Andrés Timoteo
Columnista

PANDEMIA “CONTROLADA”
En la mayor parte de Europa, a excepción de Reino Unido y Suecia cuyos líderes se distinguen por su negacionismo, la pandemia del Coronavirus ha menguado. Las cifras de infectados y fallecidos bajaron drásticamente al grado de que el reporte necrológico diario no rebasa los 100 casos y ha habido algunos días sin decesos, lo que no es otra cosa que el resultado del encierro colectivo para atajar el contagio vírico.
También la mayor parte de las naciones europeas están en las fases I y II del desconfinamiento y en esta semana algunas, entre ellas España e Italia, iniciarán la Fase III con la reapertura de fronteras, la libre circulación de personas entre provincias y la reapertura total de bares, restaurantes y hoteles. Francia sigue en la Fase II, aunque ayer se reportó que durante el viernes y sábado se registraron solo 13 muertes por la gripa del COVID-19 y 343 nuevos enfermos. A la fecha, la suma de decesos es de 29 mil 200.
Desde el viernes pasado, el Consejo Científico de Francia declaró a la pandemia “bajo control” pues si bien “el virus sigue circulando entre la población, ha tenido una degradación crítica, se ha desacelerado”, según el presidente del organismo, Jean-François Delfraissy. Sin embargo, el mismo Consejo Científico estableció alertó que ese “control” no significa aniquilación ni que haya sido superado el peligro.
Una prueba de ello se dio en Israel donde el Ministerio de Defensa comenzó a fabricar, a marcha forzada mascarillas, para alcanzar una producción de 2 millones de unidades por mes para que la población las use pues se ve inminente una segunda oleada de contagios. Además, el gobierno israelí puso en cuarentena a cien escuelas y 17 mil personas, entre alumnos, padres de familia y profesores, por un brote gripal suscitado la semana pasada. El parlamento también suspendió actividades luego de que cuatro diputados dieron positivos al COVID-19. Ese país ya se prepara para un segundo latigazo epidémico.
Traducción: en Europa y muchas partes del mundo se dice tímidamente que la pandemia está controlada, se dan pasos a la desescalada para reactivar la economía y que la gente recupere parte de su cotidianeidad, pero todo es con la precaución pues el virus letal ahí sigue, acechando y listo para una segunda siega. Y todavía no hay vacuna ni medicamento eficaz que lo detenga. En Latinoamérica, el jinete mortuorio apenas acelera su cabalgata.
 
PERIODISMOEN
‘DEMOCRADURA’
Ayer domingo fue el “Día de la Libertad de Expresión”, fecha un poco anodina en este año pandémico pues no se pudieron realizar los tradicionales festejos y porque en la llamada “cuarta transformación” se ha incrementado en un 65 por ciento el acoso y las agresiones contra los trabajadores de la información y los medios de comunicación, según la organización Artículo 19. Lo peor es que desde el poder se ha estigmatizado a la prensa crítica como estrategia institucional.
El tabasqueño Andrés Manuel López Obrador prácticamente ha declarado a medios informativos y periodistas como enemigos de su proyecto. A diario vapulea desde sus “Mañaneras” a todos los que no lo alaben. Además, ha desplegado ejércitos de “haters”, la palabra de moda para denominar a los “odiadores”, personas que atacan desde las redes sociales a reporteros y empresas periodísticas. Desde la Presidencia se costean campañas de odio contra los críticos del régimen morenista.
Por supuesto que no es algo desconocido ni que tampoco se haya experimentado. Vaya, es lo mismo que se vivió en la larga hegemonía priista y en los dos sexenios panistas. El lopezobradorismo sigue aquella vieja premisa de arremeter contra el mensajero por transmitir el mensaje. Esto hace recordar el libro “Maten al cartero”, del periodista y escritor argentino, Jorge Elías que es lectura obligada para todos los que estudian periodismo y las consecuencias de ejercerlo en tiempos de absolutismos.
Lo que documentó Elías entre la comunidad periodística de Argentina sometida al terror de la Junta Miliar no es algo diferente a las prácticas que hoy se viven o persisten en toda América. La variante es, quizás, que no hay dictadura formal sino una mezcla que los estudiosos llaman “Democradura” -un neologismo de democracia y dictadura-, es decir un gobierno o gobernante que está legitimado por la vía democrática, pero que ejerce el poder despóticamente.
En las “democraduras” la intolerancia y el hostigamiento hacía los periodistas son un sello. Lo autócratas pintados de demócratas tienden a convertir a la prensa incómoda en enemiga del pueblo. Pero nadie se espante, lo que hace López Obrador ya sucedió en Venezuela, Ecuador, Nicaragua y otros tantos países donde gobernó la “izquierda” y sucede también en naciones bajo mandato de la derecha como Brasil y Estados Unidos.
Por eso son indispensables los contrapesos y la prensa es uno de ellos. Su quehacer no es adular al poder sino reportearlo, documentarlo y analizarlo para informarlo a la sociedad. Por lo pronto, desde acá una felicitación a los colegas de México y Veracruz que resisten en este quehacer a pesar de los intolerantes con sus zalameros e impostores.
 
