De la Redacción
El Buen Tono
Orizaba.- Mientras el ayuntamiento mantiene en la nómina municipal a Alfredo Álvarez Valenzuela con un sueldo neto mensual de 55 mil 63.91 pesos, pese a que públicamente han insistido en que sólo funge como “asesor”, la violencia volvió a exhibir este 18 de mayo las debilidades del modelo de seguridad que presume el gobierno de Hugo Chahín Kuri, luego de que un comando armado ejecutó a un hombre e hirieron gravemente a una mujer a plena luz del día en la colonia Agrícola Librado Rivera.
El ataque ocurrió minutos antes de las 14:00 horas sobre la calle Cauvilla, entre calles 2 y 3, donde sujetos armados interceptaron un auto gris y dispararon en repetidas ocasiones contra sus ocupantes. El conductor murió dentro de la unidad y una mujer fue trasladada de emergencia al Hospital Regional de Orizaba.
La escena volvió a derrumbar el discurso oficial de “ciudad segura” que durante años ha impulsado el ayuntamiento, una narrativa sostenida en la promoción de videovigilancia, presencia policiaca y control urbano que, en los hechos, se desmorona frente al aumento de ataques violentos y asaltos sin detenidos.
Y es que, pese a que el gobierno municipal presume más de 250 cámaras de videovigilancia distribuidas en distintos puntos de la ciudad, los delincuentes continúan operando y escapando con absoluta impunidad. Ni las cámaras, ni el despliegue policiaco posterior, ni la estructura de seguridad municipal evitaron que los agresores huyeran sin ser capturados.
La contradicción resulta todavía más incómoda cuando desde el ayuntamiento han intentado minimizar el papel de Alfredo Álvarez Valenzuela, asegurando que no encabeza la coordinación de Seguridad Pública, aunque en la práctica aparece dentro de la nómina municipal con uno de los salarios más altos del área.
Mientras las autoridades juegan con cargos y discursos administrativos, los hechos violentos continúan acumulándose.
Apenas el pasado 7 de mayo una mujer fue víctima de un asalto con violencia dentro de una sucursal bancaria en Orizaba; tampoco hubo personas detenidas.
Los casos comienzan a erosionar la imagen de control absoluto que el ayuntamiento ha tratado de sostener durante años.
Porque mientras el gobierno insiste en presumir una ciudad blindada y vigilada, la realidad en las calles refleja otra cosa: ejecuciones, asaltos violentos y criminales escapando frente a un sistema de seguridad que consume recursos públicos millonarios sin resultados visibles para la ciudadanía.
