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Andrés Timoteo
Columnista

DÍA 26: LOS ENANOS
En el texto anterior se hablaba de aquellos jefes de Estado que practican un negacionismo casi genocida frente a la pandemia de gripe mostrando, pero también hay gobernadores locales que asimismo exhiben su enanismo político, humanitario y hasta ético en medio de la calamidad. Y lo hacen sin pudor alguno.
 Algo cierto es que frente a la desidia la autoridad federal hay gobernadores que tomaron decisiones sin esperar al presidente Andrés Manuel López Obrador a fin de proteger a la población y se erigieron como referencia nacional de liderazgo. Algunos de ellos son Enrique Alfaro de Jalisco, Javier Jurado de Chihuahua y Mauricio Vila de Yucatán.
 Ellos han llamado a un pacto nacional entre todos los actores políticos -líderes partidistas, empresarios, universitarios, intelectuales, obreros, campesinos y demás- con los tres niveles de gobierno a falta de la convocatoria de unidad que debería surgir de palacio nacional, del propio López Obrador. Hasta hace algunos días se decía que había una oposición desarticulada ante la llamada “cuarta transformación”, ahora la tragedia ya perfila posibles líderes de una inminente alternativa a los que ahora están en el poder.
 Contrario a lo anterior, hay gobernadores que son unos enanos totales frente a la emergencia nacional. El que está en la cúspide de la estupidez es el poblano, Miguel Barbosa, con sus dislates verbales de que el Coronavirus es una enfermedad de ricos y que los pobres son inmunes, y que además la enfermedad se cura con un mole de guajolote. A la hora que comience a caer la gente, pobres principalmente, se le tendrá que reclamar sus deslenguada y burlona posición.
 Otro es Cuauhtémoc Blanco de Morelos quien acaba de hacer un bulo insultante: montó un “hospital móvil” de utilería para promocionarse como un gobernante listo para enfrentar la pandemia. El falso nosocomio costó 14 millones solo para que Blanco grabara un spot televisivo en el cual presumió que el centro sanitario contaba con 50 camas, “expansivo a 100 más”.
 Pero es un hospital que nunca existió, que no recibirá un solo enfermo porque fue un tinglado, además de que el dinero gastado en ese anuncio publicitario bien se pudo ocupar en la compra de mascarillas, guantes o respiradores artificiales. “Miserable” fue el calificativo más decente que le dijeron en las redes sociales al exfutbolista. Simular en medio de la tragedia es, por supuesto, un acto criminal.
 El patetismo oficial se palpa con soltura en Veracruz. ¿Cuál fue el primer acto que hizo el gobernante en turno, Cuitláhuac García ante la amenaza del Coronavirus? ¡Ponerse a dar clases de matemáticas en la televisora oficialista RTV! En lugar de colocarse al frente de un gabinete de emergencia y conducir los planes para prevenir y atender los estragos que ocasione la pandemia, optó por minucias personales.
 Al señor García Jiménez se le votó para que fuera gobernador no maestro virtual de algebra. También al gobernante le ganaron los tiempos y los de enfrente. Por ejemplo, se negaba a decretar la suspensión de clases en escuelas públicas y entonces alcaldes y hasta los propios directores de colegios decidieron interrumpirlas porque percibieron el peligro.
 En respuesta a eso, su secretario de Educación, Zenyanzen Escobar, amenazó a los alcaldes que pedían la cancelación de actividades escolares recriminándoles que ellos no pagaban la nómina magisterial, que lo hacía el gobierno estatal y por ende, solo el patrón podía decidir eso. Un enanismo engorroso de ese funcionario.
 Pero los alcaldes no se arredraron y algunos como los de Tamiahua, Tecolutla, Gutiérrez Zamora, Zongolica y el puerto de Veracruz dispusieron del cierre de comercios, mandaron a la gente a sus casas y restringieron el ingreso de visitantes a sus localidades. ¿Y que hizo el gobierno estatal ante eso? El secretario de Gobierno mandó una carta al alcalde de Veracruz, Fernando Yunes, reprochándole tomar atribuciones que no le corresponden y que se contraponían al protocolo estatal.
 Lo llamó “chiquito” de tamaño físico y político, pero el tiempo le dio la razón al edil porteño mientras que los funcionarios estatales quedaron rebasados y en evidencia. Cuando ya el peligro de un contagio masivo de gripe se cernía sobre Veracruz, el gobernante estatal se negó a suspender el festival Cumbre Tajín y solo ante la falta de asistentes lo hizo dos días después.
 
LOS ZOPILOTES
 Lo mismo fue con el Festival de la Paella en Tlacotalpan de donde salieron, según la mayoría de las versiones, los dos primeros muertos por el Coronavirus. En ese momento, con decesos ya contabilizándose, desde el gobierno estatal los negaron, minimizaron y hasta maquillaron. Una de las personas fallecidas, vecina del municipio de Emiliano Zapata, era empleado estatal, laboraba en el Órgano de Fiscalización Superior (Orfis) y su muerte fue manoseada por los funcionarios.
 Primero rechazaron que muriera por el Covid-19 desmintiendo a la misma familia, pero cuando los exámenes clínicos lo confirmaron tuvieron que aceptarlo. Después negaron que hubiera asistido a Tlacotalpan y días más tarde recularon para admitir que sí acudió a esa ciudad. Ahora, niegan que se hubiera contagiado ahí y que, a pesar de que acudió a las oficinas centrales ya estando enfermo, hubiera contagiado a sus compañeros. Todo sin ningún elemento científico. Eso pasa cuando los servidores públicos son enanos y mienten compulsivamente.
 En la lista de los que padecen enanismo hay que anotar a varios políticos aldeanos que se hacen promoción personal con la pandemia, entre ellos el panista Bigen Rementería, hijo del senador Julen Rementería, que reparte despensas y kits de desinfección en colonias populares intentando sacar raja promocional porque quiere ser candidato a la alcaldía de Veracruz.
 En Córdoba, Isaac Luz, presidente del DIF municipal e hijo de la alcaldesa panista-morenista, Leticia López Landero hace lo mismo sin ningún pudor. Estos vivillos carentes de ética sí son los “zopilotes” a los que se refiere López Obrador y que comienzan a aparecer con la peste pues huelen la carne podrida y se les alborota el apetito.

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