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LA HERENCIA SINDICAL
En los días recientes ha crecido la versión de que la alcaldesa saliente de Córdoba, Leticia López Landero, pretende aumentar la planilla de trabajadores municipales incrustando a una veintena de recomendados en el sindicato adherido a la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) que lidera Javier Ramos Bozziere. Estos son actuales empleados de confianza a los que pretenden dejar como herencia al nuevo edil, Juan Martínez Flores, quien deberá afrontar un incremento financiero de entre 400 y 600 mil pesos mensuales para sostener su nómina.
Según la especie, las nuevas plazas sindicales serán aprobadas antes de concluir la administración municipal a fin de que el nuevo alcalde no pueda vetar su creación aún cuando será su gestión la que tendrá que apechugar en engrosamiento de la partida por concepto de salarios. Actualmente, el Ayuntamiento cordobés tiene 388 empleados sindicalizados y se habla de que solo hay cinco plazas disponibles por cesantía y jubilaciones.
No obstante, López Landero en acuerdos con Ramos Bozierre elevará esa cifra en más de veinte nuevos sindicalizados. Aquí hay que aclarar un punto: no es algo negativo que los trabajadores que llevan años en servicio regularicen su situación laboral y obtengan la seguridad de un empleo de base con todas las prestaciones legales que conlleva. Empero, los escandaloso del asunto es que los nuevos sindicalizados son colaboradores cercanos a la alcaldesa que no tienen mayor tiempo de trabajo que el que ha transcurrido del cuatrienio.
Peor aun, la versión apunta a que los recomendados de la edil devengarían un salario de entre 20 y 30 mil pesos en detrimento de otros sindicalizados que llevan años cobrando un sueldo raquítico. Vaya, de ser cierta la versión, aquí si que se volarían la barda pues los nuevos agremiados estarían cobrando más que el propio dirigente sindical que mensualmente recibe 21 mil 800 pesos por el cargo de mensajero en la Tesorería Municipal, es decir por solo repartir las notificaciones a los deudores de impuestos.
El asunto del sueldo de Ramos Bozziere ha servido para la comidilla local en estos días pues de cobrar 4 mil 400 pesos hasta julio del año pasado, pasó a recibir casi 22 mil pesos ahora con la representación sindical. Los díceres en los corrillos municipales es que el buen trato salarial es parte de los enjuagues que tiene con López Landero. Otro dato que también se ha filtrado y que ha levantado revuelo es que uno de los nuevos sindicalizados sería la pareja sentimental de la actual jefa de prensa del ayuntamiento, la duartista Martha Marañón. ¿Serán tan obvios -por no decir ‘trompudos’-?
Por otro lado, ya se ha dicho que las comparaciones siempre son odiosas aunque muchas veces necesarias, y en el caso de la nómina municipal mientras el ayuntamiento de Córdoba tiene mil 486 empleados -388 sindicalizados y mil 098 de confianza- Orizaba únicamente paga a 825 -515 de base y 310 de confianza-. ¿Y cuál administración es más eficiente en la prestación de servicios a la ciudadanía y en el desarrollo de las actividades municipales? La respuesta salta a la vista.

EL DOCTOR DOLITLE
Por cierto, en el tema de la vocería municipal para el periodo que encabezará Martínez Flores hubo un cambio de planes pues ha trascendido que la periodista Valentina Montalvo, quien inicialmente estaba contemplada para ser la próxima directora del departamento de Comunicación Social no asumirá el cargo y ahora se menciona a Ramón Méndez López, quien administra un portal digital de noticias.
Curioso asunto pues Méndez ha sido ligado en años recientes a la administración de la panista López Landero y antes se asumía como el operador mediático de Gerardo Buganza, secretario de Gobierno durante el sexenio de Javier Duarte de Ochoa. Incluso durante el proceso electoral del 2016 trascendió que el portal informativo a su cargo era costeado desde Palacio de Gobierno en Jalapa. Entonces, el alcalde Martínez Flores tendrá como vocero a un personero de López Landero y de Buganza Salmerón, sendos fantasmas del pasado. ¿Pues no que Córdoba ira a renacer con el nuevo edil?
En el mismo tema del próximo alcalde, no hay duda que entre los marrones -entiéndase los de Morena- que se llevan pesado pues en Jalapa ven con desprecio a Martínez Flores, quien no forma parte del grupo en el poder y está enfrentado desde hace tiempo con el secretario de Educación, Zenyazen Escobar, el favorito del gobernante en turno. Una muestra de que al edil electo no lo quieren para nada es el apodo que le endilgaron: el Doctor Dolittle.
Sí, en referencia a la película llamada “Las aventuras del Doctor Dolittle” y no porque Martínez se parezca a sus protagonistas – en la versión de 1998 fue el actor Eddy Murphy y en la del 2020 Robert Downey Jr.- sino porque -dicen en Jalapa- le hace honor a la trama de novela del británico Hugh Lofting -en la que se basa el filme- de un médico chiflado que solo habla y se rodea con puros animales: un oso, una zorra, un gorila, un pato, un perico y hasta una ardilla. Risas.
Claro, la intención es ofender al médico cordobés y a quienes forman parte de su circulo cercano, y que, por ende, serían sus colaboradores en el ayuntamiento. No obstante, ahí se metieron el pie los propagandistas del sobrenombre ya que no repararon que en la película también hay una ballena llamada Humphrey quien los desocupados ya comenzaron a decir que en el caso de Córdoba se trata de la próxima síndica muy allegada al grupo de Escobar García y antigua operadora de los negocios del vocero del congreso local, el también cordobés Aldo Valeriano. Más risas.
Pero más allá del apodo hiriente, un el gobierno cuitlahuista hay la intención de dejar a su suerte a Martínez Flores mientras no se pliegue a la voluntad de los mandamases del morenismo en la entidad. El ejemplo más puntual es que a veinte días de los asesinatos del petista Grodetz Ríos Andrade y del regidor electo José Escamilla Aguilera, muy cercanos al edil electo, la Fiscalía no ha movido un solo papel ni ha hecho diligencia alguna de importancia para esclarecer ambos homicidios.
Lo que debería ser una prioridad para responder a la afrenta que representaron ambos homicidios tanto para Morena, se minimiza y se archiva. Salvo una breve frase del gobernante en turno, Cuitláhuac García, emitida el 30 de agosto -a pregunta de los reporteros y no como un posicionamiento oficial- es lo que se tiene. “(El alcalde Juan Martínez) tendrá todo nuestro respaldo para que no se deje intimidar, vamos por los responsables (de los homicidios)”, dijo García Jiménez y no hay nada más. Conclusión: el desprecio de Jalapa hacia Martínez Flores se ve y se siente.

