Soplan vientos de cambio en el curso de una Semana Santa hecha de histriónicos gestos papales. Son aires de renovación que, sin embargo, trascienden al Vaticano y corren por encima de dogmas religiosos.

Por supuesto que conmueven las imágenes del jerarca de la Iglesia católica cuando besa los pies de unos jóvenes encarcelados. Y sus palabras nos obligan a reflexionar si en esas innovaciones de las formas también hay fondo.

Con la misma fuerza de la novedad, otro centro de poder, la Corte Suprema de Estados Unidos, acaparó en estos días la atención mundial y abrió la rendija a un cisma paradigmático en el reconocimiento de las libertades civiles, el respeto a los derechos humanos y la lucha contra la discriminación.

Porque el iniciado debate en Washington entre sus nueve jueces sobre la inconstitucionalidad de las leyes que limitan el matrimonio a un hombre con una mujer, abre puertas, ventanas y clósets más allá de la Unión Americana.

Y así como, independientemente del credo, asumimos que la llegada del argentino al Vaticano tiene consecuencias en las relaciones de los gobiernos de la región con la Iglesia y que no escaparemos a los efectos mediáticos de sus visitas a Latinoamérica, también advertimos que nos alcanzará el impacto del debate en la Corte de EU, cuyas repercusiones en la agenda de las libertades democráticas serán globales.

Porque, nos guste o no, la hegemonía del vecino país es un hecho que cotidianamente atestiguamos en el consumo televisivo, musical, cinematográfico y en el espectáculo de la comunicación.

De modo que al margen del veredicto que a mediados del año se tome en Washington en torno a la solicitud de derogación de la Ley Federal de Defensa del Matrimonio (DOMA), lo sucedido este martes y miércoles en la Corte estadunidense ya marcó una tendencia a favor no sólo de las bodas gay, sino de los derechos que la conyugalidad entraña.

Y es que esa ha sido la queja que desató la movilización de la comunidad gay con el liderazgo de Edie Windsor, una viuda homosexual de 83 años que se inconformó ante los jueces porque a la muerte de su esposa tuvo que pagar 363 mil dólares en derechos de sucesión. De haber sido hombre, las políticas fiscales de la DOMA la habrían beneficiado.

La discriminación tiene que ver con prestaciones diversas y con la adopción. La demanda de igualdad de derechos no es nueva. Lo inédito es el pronunciamiento de las figuras políticas. Ejemplos: la ex secretaria de Estado Hillary Clinton, el vicepresidente Joe Biden y el gobernador neoyorquino Andrew Cuomo, quienes se han sumado a la definición de que el matrimonio entre personas del mismo sexo forma parte de los derechos ciudadanos.

El giro alcanzó a los republicanos, que, en voz de su presidente,Reince Priebus, aseguraron que no le darán la espalda a los afiliados que avalen la causa gay, como el senador Rob Portman, motivado por un acto de amor filial, al enterarse de la orientación sexual de su hijo universitario.

Como alguna vez tendrá que suceder con el PAN en México, los conservadores estadunidenses rectifican ante el riesgo de seguir siendo derrotados en las urnas, en una sociedad donde el reconocimiento al derecho de los matrimonios gay casi se duplicó en un año, hasta representar a 58% de los estadounidenses que, en igual porcentaje, afirma convivir afectivamente con un amigo o un familiar homosexual.

A la ola del cambio se han subido las estrellas de Hollywood: Anne Hathaway, Natalie Portman, Jennifer Aniston, Brad Pitt,George Clooney, Sean Penn, Steven Spielberg…

Se trata de un momento de quiebre en el que se condensan décadas de reivindicaciones de una población a la que se le siguen regateando sus derechos en todo el planeta.

En México, con honrosas excepciones, como Marcelo Ebrard, que empujó las uniones entre personas del mismo sexo en el DF, y la Suprema Corte, que —a propuesta de los ministros Arturo Zaldívar, Jorge Mario Pardo y Ramón Cossío— declaró a finales de 2012 la inconstitucionalidad de la ley de Oaxaca que prohibía el matrimonio gay, nuestros gobernantes, legisladores y políticos prefieren darle la vuelta al derecho de la diversidad sexual.

A pesar de que se incorporó hace diez años en la Constitución, esta garantía se sigue violando. Ricardo Bucio, titular del Consejo Nacional para prevenir la Discriminación (Conapred), ha señalado que los mayores actos contra la dignidad en el trabajo, la escuela y los hospitales, se dan hacia las personas homosexuales y con discapacidad.

Y las encuestas revelan que 50% de los mexicanos que se asumen lesbianas, homosexuales o bisexuales sufren discriminación, rechazo, críticas y burlas.

Frente a esta realidad, el respaldo de la clase política y de la farándula estadunidenses resulta alentador en un momento en el que el conservadurismo asoma sus narices en diversas latitudes, incluyendo a México, donde la homofobia ha sido descarnada. Cómo olvidar al arzobispo Juan Sandoval Íñiguez cuando en una misa preguntó: “¿A ustedes les gustaría que los adoptara una pareja de maricones?”.

Bienvenidos el aliento del papa Francisco de que nunca perdamos la esperanza y los vientos de cambio del vecino del norte en un México en el que todavía son muy esporádicas y timoratas las expresiones de defensa a nuestros amigos, compañeros, hermanos y familiares que abierta o clandestinamente viven su homosexualidad.