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DE LA REDACCIÓN 

El Buen Tono 

CÓRDOBA.- Las macetas que Leticia López Landero presumió como su gran obra de embellecimiento urbano se esfumaron por completo. No hay rastro de ellas.

Según se dijo en su momento, las sacaron de una bodega municipal, pero jamás se explicó cuántas se compraron, cuánto dinero del pueblo se gastaron ni qué demonios pasó con ellas. A la fecha ni ella misma sabe que paso con esas macetas.

Así como Tomas Ríos puso sus “chorritos” a un costado de sus negocios, Leticia López hizo exactamente lo mismo: utilizó recursos públicos para una simulación de embellecimiento que solo sirvió para presumir y luego se desvaneció sin rendir cuentas.

Este escándalo de las macetas fantasma no es un detalle. Es la prueba más clara del caos, la opacidad y el mal manejo que marcaron toda su administración. Mientras presumían floreros en las calles, el ORFIS documentó un daño patrimonial superior a los 107 millones de pesos en la Cuenta Pública 2021, con decenas de observaciones más acumuladas durante su gobierno.

Y para rematar, al final de su gestión se aprobaron los polémicos “bonos de marcha”: más de 1.5 millones de pesos para Leticia López y un total superior a 6.7 millones de pesos para el Cabildo. Todo con cargo al erario público.

Lo más grave es que ni Juan Martínez Flores la denunció ni levantó la voz. Nada. Porque, como ya se había pactado desde campaña, se brindaron protección y beneficios mutuos.

Hoy las calles de Córdoba están más vacías que nunca. Las macetas se fueron. 

Las dudas, la indignación y las cuentas pendientes se quedaron.

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