

De la Redacción
El Buen Tono
Orizaba.- Mientras los mensajes fraudulentos con “programas sociales” se reproducen sin control en WhatsApp y Facebook, la Secretaría del Bienestar se limita a emitir comunicados tibios y lavarse las manos, sin implementar una sola estrategia efectiva de prevención que proteja realmente a la población más vulnerable.
En los últimos días volvió a circular una cadena que anuncia un inexistente “Bono Mujer” de 2 mil 600 pesos, atribuido falsamente a la presidenta Claudia Sheinbaum. La dependencia confirmó que dicho programa no existe, pero esa aclaración llega tarde y sólo reacciona al escándalo, no a la urgencia ciudadana. La pregunta obligada es: ¿qué ha hecho la Secretaría del Bienestar más allá de pedir a la gente que “no se deje engañar”?
De acuerdo con ciudadanos, no existe una campaña masiva y permanente de alfabetización digital, tampoco alertas tempranas en lenguas originarias para comunidades rurales, ni líneas rápidas de verificación, ni estrategia territorial para frenar la desinformación que cada mes suma nuevas víctimas.
Resulta cínico que la misma institución que capitaliza políticamente los programas sociales, con eventos masivos, entrega de tarjetas y cobertura mediática, sea incapaz de prevenir que miles de personas entreguen su CURP, domicilio y datos bancarios a páginas apócrifas que usan logotipos oficiales y nombres de funcionarios reales, un descuido estructural convierte la omisión en negligencia y la negligencia en un terreno fértil para el delito.
Las autoridades repiten el libreto de siempre: “verifiquen en páginas oficiales” y “acudan a módulos”, pero ignoran que los más expuestos —adultos mayores, mujeres rurales, madres solteras— suelen tener acceso limitado o nulo a internet, desconocen cómo identificar un dominio oficial o confían en mensajes con el escudo del gobierno.
El problema de fondo no es solo la existencia de estafadores, sino la indolencia de una secretaría que presume cercanía con el pueblo, pero falla en su deber más básico de protección ciudadana frente a amenazas previsibles y recurrentes. Alertar no es suficiente cuando las mismas trampas se repiten sin consecuencias para los delincuentes.
Mientras la Secretaría del Bienestar no diseñe un sistema proactivo de verificación, eduque de forma masiva a los beneficiarios y persiga judicialmente estas suplantaciones con la misma energía que invierte en inauguraciones, la gente seguirá cayendo. Y cada nuevo fraude exitoso llevará también la firma invisible de la inacción oficial.
