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El minutero

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CERO Y VAN DOS

Nada más falta que se le que queme el agua hervida al sesudo subsecretario de Gobierno, Enrique Ampudia Melo, quien maniobró para colocar al cordobés Juan Herrera Marín en la representación del gobierno estatal en la zona Centro aún cuando tiene una inhabilitación emitida por la Secretaría de la Función Pública desde del año 2010 y que perdurará hasta el 2020. A los ex yunistas Herrera Marín y Ampudia Melo les apestaron el festejo cuando se filtró el dato de tal castigo administrativo– y que algunos elucubran que vino del ex jefe de ambos- y los dejan en evidencia. Los cazadores cazados, los investigadores investigados, los tenebrosos bajo tenebrosidad.

Si los datos de la inhabilitación como servidor público por cometer acciones poco decorosas son ciertos, entonces el nuevo funcionario estatal está metido en un brete porque carecería de calidad moral para representar al gobierno estatal y con el riesgo de que alguien impugne su nombramiento ante alguna instancia judicial. Habrá que esperar quien es el valiente que promueva el recurso legal para tumbar a Herrera y dejar en ridículo tanto al que lo propuso como al que lo aceptó.

El reciclaje de este tipo de políticos, llamados “cartuchos quemados” – y otros los llaman “las viudas de Yunes”-, es un mal negocio en la administración estatal pues compran chatarra vieja que les causa más problemas que beneficios. Y de colofón, se demuestra que Ampudia Melo no es tan eficiente como se promocionó al inicio, pues ya van dos “ganchos al hígado” de su ex patrón. ¿Pues no que se comía a rebanadas el mundo de la política y era experto en inteligencia y que tenía los expedientes ocultos de todos? Cero y van dos.

 

LA CUEVA DE LADRONES

La semana pasada se difundió en la prensa estatal que los trabajadores del Congreso del Estado habían amagado con una huelga en exigencia de que se les pagara un incremento salarial retroactivo a principios de este año. Todo fue una farsa armada entre el diputado priista Jorge Carvallo Delfín y el dirigente sindical, José de Jesús Rodríguez Hernández para calmar los ánimos que se viven entre los empleados por los múltiples atropellos de que han sido objetos por este par de sujetos.

Para empezar es imposible recurrir a una huelga porque no existía notificación a las autoridades laborales y por el tiempo transcurrido desde los acuerdos entre sindicato y la Junta de Coordinación Política que preside el toluqueño Carvallo Delfín. El objetivo fue generar las condiciones mediáticas, a través de esa tomadura de pelo, para que tanto el legislador como el dirigente sindical salieran a la prensa a anunciar acuerdos “en beneficio de los agremiados”.

Como se sabe, el señor Rodríguez Hernández se ha convertido en un líder sumiso que traicionó a sus representados, y el malestar de los trabajadores es tal que ya se han dado indicios de una división al interior de la misma organización sindical porque un grupo pugna por la creación de un nuevo sindicato que en verdad los represente y defienda. Lo anterior ha desatado una ola de hostigamientos por parte de la Junta de Coordinación Política y del mismo Rodríguez Hernández, quienes han amenazado con sanciones y despidos a los que promueven el nuevo sindicato.

Lo peor del asunto es que estas amenazas han sido notificadas a diputados panistas, perredistas, del Movimiento Ciudadano y Nueva Alianza, esperando el apoyo de ellos pero ninguno se ha solidarizado con los trabajadores –algunos con más de diez años de laborar y que no pueden tener las prestaciones de ley porque están excluidos de la organización sindical o están vetados por el líder charro-, y al contrario, los legisladores “de oposición” no sólo nos los han ayudado sino que se han convertido en delatores de quienes los buscan ante Carvallo Delfín.

Lo anterior confirma que desde la oficina del toluqueño les “untan” muy bien la mano a los perredistas, panistas, panalistas y dantistas para fungir como espías. Puras vergüenzas. También las historias de los abusos cometidos por Carvallo Delfín y el líder sindical, José de Jesús Rodríguez son indignantes. Por ejemplo, los trabajadores sindicalizados recibían cada diciembre –desde hace quince años- una pierna de cerdo o un pavo como obsequio navideño pero desde el año pasado Carvallo Delfín ordenó requisar estos productos.

