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Veracruz, Ver.- Pese a que la Secretaría de Marina (SEMAR) prohibió que embarcaciones turísticas y privadas salgan al mar con fines recreativos debido a la contingencia sanitaria de COVID-19, yates de particulares actualmente recorren al Parque Nacional Sistema Arrecifal Veracruzano y hasta se anclan en la Isla de Sacrificio e Isla Verde, infringiendo leyes en materia ambiental.

Desde el pasado 29 de marzo, la SEMAR difundió un oficio dirigido a las Capitanías de Puerto del país en el que ordena negar, hasta nuevo aviso, “los despachos y salidas a las embarcaciones dedicadas a la prestación de servicios de turismo náutico a terceros, con embarcaciones menores de recreo, deportivas mexicanas y extranjeras”.

De acuerdo a la Secretaría, la medida que busca combatir la propagación del virus sólo no aplica para la navegación de cabotaje de las embarcaciones dedicadas al traslado de personas y suministros.

Sin embargo, mientras aquellos que dependen de actividades turísticas para mantener a sus familias respetan la disposición por temor a ser sancionados, personas con alto poder adquisitivo infringen las indicaciones.

“Nosotros respetamos lo que nos marca en oficio de no salir ni llevar turistas; sólo salimos a pescar pero no puede ser que los ricos, con consentimiento de la Marina, salgan y renten sus yates y no les digan nada”, dice Chely, una prestadora de servicios que lleva meses sin poder trabajar.

Pescadores y operadores turísticos han atestiguado diariamente cómo embarcaciones salen desde el club de yates “Marina Veramar”, en la ciudad de Veracruz y otras zonas de alta plusvalía.

Los yates son rentados hasta por 4 mil pesos la hora —por un mínimo de 4 horas— para salir a altamar a tomar el sol, bucear y desembarcar en las islas, en plena temporada de anidación de tortugas.

Los prestadores de recorridos turísticos llevan casi 4 meses sin salir a trabajar por temor a multas pero los propietarios de estos yates navegan sin ninguna restricción y haciendo negocio.

Desde las 10 de la mañana y hasta las 5 de la tarde, el flujo de embarcaciones privadas es visible desde tierra. Aun así, no hay vigilancia por parte de la Secretaría de Marina, ni de la Comisión Nacional de Áreas Protegidas (CONANP).

Biólogos del Acuario de Veracruz también han documentado por redes sociales el impacto que han causado los yates privados en las islas, dañando las zonas marcadas por desove y afectando el arribo de tortugas.

“Las huellas en la Isla de Sacrificios de los que no quieren acatar el reglamento. Por favor, no desembarquen en zonas prohibidas”, han publicado en Facebook, compartiendo imágenes como prueba.

Hoy en día, ejemplares de tortuga marina, con estatus de vulnerabilidad, llegan a esta zona y la presencia de humanos las pone en peligro.

Asimismo, azotados por la contingencia sanitaria, lancheros y pescadores han optado por empeñar sus herramientas debido al mantenimiento constaste que requieren sus lanchas, problema que los ricos están lejos de conocer.

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