LA MENTIRA
MIL VECES
En al menos una decena de ocasiones el presidente López Obrador ha declarado que el gobernante en turno de Veracruz, Cuitláhuac García es un hombre honesto y con ideales democráticos. Es más, ha llamado a los veracruzanos compartir su júbilo porque esté al frente del gobierno estatal. Lo repitió el fin de semana en su gira por el sur de la entidad.
Al principio funcionaban esos piropos presidenciales ya que azuzaban las expectativas de la población y políticamente eran el tradicional “espaldarazo” del poder central al funcionario, pero con el paso del tiempo y sin que ese halago vaya nivelado con los resultados aceptables, suenan a burla. Ahora la percepción es que el tabasqueño se mofa de los veracruzanos por tener a ese gobernante, se lo restriega burlonamente en la cara.
El decreto presidencial sobre la honradez de jalapeño ya no convence, aunque el presidente eche mano de la vieja estrategia de Joseph Goebbels, el jefe de propaganda de Adolfo Hitler, quien estableció que una mentira repetida mil veces termina por convertirse en verdad. No es así. El presidente habla al vacío pues los veracruzanos ya no se tragan los halagos a Cuitláhuac García y se lo harán saber en el 2021.
COMBATE DE SALIVA
La violencia no para en Veracruz. No dio tregua durante el confinamiento por la pandemia ni lo está haciendo en la desescalada precipitada. Durante  la semana pasada hubo ‘ejecuciones’ en todo el estado, incluida la zona centro. Córdoba fue uno de los puntos álgidos por la actividad criminal con varios asesinados, algunos a plena luz del día. Ni la Guardia Nacional ni los blindajes han funcionario para contener a los grupos delictivos.
En medio de la “ola” de homicidios atribuidos a la mafia destacó el de Francisco Navarrete Abraham perpetrado ayer en Tierra Blanca, a un costado de la carretera La Tinaja-Sayula, porque es una señal de que sigue imparable la ‘guerra de plazas’ de los cárteles del narcotráfico. Navarrete Abraham es hijo de Francisco Navarrete Serna, apodado “El Primo”, quien fue asesinado el pasado 29 de mayo durante un ataque a balazos en una fiesta organizada por el periódico “El Sol de Tierra Blanca” del que era propietario.
Navarrete Serna y su hijo estaban ligados a un cartel criminal, pero lo significativo es que a pesar de eso eran cercanos a integrantes del gobierno estatal y del partido Morena. El padre Navarrete era compadre de la diputada por Cosamaloapan, Margarita Corro quien a su vez es la madrina de Navarrete hijo. Además, no hay que olvidar que apenas a inicios de año, Navarrete Serna se reunió con el gobernante estatal y ambos posaron sonrientes en fotografías que hicieron circular en redes sociales y la prensa.
También es significativo que hace unos días el propio gobernador García Jiménez afirmó que no se permitiría el “ajuste de cuentas” entre delincuentes respecto al homicidio de Navarrete Serna. Con esta declaración confirmó que el asesinado era un criminal -con el cual se fotografió-, pero los malhechores no le hicieron caso porque una semana después mataron al hijo sobreviviente. Hay de dos: nadie le hace caso al gobernante o de plano esté no hace nada para combatir al crimen organizado, más que advertencias de saliva.