París.- Recuperado el prestigio mundial tras el gran partido disputado contra el Milán en octavos de final de la Champions League, el Barcelona traslada ahora su magia a París, donde desafía el multimillonario proyecto catarí del club de la capital francesa.

Con Tito Vilanova en la expedición, aunque no está claro si también en el banquillo, el conjunto blaugrana afronta el penúltimo escalón antes de las semifinales de la máxima competición europea, su principal objetivo del final de campaña toda vez que la liga doméstica parece asegurada.

Como sucedió en San Siro, el Barça se topará con un equipo forjado a la italiana, a imagen y semejanza de un Carlo Ancelotti que a buen seguro dejará el peso del encuentro en manos de su rival y confiará su suerte al contragolpe.

El entrenador transalpino, que ha llevado hasta la final de la Champions League a todos los equipos que ha clasificado para cuartos, ha sabido dar al PSG su imprenta de equipo correoso, bien armado en defensa y con un duro centro del campo y con un Zlatan Ibrahimovic eficaz en ataque bien respaldado por el brasileño Lucas Moura y el argentino Ezequiel Lavezzi.

El conjunto blaugrana llega convencido de que ha recuperado la buena senda, con un Leo Messi en estado de gracia y con la intención de no dejarse sorprender fuera de su estadio en competición europea por segunda vez consecutiva.

El equipo recupera además el calor directo de Tito Vilanova, y el concurso de Xavi Hernández, recuperado de una dolencia, al igual que el vigor y la velocidad de Jordi Alba. Sin contar con el regreso de Eric Abidal, recuperado del largo proceso del trasplante de hígado.   

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