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De política y cosas peores

Superiberia

Por CATÓN / Columnista

Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, le contó a un amigo: “Tenía yo tres años cohabitando con esa mujer, pero terminé la relación con ella porque me hizo una pregunta indiscreta”. Quiso saber el amigo: “¿Qué pregunta indiscreta fue ésa?”. Replicó el tal Pitongo: “Una noche me preguntó: ‘¿Cómo te llamas?’”… Mis cuatro lectores conocen ya a Jactancio Elátez, sujeto presuntuoso. Un cierto amigo suyo se lo topó en la calle y le preguntó: “¿Cómo te ha ido?”. “Más o menos bien –contestó Jactancio, displicente-. Vivo en Nueva York, donde soy director del World International Universal Cosmic Bank. Tengo una suite permanente en el Plaza; un condominio en Miami, una villa en la Toscana, un chalet en París y una casa en Saltillo”. Inquirió el otro: “¿Y en cuestión de mujeres?”. Dijo Elátez: “Traigo de novia a Miss Universo”. “¿Miss Universo?” –repitió el amigo lleno de admiración. “Sí –confirmó Jactancio-. Con esta crisis tiene uno que conformarse con lo que salga”… El alcalde de Cuitlatzintli se presentó en el convento de la Reverberación. Le dijo a sor Bette, la madre superiora: “Vengo a invitar a las hermanas a las fiestas patronales”. Inquirió la reverenda, desconfiada: “Pa’ tronales ¿qué?’”… “¡Aguas!”. Según antiguos coronistas esa voz de advertencia se usaba ya en la Ciudad de México en la época de la Colonia. Servía para avisar a los transeúntes que desde la ventana de alguna de las casas caería a la calle el contenido líquido del recipiente llamado bacinica, perica, borcelana o nica y –con términos más culteranos- taza de noche, la necesaria, la miravisiones o el tibor. Todavía empleamos ese término, “¡Aguas!”, para prevenir a alguien acerca de un peligro o riesgo. Con frecuencia López Obrador repite su afirmación en el sentido de que no se va a reelegir. Nuevamente lo hizo este fin de semana en el curso de su visita a Oaxaca. Recuerdo ahora la traviesa frase que hizo don Artemio de Valle Arizpe, ingenioso y pícaro paisano mío saltillense, a propósito del nombre de un ilustre y respetado historiador, don Antonio Pompa y Pompa. Dijo el autor de “La Güera Rodríguez”: “No molesta la pompa; lo que molesta es la insistencia”. Pues bien: en el caso de AMLO lo que despierta suspicacias -al menos en quien esto escribe- es la insistencia con que niega la posibilidad de su reelección. Tal se diría que quiere familiarizar a la ciudadanía con ese vocablo, “reelección”, que hasta ahora ha sonado en México a anatema. Había un dicho popular que se aplicaba a quien fingidamente se resistía a recibir algo que en el fondo deseaba con afán: “No quiero, no quiero; échamelo en el sombrero”. A mí me escama esa insistencia de López Obrador, quien una y otra vez, aunque no venga al caso, niega que vaya a reelegirse. ¡Aguas!… Pimp y Nela forman una pareja singular: él es gigoló y ella su pupila. Una noche de plenilunio exclamó  Nela con suspirante acento: “¡Cómo me gusta el brillo de la Luna!”. Acotó Pimp: “A mí lo que me gusta es el brillo de la lana”… El recién casado le dijo tímidamente a su flamante mujercita: “Dulciflor: el pastel de bodas ya se está acabando. ¿Cuándo vas a empezar a cocinar?”. (Podrías empezar a hacerlo tú, recién casado. Ahora las tareas domésticas se reparten por igual entre el hombre y la mujer, lo mismo que el sostenimiento de la casa. Ya no son los tiempos de antes)… Una joven esposa le preguntó a su amiga: “¿Cómo es tu marido?”. Respondió la otra: “Es alguien común y corriente; un hombre de todos los días”. “¡Qué afortunada eres! –la envidió la primera-. El mío es de una vez al mes”… FIN.

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