


AGENCIA
CDMX.- La llamada “austeridad republicana”, bandera política de la Cuarta Transformación, volvió a quedar en entredicho. Ayer, en la plenaria de Morena en la Cámara de Diputados, la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, dedicó buena parte de su discurso a cuestionar los lujos y excesos cometidos por algunos legisladores guindas, quienes, en teoría, deberían ser ejemplo de la política de sobriedad que pregonan.
“El principio de austeridad no es un eslogan, es la base de la justicia social y un compromiso con el pueblo”, recalcó Rodríguez, flanqueada por figuras señaladas precisamente por incumplir esa premisa: Arturo Ávila, Pedro Haces, Ricardo Monreal y Sergio Gutiérrez Luna.
El mensaje, claro y directo, contrastó con la actitud de los presentes, quienes lo recibieron con gestos serios y apenas algunos aplausos aislados. No hubo autocrítica ni pronunciamientos inmediatos. Como muestra del desdén, al término del discurso, Pedro Haces –acusado de poseer un rancho con lujos desmedidos en el Ajusco y de realizar viajes frecuentes a destinos europeos y estadounidenses– se limitó a felicitar a la funcionaria con un apretón de manos.
La escena retrató la doble moral que impera en un sector del oficialismo: mientras en público se condena el despilfarro y los privilegios, en privado se reproducen los mismos vicios que durante años se criticaron a los gobiernos anteriores. Con mansiones, viajes y fiestas, algunos legisladores parecen haberse olvidado del origen popular de su movimiento y del compromiso con quienes los llevaron al poder.
La austeridad, más que un discurso, es una práctica que debería empezar por casa. Sin embargo, cada vez más voces dentro y fuera de Morena cuestionan si sus líderes están dispuestos a predicar con el ejemplo o si, como muchos temen, la promesa de vivir sin lujos terminó siendo otro recurso retórico para mantener el respaldo ciudadano.
¡Rosa Icela y Monreal pidiéndole austeridad a diputados de Morena! Como si el motivo de pelear por un curul no hubiera sido robar. Exigirles eso, es como pedirle a un niño que no recoja dulces de una piñata.
Sólo llegó, les dijo: “Eh, ustedes tres vengan acá y siéntense, me hacen el favor de ajustarse a la austeridad, entendido”, se paró y se fue, así de concreto.
¡Puro millonario! Bonita familia socialista a costa del pueblo que come frijoles con gorgojo.

