Juan Carlos Padilla Aranda era hombre de familia y llevaba 30 años vendiendo tamales. El lunes 23 de noviembre se dirigía al tianguis de los lunes en la ciudad de Celaya, Guanajuato, acompañado de su esposa e hija, cuando una camioneta RAM sin placas les impidió el paso. Con el argumento de que tenían una orden de aprehensión contra él comenzaron a forcejear para subirlo al vehículo. Y lo lograron.

Tras unas horas sin saber nada de Juan Carlos, se notificó a su familia que lo habían dejado en el Hospital General de la ciudad, y que presentaba signos de violencia física. Poco después, se confirmó su muerte.