De la redacción
El Buen Tono
El cohete H3, considerado el principal vehículo del programa espacial japonés, realizó un despegue exitoso este viernes llevando a bordo seis pequeños satélites, en una misión transmitida en directo por la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA).
El lanzamiento llega después de un intento fallido en diciembre, cuando el mismo cohete no logró colocar en órbita un satélite de geolocalización debido a una falla en el motor. En esta ocasión, las autoridades confirmaron que la operación se desarrolló con normalidad desde los primeros minutos del vuelo.
Durante la transmisión, JAXA informó que la combustión de la segunda etapa, el control de la nave y la trayectoria se mantuvieron estables, lo que permitió el correcto desarrollo de la misión tras el despegue.
Entre los satélites transportados se encuentra “Umitsubame”, desarrollado por la Universidad de Ciencias de Tokio, diseñado para observar la Tierra mediante una cámara de alto rendimiento. También viaja el satélite “Shiraito”, de la Universidad de Shizuoka, que prueba tecnologías enfocadas en la captura de desechos espaciales.
El H3 representa la apuesta más importante de Japón para competir en el mercado global de lanzamientos espaciales, actualmente dominado por Estados Unidos, China y Europa. Fue desarrollado por JAXA junto con Mitsubishi Heavy Industries como reemplazo del cohete H-IIA, con el objetivo de reducir costos y aumentar la flexibilidad en el transporte de satélites científicos, comerciales y gubernamentales.
Aunque su debut en 2023 estuvo marcado por fallas técnicas, cada misión exitosa es clave para recuperar la confianza en el programa espacial japonés.
Este lanzamiento ocurre en un contexto de creciente actividad espacial en Asia, donde Japón ha intensificado sus inversiones en observación terrestre, navegación satelital y exploración lunar, además de su participación en el programa internacional Artemis, que busca establecer una presencia sostenible en la Luna.
Uno de los retos más relevantes para el país es la creciente acumulación de basura espacial en órbita. Se estima que millones de fragmentos giran alrededor de la Tierra, lo que representa un riesgo para satélites activos y misiones tripuladas. En este contexto, proyectos como “Shiraito” buscan probar soluciones tecnológicas para identificar y reducir estos desechos.
