CÓRDOBA, VER.— El Teatro Pedro Díaz se convirtió la noche de este sábado en un punto de encuentro entre la historia, la música y las emociones, cuando los acordes de Antonio Vivaldi comenzaron a llenar uno de los recintos más emblemáticos de Córdoba.
Con el teatro lleno, la Orquesta Pro Arte presentó Las cuatro estaciones, una de las obras más reconocidas de la música universal, en una velada que llevó al público por la primavera, el verano, el otoño y el invierno, a través de sonidos que evocan el canto de las aves, las tormentas, las cosechas, el frío y el viento.
Para Vittorio Antonio Guevara Seconet, músico contrabajista y responsable de la Orquesta Pro Arte, regresar a Córdoba tuvo un significado especial. Después de varios años sin presentarse en la ciudad por cuestiones económicas, el respaldo de los propios ciudadanos permitió que la agrupación volviera a encontrarse con el público cordobés.
Y la noche tuvo, además, un ingrediente latinoamericano: junto con Vivaldi, los músicos interpretaron Las cuatro estaciones porteñas, de Astor Piazzolla, una obra que cambia los paisajes naturales del compositor italiano por el ritmo, la energía y la vida cotidiana de Buenos Aires.
Dos épocas, dos ciudades y dos maneras de entender las estaciones se encontraron sobre el mismo escenario.
La velada también contó con la participación del violinista mexicano José Alejandro Castillo Velázquez, originario de Cuauhtémoc, Chihuahua, quien ha formado parte de importantes agrupaciones orquestales y actualmente integra la Orquesta Filarmónica del Estado de Chihuahua. Su presencia como solista invitado aportó otro momento especial a la presentación.
Pero detrás de las partituras, los instrumentos y la precisión que exige una orquesta, también hubo nervios. Guevara Seconet reconoció que llegar a una noche como esta implica una enorme responsabilidad, especialmente cuando el recinto se encuentra lleno y el esfuerzo de meses de organización finalmente queda frente al público.
Más allá del concierto, la apuesta de los músicos tiene un propósito que va más allá del escenario: acercar la música clásica a las nuevas generaciones.
“Se les hace aburrida porque a lo mejor no la entienden”, explicó el músico, quien recordó que las composiciones clásicas están presentes incluso en series, películas y espectáculos que forman parte de la vida cotidiana.
Para él, descubrirla puede ser también una manera de descubrir las propias emociones, pues la música puede provocar tristeza, alegría, enojo, amor o simplemente abrir un espacio para sentir.
Así, durante unas horas, el Teatro Pedro Díaz dejó de ser solamente un edificio histórico para convertirse en una máquina del tiempo: desde la Venecia de Vivaldi hasta la Buenos Aires de Piazzolla, pasando por las emociones de músicos mexicanos que encontraron en Córdoba un público dispuesto a escuchar.
Y quizá ahí radica el verdadero valor cultural de la noche: demostrar que la música escrita hace siglos todavía puede hablarles a quienes la escuchan por primera vez.
La Orquesta Pro Arte ya contempla nuevos proyectos para lo que resta del año. Entre ellos, un concierto sinfónico dedicado a Juan Gabriel, con cantante y posiblemente mariachi, que buscaría llevar nuevamente la música de concierto a un escenario de mayor capacidad.
