México, D.F.- Saritísima’ (1928-2013) fue, por derecho propio, la gran estrella del ‘star system’ español. Actriz y cantante, Sara Montiel -fallecida este lunes a los 85 años- sedujo al Hollywood dorado, mientras dejaba en el cine patrio otros personajes memorables como ‘La Violetera’ Soledad Moreno o aquella diva Maria Luján que cantaba su ‘último cuplé’, además, interpretó canciones como “Fumando espero” o “Bésame mucho”. .

Nacida en La Mancha, en la localidad de Campo de Criptana (Ciudad Real), María Antonia Abad Fernández, verdadero nombre de Sara Montiel, murió en su domicilio madrileño, situado en pleno barrio de Salamanca.

Todo en Sarita Montiel (el nombre con el que compartía cartel con las estrellas de Hollywood) tenía sabor a estrella superlativa: el humo de su sempiterno puro, su retahíla de amores y matrimonios, sus largas uñas, sus declaraciones… A ella, que añoraba el misterio de las antiguas celebridades, no iban a verla pisar un supermercado, avisaba. “Las estrellas se han perdido”.

La longeva artista trabajó en medio centenar de películas y grabó casi una treintena de discos y, como buena diva, dio de qué hablar hasta sus últimos días, ya fuese por sus accidentes caseros, supuestos problemas económicos o maridos caraduras. Se habló del ocaso de una estrella. “Yo ya me encuentro en mi decadencia. Naces y mueres, ésa es la realidad. Si tienes la suerte de cumplir muchos años, pues mejor”, decía Montiel en aquella entrevista.

 

Mito erótico, 

diva gay

Pero antes, Saritísima -como la rebautizó el escritor Terenci Moix, aunque ella prefería “ni Sarita, ni Saritísima, simplemente Sara” fue la más bella e internacional de las actrices españolas. Ella se sabía hermosa, como decía en sus memorias: “yo era preciosa”. Fue todo un mito erótico y, años después, diva de travestis y homosexuales.

Como aquellos personajes que la convirtieron en un mito -la humilde violetera o la criada de una diva reconvertidas en celebridades como en el ‘El último tango’.

Fue durante una procesión de Semana Santa en Orihuela cuando la escucharon cantar unos directivos de la productora Cifesa. Ofrecieron a Sarita 500 pesetas mensuales para contribuir a su preparación artística. 

La joven promesa -huérfana de padre- se trasladó con su madre a Madrid y recibió clases de dicción y canto.

En la meca del cine americano firmó contratos para Warner Bross y United Artits, trabajó con directores como Anthony Mann -su primer marido- y enamoró en la pantalla a galanes como Gary Cooper, Burt Lancaster (con quienes compartió estrellato en ‘Veracruz’, a las órdenes de Robert Aldrich) o Charles Bronson (‘Yuma’, de Samuel Fuller). “Viví una gran época”, diría sobre su etapa hollywoodense.

Además de Anthony Mann -con quien trabajó en ‘Serenade/Dos pasiones y un amor’-, se casó otras tres veces. 

Tras cuatro años de matrimonio con el director estadunidense (rompieron en 1961 y obtuvo la nulidad en 1963), en 1964 se casó con el productor José Vicente Ramírez Olalla, del que tardaría 14 años en conseguir el divorcio. En 1979, tras nueve años de convivencia, contrajo matrimonio con el industrial mallorquín Pepe Tous, fallecido en 1992 y con el que adoptó dos hijos: Thais y Zeus.

En 2003, se casó por cuarta vez con Tony Hernández, un cubano de entonces 39 años, declarado admirador de la artista y de dudosa reputación.

 Aquel matrimonio fugaz y con aires de vodevil agrietó la relación con sus hijos, después reparada. Además, entre sus amores figuraban grandes personajes como el premio Nobel de Medicina Severo Ochoa, el poeta León Felipe, el dramaturgo  Miguel Mihura o, incluso, Ernest Hemingway.

 

Agencias