luego en un mensaje la simpatía del partido de AMLO por la revolución bolivariana. Sé bien que López Obrador se encalabrina cuando se le compara con Chávez o Maduro, pero la verdad es que no debería ponerse en el comparadero. En eso de las comparaciones el que sí estuvo acertado fue Luis Videgaray. Parece que el Canciller de México está aprendiendo ya con rapidez su oficio. Cuando alguien lo tachó de incongruente por hablar de los problemas de Venezuela, siendo que México tiene también problemas graves, Videgaray hizo notar la diferencia en el comportamiento de los dos países: mientras México reconoce sus problemas y se abre al escrutinio del mundo, el régimen de Maduro se cierra a la comunidad internacional y niega las dificultades que Venezuela afronta. Muy en su sitio estuvo nuestro Canciller, y muy puesta en razón la respuesta que dio al cuestionamiento que se le hizo. Si en otras ocasiones he señalado con acrimonia y aspereza –sobre todo con acrimonia, que se oye más feo- lo que he considerado errores de Videgaray, ahora le envío un fuerte aplauso, tributado con ambas manos para mayor efecto… FIN.

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