Por: Catón  / columnista

Babalucas estaba yogando con mujer casada en el propio lecho de la pecatriz. Repentinamente se escucharon pasos. “¡Mi marido!” –se espantó la señora. “¡Rápido! –le dijo Babalucas-. ¡Métete en el clóset!”… La marciana andaba muy atareada. Su pequeño hijo le pedía con insistencia que le sirviera ya la cena. “¡Espérame! –se impacientó la marciana-. ¡Nada más tengo ocho manos!”…

Otro sobre el mismo tema. Un hombre de la Tierra vio por primera vez a una mujer de Marte y no pudo contener la risa: la marciana tenía las pompas por delante y las bubis por atrás. Tal burla hizo que la alienígena se molestara. Levantó el brazo y dirigiendo la axila hacia el terrícola le dijo en tono amenazante: “Si te sigues riendo te voy a mear”…

Sólo por causa grave, prescribe la ley máxima, puede renunciar un ministro de la Suprema Corte. Tan grave fue el motivo por el que renunció Medina Mora que nunca lo sabremos. De algo podemos estar seguros: lo sucedido redunda en un agrandamiento del poder presidencial y en mengua del sistema de frenos y contrapesos que debe privar en una democracia. Poco a poco –en ocasiones mucho a mucho- AMLO se va fortaleciendo al tiempo que el equilibrio de poderes se va debilitando.

Alguien dirá que después del sexenio de Enrique Peña Nieto, período nefasto, es necesario un Presidente fuerte que cambie corrupción por honestidad, opacidad por transparencia, dispendio por austeridad. Sin embargo, la acumulación de poder en una sola persona entraña grandes riesgos. En el caso de nuestro País la incuestionable fuerza de López Obrador –legítima fuerza- y el enorme capital político que el pueblo le entregó al elegirlo pueden ser lo mismo para bien que para mal. Yo estoy convencido de la buena voluntad del Presidente, de su sincera intención de servir a México y a los mexicanos, especialmente a los más pobres.

Es por eso que el poder no haga nacer en él insanas tentaciones de caudillismo, que a la larga lo llevarían al basurero de la historia. El respeto a la Ley y las instituciones –la Suprema Corte, entre ellas-, la honestidad política y el sentido de lo que se debe a la Nación serán elementos de gran valor para hacer de López Obrador no sólo un gobernante bueno sino también un buen gobernante…

En lo relativo a atributo varonil el joven Meñico Maldotado estaba muy por abajo del promedio general. Ni a sargento segundo llegaba. Contrajo matrimonio, y la noche de bodas se mostró por primera vez al natural ante su mujercita, listo ya para proceder a la consumación del matrimonio. Antes de hacerlo tranquilizó a su esposa: “Disipa tu inquietud, amada mía. Seré muy delicado”. “Ninguna inquietud abrigo –respondió la novia-. Con eso que tienes no creo que puedas ser indelicado”…

El penitente le dijo en el confesionario al padre Arsilio: “Acúsome, padre, de que tengo dos esposas: una en Tijuana y otra en Mérida”. “Pero, hijo –se consternó el buen sacerdote-. ¿Cómo puedes hacer eso?” Respondió muy serio el tipo: “Padre: hay aviones”… Cuando el galán llevó a su dulcinea a su casa brillaba ya el Sol. El papá de la chica enfrentó, furioso, al mozalbete: “¿Por qué trae usted a mi hija a estas horas? ¡Son las 7 de la mañana!”. Contestó el boquirrubio: “Es que entro a trabajar a las 8”…

El marido le informó a su mujer: “Anoche te aposté en el póquer y perdí. Deudas de juego son deudas de honor: tendrás que irte con el hombre que me ganó la partida”. “¡Qué barbaridad! –profirió la mujer-. ¿No pensaste, infame, en mi honor y mi virtud? ¡Apostarme así, igual que si fuera un vil objeto! ¿Cómo pudiste caer en semejante atrevimiento?”. “Ningún atrevimiento –opuso el jugador-. Tenía tercia de reyes”… FIN.