¿Adivinen a dónde fueron a parar los pavos y las piernas? Carvallo las regaló a sus amigos y a líderes priistas de la región de Los Tuxtlas. Lo mismo hizo con las despensas navideñas que se les entregaban a los policías encargados de la seguridad en el recinto legislativo, se las quitó para obsequiarlas a sus incondicionales. Y todo lo anterior ante el silencio del líder sindical. Ahora anunció que ya se les anticipó a los trabajadores que esta Navidad tampoco tendrán ni pierna, ni pavo ni despensas. Seguramente Carvallo Delfín necesita estos regalos para sus amigos.

No cabe duda que en el congreso local, sitio que se supone de representatividad popular, equilibro de poderes, de hechura y respeto de leyes así como de justicia social, se convirtió en una cueva de ladrones. El toluqueño Carvallo Delfín – quien lleva al hilo más de 2 millones de pesos gastados en cirugías plásticas para dejar de ser de color oscuro, tener cintura de avispa y cambiar la nariz de zambo por una que le dé un perfil griego- hace honor a quien lo formó, el innombrable, y pervierte todo lo que toca, sin reparar en el atropello a los más necesitados.

 

DESASTROSOS

Aunque se promocionaron como las primeras mujeres en hacer historia por convertirse en presidentas municipales de las dos ciudades más importantes del estado, muy pocos apostaron a que harían un papel digno y así fue, a dos años, la jalapeña Elizabeth Morales García y la oaxaqueña que gobierna el municipio de Veracruz, Carolina Gudiño Corro, han acarreado decepciones y arrepentimiento hasta de sus mismos correligionarios de partido. Este lunes las dos alcaldesas realizarán sus respectivas ceremonias del segundo informe de gobierno y el balance es completamente negativo.

Ambos ayuntamientos están en situación de desastre financiero, político, cultural y hasta moral. Lo que sucede en los dos palacios municipales se refleja en las ciudades que se encuentran totalmente abandonadas, llenas de basura, a oscuras, con baches, con un tráfico incontrolable – en el caso de Xalapa- y la delincuencia galopante. Las dos munícipes les fallaron hasta las feministas que hace dos años les echaban porras y ahora nadie se atreve a alzar la mano para defenderlas.

Sus administraciones han oscilado en caprichos personales, escándalos de asuntos privados hechos públicos, pleitos entre ediles, versiones de corrupción y enriquecimiento súbito de ellas y sus parentelas. De obra pública sólo hay relumbrones, nada sustancial, nada de beneficio real que resuelva la necesidad colectiva. Y por si fuera poco, en la cuestión política las dos alcaldesas han resultado un fiasco hasta para su mismo partido. Ambas perdieron sus distritos en los comicios recientes y su mal desempeño abrió la puerta a que los partidos de oposición tengan la oportunidad de sacar al PRI de los gobiernos municipales.

Pero no son las únicas y otro ejemplo de desastre total y decepción hasta para los mismos priistas es el cordobés Francisco Portilla Bonilla, quien también está en vísperas de rendir su segundo “desinforme de desgobierno”. La ciudad de los Treinta Caballeros tiene un estado lastimero: sin inversiones, sin obra pública de valía, sin transparencia, sin seguridad y a merced del hampa. Lo que ha caracterizado a Portilla en estos dos años son también los escándalos. Se ha erigido defensor de los hombres más oscuros como su jefe de Tránsito, Oscar Barquet.

Ha conservado a policías corruptos pese a que estaba obligado a despedirlos, ha ocultado información básica de contratos de obra pública y servicios, y claro, se ha peleado con casi todos a su alrededor. Pero no todo es pérdida pues lo que también identifica a los tres ediles – Gudiño, Morales García y Portilla- es que ninguno tiene futuro político al salir sus respectivos periodos municipales. En resumen, les queda un año para que los boten al basurero de la política.

Vicente Guerrero

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