De la Redacción
El Buen Tono
ORIZABA.- Por voluntad expresa del alcalde Hugo Chahín, y contra cualquier lectura de sentido común, Ignacio César Paz Casillas continuará al frente de la Dirección de Policía Vial. La decisión, calificada en corrillos oficiales como imposición, parece más bien un acto de obediencia a los intereses de la iniciativa privada que controla la agenda local, antes que una respuesta a la creciente demanda ciudadana de depuración en los cuerpos de seguridad.
El anuncio, que en cualquier administración con mínimos estándares de rendición de cuentas habría derivado en una remoción inmediata, se consumó sin mayor explicación. César Paz Casillas arrastra un historial de quejas, señalamientos de prepotencia y operativos cuestionables, pero el presidente municipal optó por el inmovilismo, ignorando que la permanencia del funcionario envía un mensaje peligroso: en Orizaba, la corrupción no castiga y “berrinches” de mando tienen más peso que la ley.
En tanto, la administración municipal premia al mando por encima de la eficiencia, y se protege a quien debería ser investigado por los actos de corrupción que los ciudadanos han manifestado en reiteradas ocasiones, mientras que la decisión de Hugo Chahín solo alimenta la percepción de que existen pactos oscuros que blindan a ciertos funcionarios.
Ahora la Policía Vial, encargada de velar por el orden y la legalidad, sigue quedando en manos de un jefe con reputación manchada.
El mensaje es claro, ni la presión social ni los antecedentes negativos mueven al presidente municipal Hugo Chahín, ¿qué tendría que ocurrir para que en Orizaba se tome en serio la depuración de sus cuerpos policiacos? Por ahora, la respuesta es el silencio oficial y la continuidad de un mando que, por sus actos de corrupción, debería haber sido relevado.
