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De la redacción
El Buen Tono

La rápida expansión de medicamentos como Ozempic y Wegovy en México, basados en semaglutida y pertenecientes al grupo de los agonistas del receptor GLP-1, avanza más rápido que la regulación sanitaria y está generando un nuevo frente de riesgo por automedicación, compras irregulares, uso con fines estéticos y circulación de productos de origen incierto.

Aunque estos fármacos han revolucionado el tratamiento de la diabetes tipo 2 y pueden apoyar la reducción de peso en pacientes seleccionados, especialistas advierten que su uso oficial sigue limitado a casos específicos y siempre bajo supervisión médica.

Alejandra Solís Alarcón, médica especialista en nutrición clínica, explicó que el problema principal es el consumo indiscriminado. Señaló que muchas personas los adquieren sin receta y sin seguimiento profesional, lo que incrementa las complicaciones.

Indicó que estos medicamentos no son una solución rápida ni mágica para bajar de peso. Además, al suspenderlos, es común recuperar el peso perdido e incluso duplicarlo si no se modifican los hábitos alimenticios y el estilo de vida.

El uso incorrecto puede provocar náuseas persistentes, vómitos, dolor abdominal, deshidratación, cefaleas, pancreatitis y afectaciones renales, sobre todo cuando se combinan con dietas inadecuadas o dosis equivocadas.

A esto se suma la presencia de productos sin trazabilidad sanitaria. La especialista alertó sobre la venta de versiones pirata o de procedencia desconocida, algunas distribuidas incluso en jeringas sin etiquetado, lo que impide saber qué sustancia se está inyectando el paciente.

La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) ya había emitido una alerta por la comercialización ilegal de Ozempic en internet, redes sociales y aplicaciones web. El organismo recordó que este medicamento requiere receta médica y que su autorización en México es únicamente para adultos con diabetes tipo 2 bajo criterios específicos.

A nivel internacional, el cirujano metabólico Omar Ghanem, de Mayo Clinic, subrayó que la obesidad es una enfermedad multifactorial y que no existe un tratamiento único para todos los pacientes. Señaló que, aunque los estudios clínicos reportan pérdidas de peso cercanas al 20 por ciento, en la práctica cotidiana la reducción suele rondar el 10 por ciento.

También destacó que estos fármacos deben usarse de manera continua para mantener resultados y que algunos pacientes presentan efectos adversos como reflujo, pérdida de masa muscular y desnutrición. Fue enfático en rechazar su uso con fines estéticos o cosméticos.

En paralelo, el fenómeno ha tenido un fuerte impacto económico. Ambos medicamentos, desarrollados por Novo Nordisk, generaron ventas globales por alrededor de 26 mil 600 millones de dólares en 2024, impulsadas por la creciente demanda para tratar diabetes y obesidad.

Especialistas coincidieron en que México enfrenta el reto de fortalecer la regulación, evitar el mercado irregular y garantizar que estos tratamientos se utilicen únicamente bajo indicación médica, priorizando la seguridad de los pacientes sobre las tendencias comerciales.

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