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Deterioro social

Superiberia

Michoacán, Zacatecas, Guerrero, Sinaloa, Tamaulipas, Coahuila, Jalisco, Veracruz y en otros estados con menor incidencia en México, se vive un período de franco deterioro social y ausencia de autoridad, en mucho tiene que ver la desintegración familiar, la falta de oportunidades de desarrollo, la carencia de un sistema de educación nacionalista al no estar encaminado a la creación de una cultura del respeto, esfuerzo y reconocimiento, la escasees de atención a la salud, la imposibilidad de acceso a una vivienda digna y la inseguridad; temas en los que el estado ha quedado a deber a los ciudadanos en los últimos dos sexenios, los que han perdido su vinculación con la Autoridad y creado desconfianza, el nivel de vida se ha roto para las mayorías, incluso en las clases medias que venían siendo las generadoras de equilibrio, riqueza y empleo; consecuencia del temor a la inversión por el burocratismo, la tramitología, los impuestos y la inseguridad, refugiando su capital en el arrendamiento o incluso en la inversión en valores en otras latitudes;

Se ha deformando el concepto de calidad de vida, por el de consumismo y ostento, la juventud ha cambiado en sus aspiraciones de desarrollo, preocupándoles más la fortuna inmediata, que la forma de obtenerla; perdiéndose el deber ser y ese comportamiento no ha interesado a los mayores, muchas de las veces desconociendo en qué pasos andan sus hijos, escusados en la falta de tiempo, estrés, el temor, la inseguridad y el deterioro de los valores morales entre muchos otros problemas; la ausencia de solidaridad ciudadana, ha resultado algo común y cotidiano, incluso para que conozcamos a nuestros vecinos, se ha perdido el Veracruz de barrio, el de las fiestas populares, el de los convivimos familiares, el de establecer vínculos de simpatía en la comunidad, inmersos en una agrupación amorfa, sin saber quiénes son, y sin que se practique alguna forma de respaldo ciudadano, existen estadísticas, que menos de la mitad de las familias están compuestas por parejas casadas; resulta habitual ver que la gente que se siente excluida, o lo está, recibe menos o peores servicios de salud y apoyo social y tiene menor acceso a los servicios de educación y protección social, cuando la exclusión se debe a elementos de estigma por condición social, raza o preparación;
La protesta se ha hecho el arma más eficiente para los grupos de presión social, quienes resultan los únicos beneficiados, como los sindicatos de maestros, que reciben emolumentos sin laborar frente al aula, incluso jubilados, cobrando doble o lo más grave muertos, agrupaciones gremiales que manejan los recursos de sus miembros y los de las empresas Paraestatales con la mayor de las opacidades, sin transparencia, ni rendición de cuentas, en contubernio con el Estado, con programas sociales, temporales o prebendas, traducido en el clientelismo instituido en todos los “Partidos Políticos”; existen verdaderos ejércitos de militantes acomodaticios, no se apoya la mejor propuesta de hombres capases, probos y cabales, a los cargos públicos; si no a los que convienen a los grupos de poder político, económico y criminal, apoyados en estas estructuras, son los que dan más; olvidando que la dádiva es efímera; se ha abandonado incluso el saber pescar y la búsqueda del sustento forma honesta, convirtiéndose después de los procesos electorales en huestes de desempleados y delincuentes en potencia, se premia el despojo aparentando la invasión por necesidades de clases populares, se acepta el disimulo y la mordida, se admite el protagonismo y la mentira del periodismo a sueldo; Sabemos protestar solo en lo que nos afecta o conviene (siempre y cuando no nos intimide), pero no colaborar con las causas justas, con el impulso ciudadano de mujeres y hombres que valgan la pena a ocupar cargos públicos; No hay conciencia social, solidaridad para evitar o reducir la inseguridad, valor para enfrentar nuestras realidades al mínimo, nos olvidamos y porque sabemos protestar, pero no participar;

Otrora la caballerosidad, la educación, el apoyo social, el civismo, fueron distintivos del pueblo mexicano, como una nación solidaria, con fuertes raíces familiares y de responsabilidad ciudadana; hoy esos valores cívicos fraternales que daban forma a la convivencia y desarrollo político y social en México, se pretenden substituir con los títulos de maestrías y posgrados, nacionales y extranjeros y en la cumplimentación de políticas públicas; pero esos profesionales han demostrado solo el interés en su desarrollo personal y no el de los ideales de servicio al pueblo, la degradación del civismo es su resultado; amistades por relaciones de sociedad para el desarrollo económico, en cuanto más grandes son los negocios y poderosos mejor, perdiéndose el sentido del verdadero amigo; los salarios se utilizan para comprar más cosas, inútiles muchas veces; perdiéndose la austeridad obligada que preveía el futuro de la familia; la dispersión familiar, la sociedad de consumo no es capaz de orientar las cosas porque hay un carácter demasiado individualista que nuestro ambiente promueve.

La sociedad en México, hoy vive tiempos inéditos, con la negación de las autoridades y el oscurantismo de los acontecimientos, las redes sociales dan cuenta de ello, éstas no pueden ser manipuladas; atravesamos por una época de incertidumbre y temores desgraciadamente fundados, la intolerancia resulta cotidiana, la sospecha, del otro y de uno mismo, como escalafón para el ejercicio de políticas anti democráticas y decisiones autoritarias, aun siendo equivocadas, sin claridad, impuestas por señores feudales sin rendición de cuentas; de masas que los que se dicen “políticos”, nos consideran “idiotizados”, “intimidados” y “acorralados por la inseguridad”, sin considerar que los ciudadanos somas más que los políticos, más que los burócratas, más que los delincuentes, prueba de ello es el surgimiento de grupos de autodefensa, popularizados y expandidos, por el incumplimiento de las promesas falaces de paz y estabilidad, que cancela el derecho a la vida y al goce de nuestros derechos fundamentales, decadencia de una cultura que descalifica la inteligencia y el pensamiento, por la mezquindad, avaricia y sagacidad;
La crítica como ésta modesta opinión, sin dar posibles fórmulas para corregir la situación social que vemos en el devenir cotidiano, resulta tanto como veneno auto-destructivo, si no participamos para combatirla, hay que solidarizarnos socialmente, debemos fomentar con nuestros actos la convivencia para el saneamiento de la calidad de vida, necesitamos crear el compromiso de moralizar el comportamiento familiar y social, debemos dar de sí, llevar a cabo el ejercicio de nuestras ocupaciones y profesiones con sentido social y fraterno, en contra de la irresponsabilidad y el egocentrismo, que han sustituido muchos valores anteriores, como amistad, solidaridad, civismo, responsabilidad, debemos pugnar por ciudadanizar a los partidos políticos, para que postulen a las mejores mujeres y hombres que tengan calidad moral y no interese de grupo o ir en contra de ellos y sus imposiciones.

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