Andrés Timoteo
Columnista

HOMENAJE AL DESASTRE
Durante casi tres meses en los países europeos se aplaudió cada noche, a las 8 en punto, a los trabajadores sanitarios -galenos, enfermeras, paramédicos, camilleros, conductores de ambulancias, auxiliares hospitalarios, agentes de seguridad, bomberos y demás que participan en la cadena de atención médica- porque ellos fueron -y son- los héroes de la guerra epidemiológica contra el Coronavirus.
Se hizo un ritual nocturno salir a los balcones, terrazas y ventanas para homenajear a esos guerreros, ‘soignants’ les llaman en Francia que se traduce como “cuidadores” o “sanadores”, y la intención era doble: por un lado, dar ánimos a los que luchaban en la primera línea de batalla contra la peste y por el otro agradecerles que arriesgaran su vida para salvar las del resto. Tal tributo era para los vivos, no para los muertos.
Esto viene a colación porque en México se prefiere homenajear a los muertos que a los vivos. El presidente Andrés Manuel López Obrador estableció que desde esta semana en todas las dependencias gubernamentales se ofrezca un minuto de silencio para las casi 60 mil personas que han fallecido por la Covid-19. ¿No es un despropósito cuando no se hizo nada para evitar que se contagiaran del virus y murieran?  La decisión del tabasqueño es errática desde cualquier ángulo que se le mire pues opta por lo fúnebre en lugar de velar por los
vivientes.  
Los lapsos de silencio promovidos desde palacio nacional no son otra cosa que un homenaje al desastre sanitario y humanitario del país con casi medio millón de infectados y con una curva necrológica que ni se aplana ni es “meseta” como ahora pregona el mentiroso subsecretario de Salud, Hugo López Gatell.  ¿Acaso no sería un mejor homenaje corregir el rumbo en las políticas públicas para enfrentar la pandemia?
¿No sería más correcto que en memoria de los muertos el presidente López Obrador porte mascarilla como un mensaje -y ejemplo- de prevención sanitaria?, ¿o que impulse un plan para proteger al personal sanitario dotándoles de insumos y equipando los hospitales? Obviamente el homenaje luctuoso del gobierno suena más a una burla y a la vez es una medida casi histérica para salir al paso de las críticas generalizadas a su administración por la negligente gestión de la crisis sanitaria.
Además, los tributos a quienes fallecieron no mitigan en nada la necesidad de los que hoy están convaleciendo en algún sanatorio y los que enfermarán a futuro pues la desidia oficial para enfrentar la peste alargará el golpe pandémico y hará que, desafortunadamente, muchos más se infecten agrandando la tragedia humanitaria si no llega la vacuna a
tiempo.
 
DE NAHUALES
Y COSAS PEORES
En lo folclórico, la noticia que ha acaparado el tendero mediático en los últimos días es el acoso que un nahual tiene contra pobladores de Soledad de Doblado. El video grabado de la turbamulta que en noches anteriores salió a cazar al ente se hizo viral y, claro, se presta a la chunga. Los nahuales son parte de la cultura popular en México, una leyenda urbana perfecta porque todos creen en ellos, aunque nadie los haya visto. Son parte nuestra cosmogonía que viene desde épocas
precolombinas.
Y no solo en México sino en todo el continente americano. Acá les llamamos “nahuales”, en Estados Unidos “wendigos” o “skinwalkers” y en Sudamérica “lobizón” o “luisón”. Se trata, según dicen, de hechiceros capaces de convertirse en animales y los hay malos y buenos, también quienes nacen con ese don o maldición -de acuerdo con el punto de vista- y los que lo buscan serlo por medio de pactos y
rituales.
Pero más allá del mito popular, algo muy cierto es que la clase política de México y sobre todo la veracruzana está llena de nahuales y de esos malintencionados. Dos de ellos, por ejemplo, que si bien no se transforman físicamente a menudo sí les brota lo animal -concretamente lo burro-, ocupan curules en el congreso local.  Uno es el tuxtleco Javier Gómez Cazarín, presidente de la Junta de Coordinación Política y otro es cordobés Rubén Ríos Uribe -al que apodan “Burrén”- presidente de la mesa
directiva.
Ambos tienen un desastre en el Poder Legislativo y los tribunales federales les están corriendo la plana porque todo lo han hecho con los pies. Un juez federal los iba a acusar de desacato pues llevaron a votación la terna de nuevos integrantes del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) y a los seis avalados les tomaron protesta inmediata para ocupar las magistraturas a pesar de que existir amparos en curso promovidos por los magistrados salientes. Uno de ellos ya ganó la protección de la justicia federal.
Se trata de Marco Antonio Lezama Moo -quien fue subprocurador de Justicia en Córdoba, por cierto- al que tuvieron que reinstalar y están pendientes al menos otros dos amparos similares de los togados a los que pretendieron obligar a renunciar alegando que artilugios, entre ellos que llegaron a la edad jubilatoria o que ya no tenían derecho a reelegirse, atropellando la ley. De obtener más amparos contra su cesantía ilegal, como se prevé, el congreso también estará obligado a
reinstalarlos.
Entonces, salvo que a marchas forzadas y, otra vez rompiendo el proceso legal, se abran nuevas salas en el TSJ deberán retirar el nombramiento a los sustitutos, una de ellas Aillet García, esposa del secretario de Infraestructura y Obra Pública, Elio Hernández y comadre del gobernante en turno, Cuitláhuac García. A este borlote jurídico se suma el mandato de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para reinstalar al alcalde y la sindica de Actopan, Paulino Domínguez Sánchez y Yazmín Palmeros Barradas, por el cual también están en desacato desde mediados de junio.
También los amparos que está promoviendo la misma presidenta del TSJ, Sofía Martínez, contra los cambios legales que pretende hacer desde la legislatura para acotarla y vulnerar la autonomía del Poder Judicial. Y, por si fuera poco, en las próximas semanas se realizará la audiencia que pudiera amparar al oaxaqueño Jorge Winckler por su destitución irregular realizada en septiembre del 2019 y que podría ordenar su reinstalación como titular de la Fiscalía General del estado. A estos nahuales orejones de la “cuarta transformación” aldeana se les están cayendo sus hechizos y malas artes.
 
