• Paga tributos al imperio azteca 

Huatusco.- El imperio azteca, a través de sus poderosos ejércitos de guerreros Águila y Jaguar, doblegó a los habitantes de la zona Centro del estado. Los pueblos pagaron tributo a la gran Tenochtitlán. Huatusco era un punto de control.
A la capital del dominio llegaban granos como maíz, algodón y piedra de obsidiana, extraída del Citlaltépetl.
En el señorío de Cuauhtochco se concentraban las contribuciones para que las enviaran a Tenochtitlán. 

*el tip

Comunicación

Otras localidades aportaban diferentes productos que transportaban a la capital del imperio siempre bajo la vigilancia de las guarniciones militantes, diseminadas a lo largo del río Jamapa y otros afluentes de la zona.


En la llamada “Matrícula de Tributos” uno de los pocos documentos que no destruyeron los españoles, se precisa lo que los pueblos sojuzgados debían dar al imperio azteca y en qué cantidad monetaria.
En el manuscrito aparecen mantas, granos de cacao, plumas, armaduras, algodón, pieles de jaguar y otros productos que no se producían en la Gran Tenochtitlán.
Cuauhthoco e Itzteyocan (hoy San Nicolás Ixtayucan, Coscomatepec), Tototlán, Cuauhtetelco, Tochzonco y Ahuizalapan (hoy Orizaba), figuran entre los poblados pertenecientes al señorío de de Cuauhtochco.
El códice mendocino
La Matrícula de Tributos conocido también como Códice Mendoza o Mendocino es un documento prehispánico que fue elaborado en papel europeo por los tlacuilos, quienes lo hicieron en formato pictórico de los indígenas aztecas en el Siglo XVI. 
Después de ser pintado, se le añadieron descripciones escritas en español. Lo llamaron de esa manera, ya que fue encargado por el primer virrey de la Nueva España, don Antonio de Mendoza, que desempeñó su cargo de 1535 a 1550, para enviar a Carlos V informes sobre los mexicas. 
Al parecer, el historiador novohispano Francisco Javier Clavijero (cuya historia antigua de México se publicó entre 1780 y 1781), fue el primero en escribir una breve historia de las pinturas que denominó “Colección de Mendoza”, al identificar como su destinatario al primer virrey de México. 
En la escritura prehispánica, los tlacuilos expresaron sus culturas, forma de vivir y crearon obras de arte que son expresión de conciencias, vida y visión que tenían del mundo, físico y divino.
Los registros localizaban caminos, ríos, pueblos, montañas, así como la anotación exacta de cantidades, medidas y los tributos que debían pagar. Alonso de Zorita anotó que “tributaban en sementeras casi todos en general porque todos estaban escritos en sus pinturas en cada pueblo y barrio”. (1963: 37). 
Izteyocan y la
obsidiana
Una de las provincias de mayor importancia para los aztecas fue Itzteyocan, que tenía gobernador y su importancia parece estar relacionada con las minas de obsidiana; de hecho significa lugar en que se labran las piedras de obsidiana. Se encontraba al Poniente de lo que hoy es Coscomatepec de Bravo, en las faldas del volcán Citlaltépetl.   
Más arriba, a una altura de tres mil 700 metros sobre el nivel del mar existen unas minas de obsidiana que fueron explotadas por grupos del Valle de México, que dejaron cerámica azteca en el sitio.
De la zona se obtenían los bloques de la piedra que se llevaban cuesta abajo por caminos que conducían al Jacal, Calcahualco y a otros sitios prehispánicos en Calcahualco, Alpatláhuac y Coscomatepec, uno de los cuales pudo ser Itzteyocan.