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Agencias

MENDOZA.- En el corazón del desierto mendocino, un avistamiento casi tan improbable como ganar la lotería volvió a conmover a la comunidad científica. El pichiciego menor (Chlamyphorus truncatus), popularmente como “hada rosa” por su delicado caparazón de ese color, fue registrado dentro de la Reserva de Biósfera Ñacuñán, en Mendoza, Argentina. Con apenas entre 7 y 11 centímetros de largo y un peso de alrededor de 100 gramos, esta especie es el armadillo más pequeño del mundo y uno de los mamíferos esquivos del planeta.

Su comportamiento estrictamente nocturno y su vida casi exclusivamente subterránea hacen que cada registro sea excepcional. 

De hecho, expediciones internacionales han pasado meses en el campo sin lograr un solo avistamiento. El hallazgo en Ñacuñán, confirmado por guardaparques y pobladores de la zona, no es un hecho menor: se trata de una de las especies más difíciles de observar en Argentina.

El pichiciego no solo es un animal fascinante por su rareza, sino también un “ingeniero silencioso del desierto”.

Su dieta se compone principalmente de hormigas y larvas, lo que contribuye al control natural de insectos. 

Al excavar sus túneles en el suelo arenoso, airea la tierra y mejora la infiltración de agua, un recurso crítico en zonas desérticas.

 “Cada vez que registramos un pichiciego estamos frente a una señal concreta de que el ecosistema funciona”, afirmó Ignacio Haudet, director de Biodiversidad y Ecoparque de Mendoza.

La especie está declarada Monumento Natural Provincial en Mendoza (Ley 6.599), lo que le otorga un régimen especial de protección. 

Sin embargo, enfrenta amenazas graves: la pérdida de su hábitat por la expansión agrícola y la urbanización, la depredación por animales domésticos y la captura ilegal. Además, es extremadamente sensible al estrés y no sobrevive en cautiverio, lo que dificulta su estudio y conservación.

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