SUEÑO GUAJIRO
A los acomedidos de la aldea les vuelve a pasar lo mismo que cuando pregonaron que el diputado federal por Veracruz, el morenista Ricardo Exhome, sustituiría a Javier Jiménez Espriu al frente de la Secretaría de Comunicaciones porque en días pasados difundieron afanosamente que otro legislador veracruzano, el todavía priista Héctor Yunes Landa, estaba considerado para presidir la Cámara de Diputados en el nuevo periodo que
inicia en septiembre.
Como se sabe, luego de las presidencias de Morena y el PAN en San Lázaro con Porfirio Muñoz Ledo y Laura Rojas, respectivamente, ahora tocaría al PRI esa conducción por ser la tercera fuerza partidista representada en dicho recinto. En el intento de arrebatarle la posición al tricolor, el Partido del Trabajo comenzó a ‘comprar’ -según han denunciado- a otros parlamentarios para adherirse a su fracción y así superarlos en número de curules desplazándolo del tercer sitio como la bancada más numerosa. Hasta hace unos días solo le faltaban algunas curules para eso.
No obstante, todo parece indicar que ese ‘albazo’ no tendría buen fin por los acuerdos previos entre las fracciones legislativas. De cumplirse estos, entonces el tricolor encabezará la mesa directiva de San Lázaro en el último año de funciones. Lo divertido es que los panegiristas de Yunes Landa otra vez quedaron exhibidos porque el veracruzano ni siquiera figura en la lista de las cuatro opciones priistas para comandar la Cámara de Diputados. 
La primera es la ex gobernadora de Yucatán y exdirigente nacional del tricolor, Dulce María Sauri Riancho, la segunda Cynthia López Castro, quien fue directora de Vinculación en la Oficina de la Presidencia con Enrique Peña Nieto. Los otros son varones: Ernesto Nemer, cercano al llamado “Grupo Atlacomulco” del Estado de México, el exgobernador de Coahuila, Rubén Moreira y el campechano Pablo Angulo, allegado al dirigente nacional del partido y exgobernador de Campeche, Alejandro Moreno.
Ni por asomo en San Lázaro se pondera a Yunes Landa para esa encomienda porque no tiene peso político y por estar al borde de un escándalo de corrupción de enormes proporciones. Entre las delaciones que hizo el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya sobre quienes fueron sobornados para aprobar la reforma energética en el año 2013, está Yunes Landa cuando era senador e integrante de la Comisión de Energía.
¿Se acuerdan cuando en agosto de ese año Héctor Yunes justificó haber aprobado esa modificación constitucional para meterle mano al patrimonio energético alegando que todos los veracruzanos que habían votado por él y por el PRI aceptaron automáticamente dicha reforma? Pues su aval no fue por el progreso de la patria sino por el dinero que se embolsó y parte del cual provino de los sobornos pagados por transnacional brasileña Odebrecht.
En los días venideros se sabrá de cuánto fue el ‘moche’ que le dieron al impresentable Yunes Landa que ahora se convirtió en un lastre para su partido. Por lo pronto, las gacetillas a su favor que circularon en la aldea veracruzana únicamente son parte del sueño guajiro de ese personaje tan artificioso quien, por cierto, es originario de Soledad de Doblado, la tierra de moda para los nahuales pululantes. Vade Retro.