El crimen organizado en México va muy adelante de la autoridad, como quedó evidenciado en la nueva Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita, mal llamada “Ley contra el lavado de dinero”.

Nos dice Edgardo Buscaglia que “nuestro país está catalogado internacionalmente como la segunda economía con los mayores flujos financieros ilícitos en una lista de 160 países. El primero es China y el tercero corresponde a Rusia. Se sabe que México viola la mayoría de los tratados internacionales en la materia. Por ejemplo se viola 63% de la cláusula de la Convención de Palermo contra la Delincuencia Organizada; se viola también 77% de los artículos de la Convención de Mérida contra la Corrupción, y 23 de las 40 recomendaciones del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI)”.

El Comisario Gayraud en su libro El G-9 de las Mafias en el Mundo nos dice: “Nada gusta más a las mafias que los grandes mercados, por lo que la globalización ha dejado el campo libre a dos figuras inquietantes de la criminalidad y los negocios: el mafioso empresario y el empresario mafioso. La necesidad de blanqueo de enormes sumas de dinero procedente del crimen organizado ha provocado la aparición de la figura, el empresario mafioso. Figura con la que la mafia se relaciona con múltiples socios de la economía de mercado lícita. Los Yakuza en Japón los llaman los hermanos de negocio”.

Estos conceptos son fundamentales para combatir el lavado de dinero y el crimen organizado, además de entender que no hay mafia que perdure sin la complicidad de la política. Nos dice Gayraud: “La presencia de una mafia en un territorio es un índice innegable de corrupción del poder político”.

Todos estos elementos tan básicos para el combate al crimen organizado no están considerados en la “nueva ley contra el lavado de dinero”. La ley no distingue entre la forma de gastar el dinero mafioso y la forma de lavarlo.

El verdadero lavado se da en enormes cantidades de dinero que pudieran estar pulverizadas, pero por métodos más “empresariales”. Por lo que esta ley omite verdaderas actividades vulnerables, tales como:

1) Actividades empresariales que tributan en régimen simplificado de flujo de efectivo como son los del sector primario y el transporte.

2) Las que un alto porcentaje de sus ingresos son en efectivo, tales como: casinos, cines, salones de fiesta, transporte público urbano, gasolineras, hoteles de paso, etcétera. Todas tienen inversiones cuantiosas y altos ingresos en efectivo.

3) Las actividades de transporte de mercancías son de gran vulnerabilidad ya que permiten moverse libremente por todo el país, y además mover “otras cosas” de manera camuflada. Tales pueden ser transporte de líquidos peligrosos como productos de Pemex, transporte marítimo, o servicios de aviación, en este último recordemos al Señor de los Cielos.

4) Comercialización de equipos y agroinsumos para el campo, tales como tractores, agroquímicos, riegos por goteo, etcétera, que son también usados en la producción agrícola de estupefacientes.

5) La distribución de motocicletas se hizo atractiva ya que las cuatrimotos sustituyeron a los animales de carga como los burros y las mulas en la sierra.

6) Los antros y centros nocturnos con permiso para vender alcohol y “otras cosas”, siempre han sido de gran interés para la mafia.

7) Menosprecia al sector financiero, las casas de cambio, de empeño, y las de crédito al consumo, bajo el argumento de que ya tienen su propia regulación.

8) El más importante legitimador de las actividades empresariales mafiosas es sin duda el gobierno, por lo que debe vigilarse toda compra-venta de inmuebles a los gobiernos federal, estatal y municipal. Son innumerables los proyectos urbanos y turísticos donde los gobiernos actúan como desarrolladores inmobiliarios sin que se pregunte ¿a quién le venden? En este mismo orden de ideas también debe vigilarse a los contratistas de obra pública, y a los compradores de deuda pública, como lo sugiere Buscaglia. También con la nueva legislación de las APP (Asociaciones Público Privadas) se podrá lavar dinero con la anuencia del gobierno si éstas no se vigilan adecuadamente como actividades de alta vulnerabilidad.

9) Tampoco podemos dejar de lado las desarrolladoras de vivienda que al igual que los negocios proveedores del gobierno pueden convertirse en la relación triangular perfecta entre la mafia, las elites políticas y económicas como sucede ya en algunos estados del país.

10) Finalmente, en México el mafioso tiene una atracción especial por la ganadería y los caballos, por lo que inverte en éstos como negocio y no sólo como afición; en todo lo relacionado con este tipo de actividades. 

La nueva ley pretende combatir la evasión de impuestos, y qué bueno, pero no entiende que al mafioso le urge y quiere pagar impuestos, por eso se establece con empresas legales.

Para ilustrar lo avanzado que está el crimen organizado en esta materia y lo errado que trae la brújula la autoridad, narraré dos anécdotas, ambas de mi tierra natal, Sinaloa.

La primera versa sobre una familia reconocida empresarialmente que recibió un ofrecimiento de compra por parte de un narcotraficante, bajo las siguientes condiciones:

a) Si su empresa valía 10 pesos, le daban 30 pesos, pero en efectivo, trasladándole el problema de lavado.

b) Se mantendría a su nombre el negocio. La mafia tiene sus propios métodos para hacer cumplir tratos.

c) Él tendría que quedarse administrándolo.

La familia fue tentada por la oferta, por lo que se reunió a dilucidar sobre la misma, aunque finalmente resolvió no aceptarla.

¿Cuántas empresas habrá que sí aceptaron estas condiciones y cómo poder probarlo jurídicamente?

La segunda anécdota se refiere a un amigo empresario, la SIEDO lo trajo sin sueño por un largo tiempo por una investigación de lavado de dinero, lo acusaban de que su negocio era propiedad de El Chapo. En Sinaloa todo mundo conoce a este amigo como una persona muy decente, por lo que es un chiste que la SIEDO lo acusara. La realidad es que terminó siendo extorsionado por la autoridad para dejarlo en paz. Y en lo que sí tenía razón la SIEDO es que mi amigo está muy chaparro y lo apodan El Chapo Fulano.

Hoy, con la nueva ley contra el lavado de dinero las autoridades corruptas tendrán más elementos para extorsionar ciudadanos decentes pero no para combatir a sus “amigos de negocio”.