Leo Zuckermann
Columnista

• Se trata, desde luego, de un acto ilegal. Dinero sucio, del extranjero, financiando una campaña electoral. Dinero que nunca fue reportado, al IFE, hoy INE.

Desde la comodidad de su hogar, protegido por la Fiscalía General de la República (FGR), la “blanca palomita” llamada Emilio Lozoya presentó una denuncia de hechos sobre el caso Odebrecht. Alejandro Gertz Manero apareció en un video donde explica las acusaciones del ex director de Pemex. Antes de citarlas, vale la pena mencionar que el fiscal reconoce que la institución a su cargo tendrá que investigar y ratificar las afirmaciones de Lozoya. En este sentido, esto apenas comienza. Son los primeros escarceos de lo que será un juicio largo.
Vamos ahora a lo que denunció Lozoya.
Primero: en 2012, el entonces encargado de relaciones internaciones de la campaña de Enrique Peña a la Presidencia, habría recibido sobornos de cien millones de pesos de la constructora brasileña Odebrecht. El candidato presidencial, junto con el entonces jefe de la campaña, Luis Videgaray, habrían instruido a Lozoya entregar este dinero a asesores electorales externos.
Se trata, desde luego, de un acto ilegal. Dinero sucio, del extranjero, financiando una campaña electoral. Dinero que nunca fue reportado, como estaban obligados a hacer los partidos, al entonces Instituto Federal Electoral (hoy INE).
Este supuesto delito cuadra perfectamente con la narrativa de López Obrador de que en aquel año perdió la elección porque el PRI hizo fraude al gastar millones de pesos más de lo permitido. De comprobarse este delito, se haría creíble la versión de López Obrador de que le ganaron la elección de 2012 a la mala.
Segunda acusación de Lozoya: Ya como director de Pemex, tanto el presidente Peña como el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, le habrían ordenado entregar 120 millones de pesos (presumiblemente, de los sobornos de Odebrecht) a un diputado y cinco senadores para comprar votos legislativos con el fin de aprobar las reformas estructurales.
Una vez más, este presunto delito le viene como anillo al dedo a la narrativa de López Obrador. En este caso se acreditaría la existencia de un sistema político profundamente corrompido donde mandaba el dinero. Aunque los legisladores podrían haber estado ideológicamente de acuerdo con las reformas, en particular con la energética, como es el caso de los panistas (y por filtraciones todo indica que, efectivamente, son de este partido), al final lo que les importaba era el dinero: lucrar desde el poder. Se demostraría, entonces, que las tan aborrecidas reformas neoliberales habrían sido mero producto de la corrupción y codicia.
Tercera imputación de Lozoya: que durante la administración del presidente Calderón, Pemex le habría dado una serie de beneficios económicos a una compañía mexicana socia de Odebrecht. Se trata del proyecto Etileno XXI, donde se dieron subsidios a los empresarios causando, como dijo Gertz, graves pérdidas para el erario.
Una vez más, esta acusación casa perfectamente con la narrativa de López Obrador. Aquí estamos hablando de un caso que involucra a un gobierno panista. La conclusión es que, tanto los panistas como los priistas siempre fueron lo mismo, una bola de corruptos.
No sólo eso, se involucra a una de las mayores bête noire del lopezobradorismo, el expresidente Calderón. Si ya de por sí lo están involucrando como jefe de un narco Estado, ahora tendrían pruebas de que también se coludieron con Odebrecht para subsidiar un negocio en detrimento del erario.
Finalmente, acusa Lozoya que Peña y Videgaray lo habrían instruido a repartir otros 84 millones de pesos y luego 200 más (supongo que, de nuevo, producto de los sobornos de Odebrecht) a los mismos legisladores arriba citados y un secretario de Finanzas de un partido. Todo esto antes de la reforma electoral que se aprobó durante el sexenio pasado.
Imputación que también encaja a la perfección con la narrativa de López Obrador, quien siempre ha dicho que las reglas electorales han sido producto de la colusión del PRIAN e injustas para él. Por esa reforma, que habría sido “comprada”, se dio la transición del IFE al INE, institución que hoy arbitra las elecciones y de la cual sigue desconfiado el hoy Presidente, como ha dicho en múltiples ocasiones.
Cuatro acusaciones que cuadran perfectamente con la narrativa del presidente López Obrador. De ser ciertas, se comprobaría que él siempre ha tenido la razón.
Sólo falta que la FGR, efectivamente, demuestre que Lozoya está diciendo la verdad y que las pruebas que está presentando (recibos y un video) sean auténticos.
Por lo pronto, se abre la posibilidad de que Videgaray, Peña y Calderón se presenten a declarar lo cual, con el nuevo sistema acusatorio donde los juicios son públicos, será un mega show mediático.