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El minutero

INE

AUTO-FLAGELADOS

Los acuciosos observadores del quehacer político ven un afán de auto-flagelación en los partidos Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD) que apenas a unos meses de concluida la elección presidencial se pusieron a hacer un recuento de su militancia en plena inercia de su rodada cuesta abajo. Es obvio que tras un fracaso electoral y sobre todo tras ser echados del poder presidencial, en el caso de los azules, los padrones de militantes e incluso de simpatizantes tienden a menguar.

Lo que sucede en el panismo por la disminución en más de un 70 por cierto de su militancia, también le ocurrió al Revolucionario Institucional en el año 2000 cuando perdió la Presidencia de la República luego de 80 años de monopolizarla. Claro, en ese entonces no hubo una campaña mediática para exhibir los despojos del tricolor pero era casi una moda en todos los extractos sociales declararse antipriista, y no hay que olvidar que el panista Vicente Fox llegó al poder también en gran parte por el sufragio de repudio al tricolor, llamado por muchos como “voto útil”.

En realidad, el PAN tuvo que haberse ido del poder desde el 2006, pues fue evidente que en los comicios de ese año sólo pudo sostenerse en la Presidencia con un escandaloso fraude que a la fecha le sigue pesando pero se sostuvo “haiga sido como haiga sido” en la figura del espurio Felipe Calderón. Finalmente en las elecciones pasadas se fue al sótano, y tras el hundimiento, muchos abandonaron la barca blanquiazul.

Y en medio de este contexto, es un tremendo error – al menos estratégico y mediático- que los panistas hayan dispuesto una reafiliación partidista para medir el tamaño de su militancia porque los proyecta como un partido desquebrajado y abandonado. Sin embargo, en política no hay muertos, como bien se sabe, y hay que tomar en cuenta que la multitud en el esquema blanquiazul nunca la hicieron los militantes activos sino los adherentes.

Aún con eso, Acción Nacional mantiene “representatividad” legislativa -así entre comillas- como segunda fuerza en el Congreso de la Unión y en algunos estados sigue como gobierno e incluso, en muchos distritos y municipios tiene posibilidad de salir airoso en elecciones locales, como es el caso de Veracruz, aunque lo lograría más por un repudio al tricolor que por oferta propia. Es lo que abona a su favor. En resumen, desde diciembre pasado, los panistas regresaron a ser oposición y la incógnita es si logran reponerse y reivindicarse frente a la ciudadanía para procesos electorales a futuro.

El caso de los perredistas es similar porque se disponen a realizar la reafiliación de sus militantes en vísperas de que el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) que encabeza el ex candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador le quite gran parte de su base, una vez que esté consolidado como instituto político. La declaración del coordinador de los senadores perredista, Miguel Barbosa sobre que a Morena se irán “los radicales” que estaban en el Sol Azteca, suena más a baladronada que a certeza. La desbandada en el Sol Azteca es cuestión de meses.

Barbosa es una de las cabecillas de la corriente Nueva Izquierda, también conocida como Los Chuchos – en honor al líder de todos, Jesús Ortega- y fueron los que en todo el sexenio pasado negociaron con el PAN pese a que les ganó a la mala las elecciones presidenciales del 2006, anteponiendo el pragmatismo, el cochupo y los intereses personales sobre sus principios rectores. Los Chuchos se aliaron con el calderonismo y hasta hicieron alianzas con el blanquiazul en las elecciones del 2010 que dieron engendros híbridos en Oaxaca y Puebla, por ejemplo.

La inercia es que finalmente después del 2013 quede el mero cascarón y la burocracia del PRD, el cual sólo fungirá como franquicia a rentar tanto al panismo como al priismo. Los analistas estiman que al menos la mitad de sus militantes virará hacia Morena de López Obrador y el nuevo partido -si el Instituto Federal Electoral (IFE) le concede el registro. será el eje que aglutinará a las fuerzas de izquierda.

 

LOS RETAZOS

En días pasados se confirmó la especie que muchos articulistas habían adelantado y que es el rechazo del nuevo gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello para que Fidel Herrera Borunda, hijo del ex gobernante veracruzano, aquel que no debe ser nombrado, ingresara a su gabinete. Algunos comentaristas señalaron que el innombrable quería colocar a su hijo en la Secretaría General de Gobierno, es decir, en el segundo cargo en importancia. No se lo concedieron y no sólo Herrera Borunda quedó fuera sino también la mayoría de los recomendados del ex gobernador veracruzano.

Bajo el argumento de que fue uno de los operadores en la campaña electoral pasada, el innombrable quiso colarse al gabinete a través de su vástago. Es más, se apareció a reclamar el botín el pasado 9 de diciembre durante la toma de posesión de Velasco Coello. No se le concedió porque es un apestado en el sexenio del copetón Enrique Peña Nieto, y el gobernador verde de Chiapas obviamente no va a quedar en mal con el mandamás del país incluyendo a la parentela del innombrable.

De ahí que también se tuvo que regresar a Veracruz el perredista-fidelista, Sergio Rodríguez Cortés, ex alcalde de Ciudad Mendoza, quien desde hace un par de años se convirtió en servidor fiel del ex gobernante, el cual en el 2012 lo comisionó en Chiapas para operar los grupos de choque contra la oposición –léase golpear y detener a militantes de otros partidos, corromperlos con dinero y en su caso, robarse las urnas y paquetería electoral-. Por ello, tras el triunfo de Velasco Coello, el perredista-fidelista presumía que le darían un cargo en el gabinete pero ni siquiera lo recibieron en audiencia.

Ahora está de regreso para jorobar a los perredistas veracruzanos. Desde el mes de diciembre pasado, reapareció como militante del Sol Azteca y autonombrado coordinador estatal de la corriente Nuevo Sol –pese a que se le integró un proceso de expulsión desde el 2010 cuando se sumó abiertamente a la campaña electoral del tricolor- exigiendo cambio de la dirigencia estatal y condicionado alianzas electorales para los comicios del mes de julio. Rodríguez Cortés es la cuña del innombrable en el PRD pues aunque sea en ese partido pretende alcanzar retazos del poder que sigue añorando.

Por cierto, en Xalapa festejaron -con botellas de champaña descorchadas- el desaire que el presidente Enrique Peña Nieto le hizo a la alcaldesa de Veracruz, Carolina Gudiño Corro, en su pasada visita por el festejo del 98 aniversario de la promulgación de la Ley Agraria, cuando la dejó con la mano extendida, sin saludarla. Aunque muchos aleguen que no hubo tal desprecio, y que si bien no le estrechó la mano si le tocó el hombro, en política la forma es el fondo, y el desaire fue a la luz pública y ante miles de congregados en el WTC de Boca del Río.

Tampoco es un secreto que la oaxaqueña Gudiño Corro es una de las más fervientes seguidoras de la fidelidad y canturrea que el verdadero mandatario de Veracruz sigue siendo el innombrable, de ahí que ya está la lista de los apestados, no por estrategia de Palacio de gobierno estatal sino porque en Los Pinos tienen un informe completo sobre ella y sus fidelidades. El destino los está alcanzando.

Pero más allá del desprecio en público, el festejo con champagne fue por lo que hay de trasfondo: es un hecho que Gudiño no podrá imponer a su esposo, Hugo Vázquez Bretón, conocido jocosamente por los porteños como “el primer damo”, en la candidatura a la diputación local. A menos que el priismo local, entiéndase el también fidelista Erick Lagos, dirigente de ese partido y el propio gobernante en turno, quieran desacatar el mensaje de Peña Nieto.

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