Andrés Timoteo
Columnista

 AVISO DE MIEDO
El Consejo Científico de Francia ha formalizado lo que todos temen: el aviso de una segunda “ola” de la pandemia de Coronavirus. A través de una publicación hecha ayer martes los expertos en la rama médica que asesoran al Eliseo -el palacio de gobierno- advirtieron de tajo que “una segunda “ola” es altamente probable para otoño” y llamaron a las autoridades a prevenirse y preparar a la población.
“Hay un equilibro frágil -del control de la epidemia- que se puede romper en cualquier momento” señala el aviso de los expertos, quienes no descartan un escenario extremo de que se tenga que volver al encierro de la población. Eso es lo que hay que evitar, consideran, porque el reconfinamiento significaría que nuevamente la pandemia se habrá descontrolado y volverían las altas estadísticas mortales.
La advertencia del Consejo Científico de Francia fue entregada al presidente Emmanuel Macron en un expediente de 42 páginas desde el 27 de julio y en esta semana lo hizo público. El titulo del documento es “Prepararse desde ahora para el retorno del virus en otoño” y esa segunda oleada, presuponen, podría ser más agresiva. El virus circula de manera más activa, con una perdida acentuada de medidas de distancia y barreras: hay un equilibro frágil y podemos estarlo empujando a un escenario incontrolable”, cita.
Los trece científicos que integran este consejo llamaron a poner en marcha “planes de prevención” sobre todo en las grandes ciudades y activar “retardadores” del virus como son la aplicación de exámenes rápidos a la mayor cantidad posible de personas, detectar las rutas del contagio, aislar los casos positivos y exigir que la población mantenga el uso estricto de mascarillas, cubrebocas y la higiene personal como la desinfección de manos, calzado, ropa y, sobre todo, la distancia social.
En este aviso subrayan tres cosas: una, que se vuelvan a preparar los hospitales para recibir y tratar a los enfermos, es decir, con camas, respiradores artificiales y médicos suficientes. Dos, que se ponga especial atención a las casas de retiro de ancianos que en la primera “ola” fueron azotadas con especial letalidad y, tres, que no se excluya la posibilidad de ordenar el confinamiento local o parcial en el caso de ser necesario para controlar brotes.
También dedican una recomendación especial sobre el uso de los cubrebocas, el cual debería ser obligatorio para todos en vista de lo que se avecina en el entendido que es una medida de protección de doble sentido, porque protege a la gente no infectada y evita que los seropositivos expandan el contagio.
No hay que perder de vista que Europa lleva ventaja a México en la experiencia de lidiar contra la Covid-19 y en el punto específico del uso de cubrebocas hay una desidia tremenda entre los mexicanos, alentada por el gobierno. Es una cosa kafkiana porque esa prenda ha sido atacada y descalificada por el encargado del manejo de la pandemia, el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell.
El propio presidente Andrés Manuel López Obrador ha desdeñado usar cubrebocas y dar el ejemplo a la gente e incluso recurrió al humor negro con tintes partidistas para banalizar a esa prenda que puede hacer la diferencia entre infectarse y morir. El tabasqueño dijo burlonamente la semana pasada que se pondrá cubrebocas cuando la corrupción se acabe, lo que ya no significa una indolencia ni una negligencia sino una falta de respeto a todas los que han enfermado o muerto por la gripe pandémica.  
LOS ‘COVIDIOTAS’
En el mismo tema de los negacionistas, la pandemia de Coronavirus ha revolucionado los ámbitos médico-científicos, pero también los filosóficos y hasta semánticos. Hay, de febrero a la fecha, nuevos términos que se incorporaron al lenguaje cotidiano y otros que se han construido sobre la marcha para tratar de catalogar las reacciones humanas respecto a la enfermedad que azota al orbe.
Dos de ellos tienen que ver directamente con la negación adoptada por quienes están al cargo de los gobiernos. El primero se acuñó desde mayo en el cono sur del continente americano, concretamente en Argentina, donde gobierna el peronismo renovado -recalentando le dicen por allá de forma despectiva- que enarbola el presidente Alberto Fernández, quien comenzó su gestión en diciembre pasado luego de derrotar a la derecha gobernante.
Se trata de la palabra “Infectadura”, una combinación de los términos infección y dictadura. Está última palabra es muy fuerte entre los argentinos que vivieron un de los regímenes autoritarios más sanguinarios de la historia reciente encabezado por los militares de 1976 a 1983 y cuyas heridas humanitarias y sociales siguen abiertas.
