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Psicosis por la balacera

Superiberia

Córdoba.- Caos y psicosis se vivió la tarde de ayer en la zona de San José, debido a la balacera y persecución que se registró cuando decenas de familias se encontraban disfrutando la tarde en el parque, en los cafés, tiendas de ropa, estéticas y aquellas que acudían a misa.

La tranquilidad de la zona se vio interrumpida ante las detonaciones que se escucharon sobre la calle 10, entre avenidas 7 y 9. Al menos en el corredor comercial inmediato al parque de San José, más de 30 negocios bajaron sus cortinas ante el temor de un nuevo enfrentamiento. Fuentes policiales informaron que la persecución inició desde la colonia San Dimas entre ocupantes de varios vehículos, siendo una Jeep Patriot color gris, un Bora color blanco y dos motocicletas.

Sin embargo, fue a la altura del parque de San José en donde se vivieron momentos de psicosis debido al estruendo de las balas.

En esos momentos, decenas de familias se encontraban en el parque, algunos se tiraron al suelo, mientras que otros corrieron a resguardarse a la iglesia de San José Obrero, niños y mujeres empezaron a gritar desesperadamente.

En tanto, en los negocios, algunos de los clientes que se encontraban en cafés y restaurantes aguardaron dentro de los establecimientos y posteriormente, tras la llegada de los elementos de Seguridad que acordonaron la zona, procedieron a retirarse a sus hogares.

Luego de ello, varios locales procedieron a cerrar sus puertas, sobre todo los ubicados en la calle 10, de la avenida 5 ala 9 bis, así como los que se encuentran sobre la avenida 9, de la calle 8 a la 12. Vecinos del lugar se mostraron alarmados, y tras el aseguramiento de la zona salieron de sus hogares para compartir parte de sus testimonios y se mostraron notablemente nerviosos, ya que nunca habían vivido una situación así.

¿Dónde está mi

esposa y mi hija?

Rogelio viajaba junto con su esposa Minerva y su pequeña hija en moto, habían decidido comprar de “rápido” un globo en el parque de San José, por lo que estacionaron la unidad sobre la calle 10, entre avenidas 7 y 9. Ella decidió esperarlo junto con la pequeña, dado que no se tardaría “nada”.

Mientras Minerva y la niña aguardaban en el sitio y Rogelio escogía el globo, se escucharon las primeras detonaciones que irrumpieron con la tranquilidad de la tarde.

Los gritos de los niños, de las madres y los padres hablándoles a sus hijos, el correr por la desesperación de ponerse a salvo de esos estruendos que se escuchaban fuerte, hicieron que por minutos Rogelio perdiera de vista a sus familiares.

Entre la confusión de lo que había pasado, el ulular de las torretas de las patrullas, la llegada como “hormigas” de elementos de la Policía, se encontraba Rogelio buscando a su esposa y su pequeña hija.

Mientras él preguntaba ¿dónde está mi esposa, dónde está mi hija? uniformados le decían que no podía pasar al lugar que se encontraba acordonado, ya que a mitad de calle había una camioneta gris baleada.

Ubicó que la escena del crimen era cerca de donde había dejado a su familia. Suplicó el ingreso para saber si ellas se encontraban bien, porque no las veía.

Palideció cuando escuchó que había una mujer herida. Preguntaba dónde, mientras la angustia se apoderaba de él al pensar que podría tratarse de Minerva.

Personas que se encontraron a su alrededor le brindaron palabras de aliento para encontrar a su familia, quienes se resguardaron en un local al escuchar las primeras detonaciones.

SE REFUGIAN

EN LA IGLESIA

La iglesia de San José fue el refugió de decenas de personas que corrieron para ponerse a salvo al escuchar los balazos.

La tarde soleada hizo que familias se congregaran en el parque de San José para disfrutar de un rato de distracción, el cual se vio interrumpido por las detonaciones.

Diferentes nombres se escuchaban entre los gritos de hombres y mujeres, quienes corrían para tomar de la mano a sus hijos y dirigirse a la casa de Dios.

Entre el nerviosismo y miedo que generó el hecho, el sacerdote de la iglesia condujo a las personas hasta el área de los nichos para “encerrarse”; mientras algunos niños lloraban, otros rezaban y pedían que pasara pronto ese mal momento.

“Tírense al suelo”, decía el Padre, mientras se escuchaba el murmullo de “se escucha horrible”.

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