Especialistas advierten que cada vez más jóvenes y adultos responden a los conflictos con agresiones en lugar de diálogo; la educación emocional sigue siendo una asignatura pendiente.
Mía Alducin
Córdoba.- Los recientes hechos de violencia registrados en planteles educativos, como la pelea entre estudiantes del CETIS 164 de Cuitláhuac que derivó incluso en una confrontación física entre padres de familia, reflejan una problemática cada vez más preocupante: la incapacidad para manejar las emociones de manera adecuada.
Especialistas en psicología señalaron que estos casos van más allá del impacto que generan los videos en redes sociales, pues son una muestra de las dificultades que enfrentan niños, adolescentes y adultos para resolver conflictos sin recurrir a la agresión.
“Más allá del morbo, estos hechos son un reflejo de lo que estamos viviendo. Cada vez es más complicado manejar las emociones y preocupa que para muchas personas la violencia se convierta en la primera respuesta ante un problema”, señalaron.
Indicaron que las escuelas enfrentan un reto importante en materia de educación emocional, aunque advirtieron que la responsabilidad no puede recaer únicamente en los docentes o en las instituciones educativas.
Explicaron que la formación emocional debe comenzar en el hogar y fortalecerse con el apoyo de la comunidad, ya que los jóvenes aprenden principalmente a través del ejemplo que observan en los adultos.
Los especialistas consideraron que la creciente presencia de agresiones, discusiones y actos violentos en distintos ámbitos demuestra que la salud emocional se ha convertido en un tema que requiere mayor atención por parte de la sociedad.
Advirtieron que cuando los padres reaccionan con violencia ante los conflictos, envían un mensaje contradictorio a sus hijos sobre la manera de resolver diferencias, perpetuando conductas que terminan reproduciéndose dentro y fuera de las aulas.
Por ello, insistieron en la necesidad de fortalecer programas de educación emocional, fomentar el diálogo y promover herramientas que permitan controlar impulsos, frustraciones y enojos antes de que se conviertan en actos de violencia.
“La violencia no es una forma válida de resolver los problemas. Los adultos deben ser los primeros en aprender a contener sus emociones porque los jóvenes observan mucho más lo que hacemos que lo que les decimos”, concluyeron.
Especialistas coincidieron en que sólo con la participación conjunta de familias, escuelas y sociedad será posible construir entornos más seguros y reducir los episodios de violencia que cada vez se vuelven más frecuentes entre los jóvenes.
