

De la redacción
El Buen Tono
Fortín.- A tres meses de iniciada su administración, el alcalde de Fortín, Alfonso Efraín “Piccolo” Marín Delfín, enfrenta un problema estructural que no solo no ha resuelto, sino que se ha agravado: el ambulantaje descontrolado. Y ahora, la invasión ha llegado al corazón simbólico del municipio: el parque de Fortín, un espacio público que los ciudadanos veían como el último reducto de orden en medio del caos que ya se vive en el tianguis y el bulevar.
Ciudadanos señalan que la situación en el parque central es el reflejo de lo que ocurre en todo el municipio: vendedores ambulantes colocan sus puestos fuera del perímetro permitido, obstruyendo el paso peatonal, generando basura y afectando la convivencia familiar. Lo que debía ser un espacio de recreación se ha convertido en una extensión del desorden que “Piccolo” prometió combatir en campaña y que, hasta ahora, solo ha crecido bajo su permisiva mirada.
El conflicto por el incremento desmedido de vendedores ambulantes en Fortín no es un problema reciente, sino una herencia directa de la administración de Gerardo Rosales Victoria.
Durante su gestión, Rosales —quien permitió y fomentó el crecimiento irregular del ambulantaje a cambio de compromisos con mafias provenientes del estado de Puebla— generó un desorden que hoy afecta a comerciantes establecidos y a la ciudadanía en general. Bajo su mandato toleró la ocupación ilegal en el tianguis y bulevar. Hoy, la movilidad, seguridad y orden urbano están afectados.