OTRO TOTALITARIO DE “CUARTA”
El sábado murió el fundador y dirigente del grupo terrorista Sendero Luminoso de Perú, Abimael Guzmán quien sembró el luto durante dos décadas, de 1980 al 2000. Su organización fue la responsable de 38 mil de las 70 mil muertes y 11 mil de los veinte mil desaparecidos que registró ese país en dicho periodo. Guzmán, que tenía 86 años y permanecía en una prisión militar desde 1992 cuando fue detenido. Antes de tomar las armas en 1980 era profesor universitario, pero cambió los libros y la cátedra por los tiros y las masacres.
Se hacía llamar “la cuarta espada del comunismo” después de Karl Marx, Vladimir Lenin y Mao Tse Tung. ¿Por qué será que a los totalitarios les gusta el número cuatro? Ya ven que en México aunque no sea socialista ni comunista y ni siquiera de izquierda, el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador se pregona el líder de la “cuarta transformación”. Y le hizo la guerra al gobierno pero también al pueblo indígena y campesino pues ordenó masacrar a comunidades enteras que no apoyaban a su grupo.
Hay un caso ícono en estas masacres que involucra a periodistas. Sucedió el 26 de enero de 1983 en un pueblito llamado Uchuraccay, en la región andina de Ayacucho, hasta donde se trasladaron ocho reporteros de medios nacionales, acompañados por un guía y un campesino de la zona que servía como interprete, a fin de realizar un reportaje sobre la muerte de varios comuneros a principios de aquel mes.
Ellos fueron linchados por los lugareños quienes supuestamente los confundieron con senderistas. Los asesinaron a golpes de palos, piedras y machete. En Uchuraccay le tenían tanta rabia a los guerrilleros que los brujos quechuas realizaron rituales de maldición para que sus almas no descansaran por toda la eternidad. Los cadáveres fueron sepultados boca abajo, una forma de inhumar a los considerados “diablos” o que “han hecho pacto con espíritus malignos”.
Asimismo, les arrancaron los ojos y la lengua para que no puedan ver a sus ejecutores ni delatarlos con otros demonios, y les fracturaron los tobillos y las manos para que no se levantaran de sus tumbas a fin de atormentar a los vivos. El escritor Mario Vargas Llosa presidió la Comisión de la Verdad creada para documentar y encontrar la ‘verdad histórica’ de la masacre cuyo reporte sostiene la tesis de que los comuneros “confundieron” a los comunicadores con terroristas. Sin embargo, familiares y colegas de las víctimas rechazaron parte del contenido acusando que se hizo para exculpar a las fuerzas armadas y hasta de responsabilizar a los comunicadores de su propia muerte.
La decisión de matarlos fue colectiva, dice el informe, aunque solo algunos de ellos la ejecutaron físicamente. En el reporte poco hay sobre la violencia de Estado, la ausencia de gobierno y el abandono y acoso contra la población indígena. Y el mismo es una de las máculas del Premio Nobel de Literatura mientras que Uchuraccay quedó como un símbolo de cuando todo lo peor se junta.
Casi cuarenta años después murió Abimael Guzmán, el responsable absoluto de ese y otros actos de violencia extrema en Perú. No se fue de forma violenta sino ya de anciano en la cama de un hospital militar. Ya muerto, el líder terrorista devino en un fantasma que sigue atosigando a los peruanos porque hay debate sobre el destino de sus restos. Los familiares piden sepultarlo en un cementerio civil.
Otros recomiendan cremarlos y esparcir sus cenizas en el mar como se hizo con el terrorista afgano Osama Bin Laden. Sepultarlo convencionalmente conlleva el riesgo de que su tumba se convierta en un santuario y lugar de peregrinación para los maoístas, los residuos de la guerrilla comunista. Eso sí, deberían permitir a los chamanes andinos practicar el ritual exorcista a cadáver de Guzmán quien sin duda fue un diablo total.

AmoramarMx Superiberia