Pues bien, desde mayo un grupo de académicos, periodistas y activistas de derecha hizo pública la carta titulada “La democracia en peligro”, en la que acusan al gobierno de aprovecharse del encierro y las restricciones de circulación para atropellar los derechos civiles y usar a la población como “ratones de laboratorio”.
“En nombre de la salud pública, una versión aggiornada de la ‘seguridad nacional’, el gobierno encontró en la ‘infectadura’ un eficaz relato legitimado en expertos, seguramente acostumbrados a lidiar con situaciones de laboratorio y ratones de experimentación, pero ignorantes de las consecuencias sociales de sus decisiones”, exponen en el documento para exigir que se levante la cuarentena. El gobierno argentino respondió: “no somos fanáticos de la cuarentena, pero si somos ‘anti-muerte’, enemigos de que la gente enferma y muera”.
Los argentinos de ultraderecha no son los únicos que han elevado la exigencia de levantar el confinamiento y “liberar” a la gente del uso obligatorio de mascarillas y guardar la distancia social pese al riesgo epidémico que eso conlleva, pues el domingo hubo marchas en diversos países contra esas medidas sanitarias en Reino Unido, España, Serbia, Grecia y Alemania. En este último país fue la más grande con 20 mil personas marcharon en Berlín.
Quienes convocaron y marcharon el domingo, al que llamaron “Día de la Libertad”, son miembros de agrupaciones de derecha e incluso pronazis, negacionistas de la pandemia que algunos sociólogos han catalogado como “coronaescepticos”, el segundo término recién acuñado, aunque los más prácticos los llaman “Covidiotas”.
Vaya, en México no hubo marchas de los negacionistas de la peste, pero de convocarlas seguramente participaría todo el gabinete presidencial y las manadas de ‘chairos’, además de los irresponsables que nunca guardaron las medidas sanitarias para evitar el contagio. La proyección es de cuidado porque un 60 por ciento de los mexicanos serían “covidiotas” si se toma en cuenta a los que hacen caso de las recomendaciones para atajar la epidemia.
POSTIZOS Y CACHIRULOS
Durante el fin de semana saquearon a airear mediáticamente al diputado federal por Veracruz, Ricardo Exhome Zapata, con dos objetivos: uno, reivindicarlo como un activo de Morena para buscar la alcaldía porteña o una diputación en el 2021, y dos para hacer patente que cualquier nominación electoral se la deberá a la zacatecana Rocío Nahle, actual secretaria de Energía, quien lo arropó a la vieja usanza del priismo paseándose a su lado y posando a la fotografía. Ambos acudieron al tradicional Café de la Parroquia para ventanearse.
¿Por qué no lo hizo al lado del gobernante en turno, Cuitláhuac García? Porque el mensaje es ese, que los candidatos en el 2021 los pondrá la secretaria de Energía. Exhibirse a su lado no es un recado a la ciudadanía -pues la señora no tiene buenas cuentas que entregarle ni como senadora ni como funcionaria presidencial- sino una señal para los morenistas: ella llevará la voz cantante en ayuntamientos de alta plusvalía política.
Eso debe poner en alerta máxima a los veracruzanos, pues todos los recomendados de Rocío Nahle en las actuales alcaldías resultaron un desastre, como los casos de Víctor Carranza, en Coatzacoalcos, y Nicolás Reyes, en Minatitlán. Peor aún, la zacatecana mantiene entre ceja y ceja la intención de ser la candidata en el 2024 para suceder a García Jiménez a pesar de no ser originaria de Veracruz.
En el Puerto de Veracruz, Morena impulsa también a la ex subdelegada del Bienestar, Rosa Hernández, a pesar de ser originaria de Comapa, en la zona centro. A la señora la quieren hacer pasar por porteña como en su momento la fidelidad hizo con la ex alcaldesa Carolina Gudiño y como en el 2017 el duartismo hizo con Fidel Kuri, quien fue candidato a la alcaldía de Veracruz a pesar de ser de Orizaba.
No se trata de recurrir el chauvinismo ramplón, sino que la experiencia ha enseñado que los postizos siempre toman los cargos de elección popular en donde no tienen ni aprecio ni arraigo, en este caso los ayuntamientos, como un botín a saquear y no como una misión de servicio. Obviamente, lo anterior no le interesa al modernismo, que está más que dispuesto a sembrar cachirulos en todos lados, tanto en el 2021 como en el 2024.