Por: Andrés Timoteo  / columnista

 Esta vez no fueron los conservadores ni los ‘fifís’ ni los expresidentes ni la prensa mordelona ni los opositores a su “cuarta transformación” -ya sin mayúsculas porque ya se deslució- sino el centro del poder financiero mundial el que cuestionó la estrategia de combate al crimen del mandatario Andrés Manuel López Obrador. El periódico The Wall Street Journal (WSJ), vocero de los grandes capitales, publicó el miércoles una dura editorial titulada The Cartelization of Mexico” (La Cartelización de México).

Es decir, la invasión y predominancia de los carteles del narcotráfico que desestabilizan a la administración lopezobradorista -a la que señaló de inoperante frente a ellos- y controlan territorios enteros, luego de la masacre de la familia LeBaron en Chihuahua. Es más, en la editorial se pide al presidente norteamericano Donald Trump actuar para proteger a ciudadanos estadounidenses residentes en México ante la imposibilidad del régimen local para combatir a los grupos criminales.

 “Una operación militar de Estados Unidos (en México) no puede ser descartada”, sugiere la editorial del rotativo. Y ahí mismo se da una pauta velada: considerar a los narcotraficantes como terroristas pues advierte que lo que hay en México es un “califato de las drogas”. ¿Les suena el término? Efectivamente, es una referencia indiscutible al Califato Islámico fundado en junio del 2014 en varias ciudades de Irak y Siria por el grupo terrorista Estado Islámico (EI).

 La equiparación de los narcotraficantes con terroristas no es sugerencia nueva, ya en la administración de Barack Obama se analizó darle esa categoría, pero ahora que el crimen organizado está controlando grandes extensiones en su frontera sur los hombres del dinero sugieren, por medio del WSJ, reconsiderar tal categorización.

 Como es sabido, en Estados Unidos existen leyes extraterritoriales que facultan a las agencias de seguridad como la CIA y el FBI -y en el caso de los narcóticos, la DEA- a operar en cualquier País en el caso de una amenaza terrorista enviando escuadrones de élite y en última instancia a sus tropas.  Y ante una decisión así, poco pueden hacer el resto de los países que no son potencias militares ni nucleares ni económicas, o sea como México que, por si fuera poco, depende económicamente del vecino.

 ¿Qué pasaría si  Trump da un nuevo ultimátum a López Obrador como lo hizo con el caso de los migrantes centroamericanos?, ¿y si le pone un plazo para entregar a Ovidio Guzmán y a otros capos que tienen pedido de extradición o de lo contrario manda un comando a atraparlos? Aunque los nacionalistas, chauvinistas y soberanistas griten y se desgarren las vestiduras poco podrán hacer para que nuevamente el tabasqueño esté de rodillas y obedezca al gobernante estadounidense.  

 Claro, las consecuencias se antojan terribles porque los grupos criminales reaccionarían violentamente y muchas partes del País se convertirían en territorios de batalla abierta con un saldo enorme de muertes. ¿Y si ese escenario quiere Estados Unidos para intervenir ante la incapacidad de las fuerzas militares y policíacas de México? No hay que tomar a la chanza al editorial del WSJ sobre todo porque ahora el atribulado Trump bajo proceso de ‘impeachment’ -destitución- necesita un asidero para poner de su lado a la opinión pública de su país.

 También porque requiere una bandera electoral para competir por la reelección presidencial y qué mejor propaganda que la guerra, el combate del narcoterrorismo y la protección del suelo y los habitantes estadounidenses. De ahí la propuesta ya hecha por Trump para entrar al quite en Chihuahua y “borrar de la faz de la tierra” a los asesinos de los LeBaron que tienen también la nacionalidad estadounidense.