• Hospitales privados listos con ventiladores
  • Intubado y conexión a respiradores debe efectuarse en tan sólo segundos

CORDOBA.- En plena Fase 3 de la pandemia, cuando se eleva la emergencia y en los hospitales públicos resurgen las protestas por la falta de equipos médicos y de protección suficientes para enfrentarse a éste virus mortal, esta mañana me dispuse a ingresar al área de terapia intensiva del más reconocido hospital particular de la zona centro del estado.
Son las 11:45 de la mañana, la cita es a las doce. El día anterior igual me citaron y me dejaron esperando casi una hora, no obstante que ya había un compromiso, así que por sentido común, mejor me retiré. Tres horas después se comunicaron conmigo para disculparse, por ello reprogramamos.
Estoy en la sala de espera con mi compañero fotógrafo Rodrigo Trujillo y observamos con detenimiento las medidas de seguridad implementadas en el acceso principal: medición de la temperatura y aplicación de gel antibacterial son obligados.
Imposible entrar a este hospital con calentura, tos, estornudos y otros síntomas sospechosos, los filtros son rigurosos, nadie se quiere contagiar. El reloj marca las 12:05 del medio día y un hombre joven de bata blanca nos pide acompañarlo hasta el quinto piso donde nos espera el doctor Miguel Velázquez Carrillo, responsable de la atención en la línea Covid-19 del hospital Covadonga, actualmente con 90 camas sensables y 60 en su similar de Orizaba.
El llamado nuevo Coronavirus, es una enfermedad muy contagiosa, potencialmente mortal, por ello la comunidad médica le teme. No respeta edades, sexo, profesiones, ni estratos sociales, se requiere de mucho valor, de un excepcional sentido humanitario y de verdadera ética profesional para atender y apoyar a los pacientes que ya comienzan a saturar los hospitales que el gobierno ha dispuesto para su atención, mismos en los que solos, sin familiares, tienen que afrontar la infección.
Hoy viernes hace exactamente 115 días, fue justo el 31 de diciembre del año pasado, cuando China reportó los primeros casos del entonces desconocido virus SARS-CoV-2 (covid-19).
A nuestro país tardó apenas 59 días en llegar y, desde entonces, médicos, enfermeras y camilleros del sistema de salud público y privado han sido los héroes en la primera línea de batalla contra esta enfermedad. Como todos los héroes, hoy, varios ya están muertos porque se contagiaron en el cumplimiento de su deber.
Pasadas las 12:30 se suma a nuestra entrevista el doctor Marcelo Rodríguez Andrade, director médico de los hospitales Covadonga, quien accede a nuestra solicitud de permitirnos el acceso a un recorrido por el nosocomiso en Córdoba, incluida el área de terapia intensiva donde –se especulaba- habría varios enfermos con Covid.
Ni por un segundo duda el galeno en abrirnos las puertas para el recorrido por todo el hospital.
En los tres meses y medio, desde que apareció el Covid-19, es la primera vez que un periodista ingresa a un área de terapia intensiva.
Me proporcionan vestimenta especial: una pijama quirúrgica, una camisola estéril, un overol especial blanco con gorro (de esos que parecen para astronauta), guantes quirúrgicos, zapatones para cubrir el calzado, cubre boca N95, googles y careta.
Me llevó al menos 15 minutos colocarme el traje, salgo del vestidor y la reacción de las personas es de asombro, por no decir de miedo, a mi paso todos se hacen a un lado, como si desearan ni tocarme, ahora sí se acuerdan de la sana distancia.
Esta cadena de hospitales se declara lista con más de 50 equipos para asistencia mecánica ventilatoria en sus sedes de Córdoba, Orizaba y Veracruz, se estima que cada uno de los equipos actualmente se cotiza en el mercado entre 25 y 30 mil dólares, es decir, entre 550 mil y 650 mil pesos cada uno.
El doctor Miguel Velázquez señala que si bien el 80 por ciento de los casos no requieren hospitalización, el Coronavirus es tan letal y tan potente que a una persona “sana” puede deteriorarla entre dos y cuatro horas, a partir de que empieza a sentirse mal e incluso, arrebatarle la vida en uno o dos días, es por ello que a través de la línea Covid-19 se pretende orientar a la población en general para que de ser posible, despejen sus dudas y no lleguen al hospital a saturarlo.
Transcurren casi 60 minutos, visitamos diferentes departamentos. El reloj marca ya las 14:00 horas, por fin estamos en terapia intensiva, aquí mismo se encuentran muy graves, el dirigente cañero de la CNC en el ingenio La Providencia, Hugo Guizar Torales y su acompañante, quienes hace unos días fueron emboscados por un grupo de sicarios, pero que fallaron en su intento por ultimarlo.
A este mismo hospital en Córdoba están por llegar dos arcos de desinfección que serán colocados en los accesos para que quienes entren y salgan, pasen por él y se impregnen de Éviter, sustancia que elimina todo tipo de virus hasta por seis horas.
Continuamos con el recorrido y mi vestimenta especial sigue causando asombro, mucha expectación, tanto que los doctores tienen que asegurarles que no teman, que no hay ningún peligro ni situación de emergencia. Incrédulos, solo esbozan una desconfiada sonrisa y asienten con la cabeza.
Como periodista ya no debería sorprenderme, pero no termino de entender cómo es que los hospitales públicos, los que son del gobierno, los que deberían tener todos los recursos, porque año con año tienen presupuestos millonarios asignados, carecen de equipos necesarios como ventiladores y materiales tan básicos como cubre bocas suficientes y alcohol.
Es por ello que son constantes las protestas de los trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), no solamente de Veracruz, sino de otras entidades como Morelos, Tabasco, Yucatán, Jalisco, Guanajuato y Puebla.
Tres horas después, siendo las tres de la tarde, terminamos el recorrido por todo el hospital y comentamos con los doctores anfitriones de la preocupante situación en los hospitales del IMSS y del ISSSTE, donde los galenos aseguran que llegan a ocupar un cubre boca por tres o cuatro días, cuando están indicados para usarse con efectividad solamente por tres horas.
Los doctores y enfermeras son los héroes, sin capa ni antifaz, ellos cuidan a sus pacientes ¿quién los cuida a ellos?, por eso su recomendación es: “Vamos a cuidarnos todos”, guardando sana distancia y quedándonos en casa.