Por Andrés Timoteo  / columnista

CRISIS ONCOLÓGICA

 El cáncer es una palabra que asusta al más valiente y el que no lo ha lidiado, ya sea en su cuerpo o en su familia, solo llega a imaginarse los estragos que causa en las vidas que toca. Ahora imagínense si se padece cáncer y no hay dinero para tratarlo ni funciona la sanidad pública para darle una oportunidad de sobrevivencia al enfermo.

A vaivenes había funcionado la atención médica para los pacientes con cáncer en México en los últimos años, pero aun así la había. El IMSS y el Issste llegaron a competir en equipo de vanguardia para tratar diversos tipos de la enfermedad. Claro, era pelear y exigir para que se diera atención al derechohabiente, pero se otorgaba.

 Luego, en los años noventa los hospitales públicos invirtieron también en tecnología y en la mayoría de los Estados se crearon institutos especializados. El cáncer, pues, llegó a tener opciones de cura o en su caso paliativas desde los servicios sanitarios públicos. En 1996, en Veracruz se creó el Centro Estatal de Cancerología (Cecan) con sede en Xalapa.

 No obstante, actualmente hay una crisis humanitaria en los hospitales mexicanos y especialmente los veracruzanos porque la atención a pacientes con cáncer dejó de ser prioridad para los gobiernos Federal y Estatal. En concreto, hay niños que han interrumpido sus tratamientos por falta de medicamentos lo que compromete su sobrevivencia, como ya se ha denunciado en este espacio.

 Las primeras alertas por el desabasto de fórmulas oncológicas fueron dadas por padres cuyos hijos son atendidos en los hospitales de Río Blanco -allí también los mismos pediatras hablaron del problema- y el puerto de Veracruz, pero la queja se reprodujo de Norte a Sur, en todos los nosocomios comenzaron a faltar los químicos para combatir las células cancerígenas y los complementos de nutriología.

 Estos últimos días, grupos de padres de familia han bloqueado vialidades en el puerto de Veracruz, las calles aledañas al llamado Hospital de Alta Especialidad -que debería de cambiar el nombre porque de “alta especialidad” no tiene nada- ya que por lo menos 60 niños han interrumpido sus tratamientos de quimioterapia por el desabasto de fórmulas.

 Como se sabe, cada ciclo de quimioterapia consta de seis sesiones, una cada 21 días porque científicamente se ha comprobado que los químicos logran inhibir la reproducción de células cancerígenas en ese periodo y si no se suministran dichas células comienzan a replicarse y llegan a mostrar resistencia a los fármacos. De ahí la importancia vital de respetar los tiempos del tratamiento.

 Pese a ello, en los hospitales veracruzanos se han retrasado las quimioterapias hasta dos o tres semanas y es imposible que las familias puedan costearlas por su cuenta. Una sesión de quimioterapia, es decir, un coctel de medicamentos que se mezclan y se suministran por la vía intravenosa llega costar entre los 10 mil y 16 mil pesos.

 A lo anterior se le agrega, en algunos casos, inyecciones antieméticas -para evitar las náuseas y vómitos que provocan los químicos- cuya ampolleta se cotiza en farmacias convencionales entre los mil 300 y 3 mil pesos. Esa es la sesión básica, por llamarla de alguna manera, cuyo precio total oscilaría en el mercado entre los 11 mil 300 y los 19 mil pesos, algo imposible cubrir para una familia con ingresos modestos. De ahí lo vital que son los servicios subsidiarios de salud pública.

LAS AGUJAS CULPABLES 

 Entonces, sin quimioterapias en los hospitales públicos se condena al paciente a que haya metástasis y la enfermedad se haga más resistente a la dosis prevista. Eso es lo que sucede en los hospitales de Veracruz, Río Blanco, Xalapa, Coatzacoalcos y otras ciudades donde los padres de niños enfermos están desesperados.  Algunos han recurrido a los amparos judiciales y otros a quejas ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), pero nada conmueve ni hace reaccionar a los funcionarios.

 Personajes como el titular de la Secretaría de Salud, Roberto Ramos Alor y el director del hospital porteño, Sócrates Gutiérrez -recomendado por uno de los hermanos del gobernante en turno- son una pesadilla. Mentirosos patológicos que llegan a inventar verdaderas engañifas a fin de justificarse.

 Por ejemplo, a los padres de familia en el puerto de Veracruz el señor Gutiérrez les dijo que “se descompuso el aparato para las quimioterapias”. ¿Cuál aparato? Para suministrar el coctel de químicos solo se necesita las ampolletas de medicamento, una botella de suero salino de irrigación, una sonda, una aguja y una silla o cama donde repose el paciente.  Vaya caso, ahora la culpa la tienen las agujas.

 También desde palacio de gobierno inventaron el bulo de que una máquina de radioterapia en el Hospital Infantil de Veracruz -antes llamado Torre Pediátrica- estaba descalibrada e intoxicó con radiación a médicos y pacientes, y que todo fue culpa del exgobernador Miguel Ángel Yunes, o sea que si no son los agujas es el yunismo. 

Por otro lado, los funcionarios no tienen excusa para negar la dotación de medicamentos complementarios, específicamente el metotrexato que se usa en el tratamiento de la leucemia linfoblástica pues desde el pasado 21 de septiembre llegó al País un cargamento de 38 mil unidades que se compró en Francia, de acuerdo con el anuncio del presidente Andrés Manuel López Obrador y desde el lunes 23 de ese mismo mes comenzó a distribuirse en todos los hospitales del País.

 ¿Por qué no ha llegado a Veracruz? Y otra pregunta con más urgencia y cuya falta de respuesta es altamente sospechosa: ¿por qué no hay medicamento en los hospitales de la entidad si desde el 20 de diciembre pasado el Gobierno de Cuitláhuac García le entregó un contrato por 36 millones de pesos -sin licitación- a la empresa Abastecedora de Insumos para la Salud S. A. de Carlos Lomelí el defenestrado ‘súper delegado’ en Jalisco? Con esos 36 millones ya se habría paleado la crisis oncológica en Veracruz.