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La solicitud de desalojo reabre el debate sobre años de señalamientos por abuso, opacidad y uso privado de un patrimonio de los cordobeses.

Córdoba, Ver.- La posible recuperación de la Casa de la Cultura y del Museo de Córdoba por parte del Gobierno del Estado reabre una vieja discusión sobre el destino de uno de los inmuebles históricos más importantes de la ciudad, durante años vinculado a polémicas, señalamientos y a un modelo de administración que convirtió un espacio público en patrimonio de depredadores.

La supervisora del INAH, Irma Becerril Martínez, confirmó que Patrimonio del Estado recibió una solicitud relacionada con el desalojo tanto de la Casa de la Cultura como del Museo de Córdoba.

El anuncio también revivió el debate sobre el manejo que durante décadas tuvo la Casa de la Cultura “Jorge Cuesta”, recinto que permaneció bajo la influencia de Raúl Tovar Hernández y su círculo cercano que empañaron la vocación cultural para la que fue creado.
Durante tres décadas, la Casa de la Cultura “Jorge Cuesta” fue señalada no sólo por el abandono institucional, sino por denuncias graves: abuso sexual, corrupción, uso privado de un recinto público y una estructura hecha a modo para no rendir cuentas. Testimonios recopilados a lo largo de los años hablaban de menores de edad, dinero de por medio y de un inmueble cultural convertido en una zona de impunidad donde las denuncias rara vez encontraron respuesta institucional.
La muerte de Raúl Tovar Hernández cerró un capítulo, pero no resolvió el problema de fondo. Los señalamientos, las dudas sobre el manejo del recinto y las exigencias de quienes durante años pidieron una investigación profunda siguen vigentes. Para muchos cordobeses, la eventual recuperación del inmueble por parte del Estado representa una oportunidad para romper definitivamente con una etapa marcada por la polémica y devolver a la Casa de la Cultura el sentido público para el que fue creada.
La eventual intervención de Patrimonio del Estado podría significar el fin de un esquema que se prolongó a través de distintas administraciones municipales y que permitió que un inmueble concebido para la promoción de la cultura terminara asociado a conflictos, acusaciones y cuestionamientos que nunca fueron esclarecidos plenamente.

Becerril Martínez insistió en que la prioridad debe ser preservar el uso cultural de ambos edificios, al tiempo que alertó sobre el deterioro que presentan otros espacios históricos de la ciudad, como el Museo del Café y Los Portales, que desde hace años carecen del mantenimiento necesario para su conservación.
Mientras Patrimonio del Estado analiza la solicitud, la discusión sobre el futuro de la Casa de la Cultura también pone sobre la mesa una exigencia ciudadana: recuperar para Córdoba un espacio que durante demasiado tiempo estuvo rodeado de controversias y devolverlo a su verdadera razón de existir, la promoción de la cultura, la historia y la educación.

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