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La hora del llanto/ El Cristalazo

Superiberia

“So pretexto de un gobierno dividido, padecemos un gobierno detenido. No supieron, y a veces no quisieron gobernar. Fueron alternancia sin alternativa y el saldo  es la decepción”.

Reconocido como un especialista en derecho (obtuvo su doctorado hace apenas un par de meses), César Camacho, actual presidente del PRI, tiene entre sus habilidades la capacidad negociadora y la claridad política. Nadie duda ni de sus convicciones ni de su posición.

Por eso su discurso de toma de posesión —en el cual analizó el significado del PRI en la historia de México y puso como fecha inaugural del siglo XXI su regreso al poder— no debería sorprender a nadie. Excepto a quienes no lo entendieron, como evidentemente no lo hizo la secretaria  general del Partido Acción Nacional, la señora Cecilia Romero, cuya comprensión de las cosas no siempre es del todo acertada.

“…Las muchas visiones de México —analizó Camacho— y el creciente número de participantes en la escena política, preludiaron un hito de nuestra historia reciente: la alternancia en la Presidencia de la República. No obstante, cortos de miras, los beneficiarios del cambio  supusieron que su sola llegada a Los Pinos  resolvería por ensalmo los problemas.

“La banalización del gobierno primero, y la intransigencia después, crearon una administración más grande y costosa, que no ofreció más ni mejores resultados. Las condiciones de vida se deterioraron lastimosamente, nos robaron la tranquilidad, la política entró en desuso y nuestro prestigio internacional vino a menos.

“So pretexto de un gobierno dividido, padecemos un gobierno detenido. No supieron, y a veces no quisieron gobernar. Fueron alternancia sin alternativa y el saldo es la decepción. Si en ese océano de improvisaciones el país no naufragó, fue por la madurez de la sociedad civil y la solidez de las instituciones.”

Ese diagnóstico, obviamente desde la óptica de un partido de regreso al poder, es preciso en los términos de la evidencia electoral. Si las cosas no fueran así, el Partido Acción Nacional no se habría desplomado al fondo de la tabla. Pero si el pasado lo mandó al tercer sitio, una forma de ver las cosas, como lo hace Cecilia Romero, le tiene garantizado el cuarto puesto. Si las cosas siguen así.

La señora Romero ha dicho que este discurso; va en contra del Pacto, como si un enunciado de similitudes diluyera para siempre las diferencias y, más aún, suprimiera o prohibiera la capacidad de la crítica y la opinión. Lea usted:

“Cecilia Romero, secretaria general del PAN, manifestó su extrañeza con el discurso crítico de los 12 años de gobiernos panistas que pronunció César Camacho al tomar posesión como líder nacional del PRI, pues, dijo, no va a tono con el ambiente aparejado a la suscripción del Pacto por México…”

“Nosotros estamos en una actitud de un partido que se siente orgulloso, sobre todo de los 12 años de gobierno panista en la Presidencia de la República y que sabemos perfectamente del trabajo que se hizo y los logros que se tuvieron están siendo reconocidos; entonces, la verdad como que no va de acuerdo esta expresión y este discurso con el esfuerzo que como partidos institucionalmente ha venido haciendo tanto el PRI, el PAN y el PRD en el Pacto por México”, replicó la dirigente panista.

“Con el discurso que pronunció Camacho, afirmó Romero, se alteró el ambiente positivo que se generó en torno a la suscripción del Pacto por México”.

En este sentido, vale mucho la pena analizar cuál es la finalidad de un pacto sobre temas específicos. Es una mirada hacia adelante. Pero el futuro hace cualquier cosa menos borrar el pasado.

La señora Romero tiene todo el derecho de estar orgullosa como dice de los doce años de gobiernos panistas. Hay quien puede estar orgulloso hasta de sus errores, pero eso no significa nada más allá de su personal opinión.

Yo no sé si la señora pueda estar orgullosa de su paso por el Instituto Nacional de Migración, por ejemplo, de donde fue removida dado lo estéril de su trabajo y la forma como se documentó hasta el cansancio la podredumbre de sus operaciones y la negligencia para corregir el pantano de la complicidad del INM con los tratantes de personas y otros delincuentes y explotadores de migrantes.

El peor de los casos ocurridos durante su administración en el área migratoria nacional fueron los secuestros de cubanos en Cancún y la matanza de los migrantes en San Fernando, Tamaulipas.

Y ese es sólo un ejemplo de los motivos de su orgullo. Allá ella.

PEÑA

Torbellino, huracán, tsunami, vendaval, torrente, tornado, de todo le han dicho a este arranque de gobierno en el cual se advierte una imperiosa necesidad de actuar, de presentar asuntos casi terminados, de promover leyes, cambios, transformaciones. El gobierno tiene prisa, pero no para actuar de manera apresurada, sino tácticamente veloz.

MÁRQUEZ

El boxeador milagroso, el hombre del golpe de oro, el vengador de los mexicanos masacrados por Pacquiao, metió un derechazo a la boca de los twitteros, y además de boxear primero con un logotipo del PRI en los calzoncillos y dedicarle, después, su pelea inmortal al presidente Peña, pidió audiencia en Los Pinos para cumplir con el viejo ritual de entregarle sus guantes al Ejecutivo. Como antes.

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