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De política y cosas peores

Superiberia
  • Por CATÓN / columnista

La joven recién casada era insaciable en el renglón del sexo. Le pedía a su maridito que hiciera obra de varón tres veces diarias: una temprano en la mañana, al despertar; otra por la tarde, a su llegada del trabajo, y la última después de cenar y ver la tele. El infeliz muchacho se veía ya exangüe y agotado, laso, abatido, exánime y escuchimizado. Cierto día, después de recibir el obligado tributo cotidiano, le dijo ella: “La próxima semana cumpliremos un mes de casados. ¿Qué quieres para celebrar la ocasión?”. Con voz casi inaudible respondió él: “Llegar”… Babalucas fue a la guerra. El capitán les ordenó a los soldados: “Sigan avanzando”. Babalucas le preguntó al que iba al lado: “Oye: ¿quién chingaos es Vanzando?”… Don Cucurulo y don Rugadito, señores de edad más que provecta, veían pasar a las lindas y airosas chicas vestidas con minifalda y blusitas de escote pronunciado. “Mire nomás, compadre -dijo don Cucurulo con suspiro lamentoso-. La revolución sexual en todo su apogeo, y nosotros ya sin parque”… Se le vino el mundo encima a  la “Guía ética para la transformación de México”, obra ideada por López Obrador. El calificativo más piadoso que la tal Guía ha recibido es “cursi”. Se le ha tildado de ñoña, ramplona, tonta y chabacana; se dice de ella que está plagada de lugares comunes y frases hechas. No ha faltado quien opine que AMLO es el diablo metido a predicador. Yo me aparto del coro general y alabo la intención del Presidente al publicar ese cuaderno y al hacer que se distribuya masivamente. La reacción adversa que se produjo es debida, creo, a que no estamos acostumbrados a que el tema de la ética sea tratado por un Gobierno. Se le considera asunto privado, ajeno por completo al interés público, y se juzga que el discurso moral es propio de iglesieros, no cosa para ser tratada por políticos. Pienso, contrariamente, que estamos urgidos de una reflexión axiológica, o sea sobre valores, y que siempre es oportuno un llamamiento al bien, hágalo quien lo haga y sea cual fuera la forma en que lo hace. Encuentro loable entonces, y la aplaudo, la preocupación que muestra López Obrador por hacer que quienes lean esa Guía mediten acerca de cuestiones que usualmente no forman parte de nuestras inquietudes cotidianas. Desde luego a esta acción deben seguir otras, como por ejemplo propiciar que la gente lea. Siempre he creído que la lectura de los buenos libros inclina a la práctica del bien. Quizá suene a herejía, pero tengo la certeza de que leer a Dickens inclina más a la bondad, y a hacer obras buenas, que la lectura de la Biblia. Otra herejía: juzgo que el Reader’s Digest propone más ejemplos buenos que los que contienen todos los textos de los Padres de la Iglesia. Por mi parte debo decir que la diferencia entre el bien y el mal  la aprendí de niño más en las películas de vaqueros que en los sermones de los señores curas. Así las cosas, puede hacer mucho bien una obra pequeña, escrita en términos sencillos, como esta Guía publicada por la 4T. Ojalá su principal editor sea el primero en seguir las recomendaciones del librito… Don Algón, gerente de una empresa, le pidió a su esposa, secretaria ejecutiva, que por favor le transcribiera en la computadora un texto. “¡Ah no! –protestó ella-. ¡Bastante de eso tengo en la oficina para seguir con lo mismo aquí en la casa!”. Apenado y mohíno don Algón se aplicó él mismo a la tarea. Su esposa sintió remordimiento por la forma en que había tratado a su marido; fue y se le sentó, mimosa, en el regazo. “¡Ah no! –la rechazó con enojo don Algón-. ¡Bastante de eso tengo en la oficina para seguir con lo mismo aquí en la casa!”… FIN

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