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Globalización y valores

Superiberia

En la idea final expresada la semana pasada, para evitar una falsa interpretación, es de subrayarse que el problema puede tener su origen en una visión globalizadora. El vacío que queda a la localidad tradicional, al seguir la moda tan bien disimulada en los preceptos modernos, pasa a llenarse de leyes mal aplicadas, sin reflexión ni fundamento.

El objetivo de una norma es favorecer las relaciones de convivencia humana sin menoscabo de alguna parte de la población, ni de hecho ni de derecho. Nadie puede quedar fuera del ámbito de la justicia, para protección o corrección, si se cumple un deber laboral y moral, subjetivo en su esencia, como es la formación de los menores. La norma debe ser muy específica, acorde a lo que se pretende lograr en el terreno pedagógico y en el social. 

En el caso concreto de las escuelas y la función docente, eficacia, eficiencia, pertinencia, equidad, inclusión, convivencia y autorregulación, además de los saberes programáticos, deben incubar un hecho educativo sin confundir la cuestión pedagógica y la cuestión legal, ni perder de vista que el derecho conlleva obligaciones y que en el contexto pedagógico de la Educación Básica, el derecho es, además, formativo.

El derecho de los niños a recibir una educación de calidad no se puede negar, al contrario. Pero, ¿haciendo los alumnos “lo que les venga en gana” o siguiendo sus impulsos primarios se garantiza la calidad educativa? ¿No debe haber límites a su conducta? ¿Se autorregularán por instinto, por desarrollo y madurez, sin la intervención familiar ni docente? La Ley General de Educación y el Plan de Estudios, organizan los principales componentes del sistema educativo para favorecer una educación de calidad; que los estudiantes “se formen armónicamente”, señala el artículo 3º constitucional, o “integralmente” dice la LGE, y logren las habilidades para aprender el resto de sus vidas. 

El capitalismo y la globalización, hacen parecer normal que las personas que buscan trabajo se vean sometidas a procesos de selección, parecidos a los de los mercados medievales de esclavos, en los cuales mediante una minuciosa inspección sólo se adquieren los jóvenes y fuertes, los de espaldas anchas, las mujeres de caderas firmes, porque serán recursos humanos para la explotación y para ello no importan sus sentimientos, sus intereses, sus cualidades personales, ni mucho menos un sindicato que los defienda, sino que, robotizados, cumplan con el papel para el cual fueron adquiridos. Esa es la esencia neoliberal de la meritocracia.

¿A dónde vamos con esas ideas? La cultura es el conjunto de todas las formas, modelos o patrones, explícitos o implícitos, a través de los cuales una sociedad se manifiesta. Como tal, incluye lengua, costumbres, prácticas, códigos, normas, maneras de pensar y de ser, vestimenta, religión y sistemas de creencias. El concepto de cultura es fundamental para las disciplinas que se encargan del desarrollo y evolución de niños y adolescentes.

La globalización y el neoliberalismo económico, han erosionado al Estado de Bienestar y menoscabado muchos de los derechos sociales y, en consecuencia, han aumentado las desigualdades en el interior de los países desarrollados y han hecho estragos en los no desarrollados, como México. Ambos representan un cambio de paradigma en las relaciones humanas de tal profundidad que ni siquiera los países que van a la vanguardia saben hasta dónde pueden llegar.

“La globalización está guiada por valores estrictamente individuales”, dice Alfredo Sfeir-Younis, economista chileno que trabaja para el Banco Mundial. “Los valores que guían a la libre competencia, al comercio internacional y al intercambio de bienes, servicios e individuos, son eminentemente personales y egoístas. Estos valores se esconden detrás de la figura de un Gobierno, o de una corporación internacional, que finge interesarse por lo colectivo y lo social”. 

Los valores colectivos (amor, compasión, fraternidad, igualdad, colaboración, solidaridad, etcétera) son básicamente olvidados, para favorecer el esfuerzo y logro individuales, la lucha personal del trabajador por alcanzar mejores niveles laborales con base en lo que es capaz de hacer, producir y perfeccionar en su trabajo.

gilnieto2012@gmail.com

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