La economía de México hace 50 años.

En el quincuagésimo aniversario de la trágica noche del 2 de octubre de 1968 la economía mexicana vivía uno de sus momentos culminantes de desarrollo, pero también de las contradicciones de un modelo de gobierno que, desde entonces, se debatía entre el autoritarismo y las demandas democráticas.

Sin dejar de lado los años posteriores a la revolución que culmina en 1917, es en la década de los años sesenta cuando se observan las consecuencias de sostener una estrategia muy rígida en materia cambiaria y de inflación que promovía al mismo tiempo apoyos a la formación de capital y promoción de algunas industrias que, dentro de una estructura proteccionista, impulsaron la creación de empleo y garantizaron el poder adquisitivo de los salarios, fundamentalmente en las ciudades.

El objetivo de lo que fue conocido como el “desarrollo estabilizador” se diseñó a partir de la devaluación de 1954 a la que se sumaron los efectos de la Segunda Guerra Mundial, así como los excesos de los gobiernos desde Miguel Alemán a la intransigencia de López Mateos, que desembocarían en diversos movimientos de inconformidad social pero que alcanzarían su cumbre con Díaz Ordaz, quien se resistió a revisar un modelo económico desgastado por su obsesión a la inmovilidad y por el favoritismo a la formación del capital privado.

El desarrollo estabilizador, que se sustentó en el equilibrio interno de los precios con el equilibrio del sector externo, evitando las devaluaciones, se tradujo en un exitoso crecimiento sostenido con estabilidad de precios.

Durante la década de los sesenta son evidentes las acciones para atender solamente lo mexicano, como fuente de hegemonía política. Así, se promulga una ley minera que privilegia fiscalmente a los inversionistas nacionales ya fueran del sector público o para el salvamento de particulares. Así nacieron muchas empresas mixtas y paraestatales.

Los privilegios del Estado hacia el capital privado abrazarían en 1966 al sector financiero, con lo que se impulsaron diversos esquemas que permitieron desarrollar a la clase media, pero también sus contradicciones.

Así, el PIB superó el 7 por ciento en la década, con lo que duplicó la tasa demográfica de 3.4 por ciento y solo en 1968 fue de 7.3 por ciento. El ingreso per cápita fue de 3.6 por ciento anual, lo que significaba unos 600 dólares por persona, cuando el tipo de cambio era de 12.50 pesos por dólar. Si bien este mismo indicador es actualmente del orden de los 11 mil 500 dólares, pero a un tipo de cambio de 18.50 pesos en promedio.

La inflación promedio era de 3.5 por ciento y los aumentos anuales de los salarios reales eran de 6.7 por ciento; esto es, descontada la inflación, que contrasta con el saldo negativo actual.

Si en las ciudades había auge, el campo se desplomaba debido a la migración, que se convirtió en el deterioro de la producción agropecuaria, inferior incluso que la tasa demográfica, con las consecuencias que eso significa en la actualidad y en los movimientos guerrilleros de los años setenta y ochenta.

Pero, al sustentarse durante más de 12 años en privilegios fiscales, ya que muy pocos pagaban impuestos, además de un sector externo deficitario, debido al proteccionismo, en el petróleo y el endeudamiento público, el modelo de estabilización mostró agotamiento. Tanto que, en su Informe anual de 1969, el Banco de México advertía que la economía del país estuvo dominada (en 1968) por la agudización de presiones deficitarias.

A pesar de contar con estabilidad de precios, avance sostenido de los salarios, combate efectivo del analfabetismo, ampliación de la clase media por el tránsito campo-ciudad y de una mínima desigualdad económica (el coeficiente de Gini en 1968 era de 0.49, siendo 1 completa desigualdad), la sociedad no vislumbraba oportunidades sociales y políticas.

El movimiento estudiantil de 1968 desveló las contradicciones de un gobierno que, mediante el autoritarismo y la falta de visión, intentó imponer su hegemonía ante el desgaste de un modelo económico incapaz de renovarse ni de desarrollar expectativas políticas y sociales.