Por Andrés Timoteo /  columnista

LA MALA SEÑAL

La semana pasada Veracruz rompió un récord de espanto por el número de personas asesinadas y hubo dos días en que se contabilizaron 17 crímenes, a razón de uno cada tres horas. Se trató del jueves y viernes cuando nueve cuerpos fueron arrojados en parajes de Maltrata y Vega de Alatorre, al Centro y Norte de la Entidad.

Cuatro de ellos, los de Maltrata, estaban despedazados y dentro de bolsas de plástico. Los otros cinco, los de Vega de Alatorre, también estaban ‘embolsados’, pero sin haber sido fraccionados. Estos se adicionaron a otras ‘ejecuciones’ asiladas o menos numerosas registradas al mismo tiempo en otros puntos de la Entidad.

El reguero de cadáveres no pasó desapercibido para el Gobierno Federal y el propio presidente, Andrés Manuel López Obrador, tuvo que reconocer que Veracruz es una de las entidades donde está imparable la violencia. Citó que la entidad veracruzana, al igual que en Jalisco, Michoacán, Guerrero y Guanajuato, no hay tregua ni avance frente a las bandas delictivas.

Lo anterior obligó al Gobierno local a espabilarse y convocar para esta semana, lunes y martes, a diversas reuniones para tratar el asunto. Ha trascendido que hoy lunes el gobernante en turno ofrecerá una conferencia de prensa para informar sobre el tema a la opinión pública y mañana celebrará una reunión de la Coordinación Estatal para la Construcción de la Paz.

La novedad es que para esa reunión se ha convocado al titular de la Fiscalía General del Estado, Jorge Winckler Ortiz, para llevar un informe sobre las pesquisas de ambos hechos, los de Maltrata y de Vega de Alatorre, además del reporte general sobre la investigación de crímenes de alto impacto.

Esto confirmaría una versión que desde hace un par de semanas ha circulado en torno a que desde el altiplano se pidió al Gobierno veracruzano hacer una tregua en el pleito que trae con el fiscal y coordinarse para enfrentar la crisis de seguridad pública. Ya se verá entonces, que tan grandes son los egos y odios políticos de los funcionarios para que prospere el utópico proyecto de trabajar juntos a favor de los veracruzanos.

Por lo pronto hay una mala, muy mala señal en el asunto de los cadáveres localizados en Maltrata porque está la sospecha de que dos de las cuatro víctimas habrían sido “desaparecidas” por elementos de la Secretaría de Seguridad Pública estatal.  Se trata de los hermanos Irving y Bryan Reyes Martínez, de 22 y 26 años, que eran originarios de Mariano Escobedo.

El pasado 5 de agosto, ambos fueron sacados de su domicilio por agentes de la SSP y desde entonces no se les volvió a ver hasta que sus cuerpos despedazados aparecieron dentro de las bolsas arrojadas cerca de la autopista a Puebla. Su padre denunció la detención ilegal de sus hijos en la colonia 21 de Octubre y señaló directamente a la Policía Estatal.

A esto se suma la sospechosa prisa de la SSP para desmentir que los cuerpos localizados en Maltrata fueran de veracruzanos, sino que se trataban de personas ajenas a la Entidad, según el comunicado oficial. Se intentó engañar a la opinión pública, pues el reporte forense identificó a las cuatro víctimas como veracruzanos. Los de Mariano Escobedo y los otros dos eran, al parecer padre e hijo, originarios de la colonia Modelo, en Río Blanco.

Además de que los policías estatales están señalados de “desaparecer personas” al igual que se hacía en el sexenio duartista también es preocupante que se haya retomado la vieja práctica de tratar de ocultar la realidad con mentiras, como en la fidelidad cuando se alegaba que a Veracruz “venían a tirar muertos” de otros estados. La pregunta es dura: ¿de quiénes deben cuidarse los veracruzanos, de los delincuentes o de los policías?

LAGARTIJAS Y TETERETES

Asunto de ciencia política. El espécimen está desdentado, bueno con algunos colmillos rotos, cojea por la vejez y quedó descamado tras la tunda recibida en las últimas elecciones -las del 2018-, pero el dinosaurio tricolor -o ‘Prinosaurio’- no es un senil moribundo ni ha dejado de ser un carnívoro voraz. Todavía puede dar coletazos y lanzar dentelladas, aunque lo más peligroso es su capacidad de mutación para regenerarse o, mejor dicho, para clonarse.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) no está muerto -en política no existen los fallecidos- ni mucho menos. Está, sí, muy maltrecho y será muy difícil que a mediano plazo llegue a recuperar la confianza y el voto de los ciudadanos, pero ahí sigue como instituto político, el tercero en el País, y proveyendo de mentes operadoras, sufragios y mañas a su clon, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

Lo que hizo por ocho décadas el PRI ahora lo reproduce Morena. Es más, los estudiosos afirman que es muy marcada la añoranza del tabasqueño López Obrador por el viejo priismo y busca hacer de Morena el nuevo “Partido de Estado”, así como restaurar la presidencia imperial que ejerció el tricolor con tanta eficacia que el escritor peruano, Mario Vargas Llora, inmortalizó la deducción de que en México existía “la dictadura perfecta”.

Pues este PRI octogenario y en apuros realizó ayer domingo y por primera vez en su historia unos comicios internos para renovar el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) y a ellos fueron convocados 6 millones 764 mil 616 militantes–155 mil 632 son veracruzanos-. Es, sin duda, jornada histórica por el inédito ejercicio de democracia interna y lo será por el resultado, aunque éste no sea una sorpresa.

La ortodoxia no se rompe en ese partido tan vetusto y mañoso porque desde antes de las votaciones ya se deduce al ganador: Alejandro Moreno Cárdenas, ex gobernador de Campeche y sobre quien se volcó la tradicional ‘cargada’ de gobernadores, legisladores e integrantes de las altas esferas de ese partido. Sus dos competidoras, la ex gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega, y la veracruzana Lorena Piñón tienen oportunidades reducidas.

En especial, Lorena Piñón cuyo apellido debería ser Patiño porque es una especie de marioneta que se prestó a la farsa para dar un toque de pluralidad en la contienda tricolor, pero no representa nada y a nadie. No tiene grupo político, no tiene doctrina ideológica mucho menos proyecto directivo. Es una pieza utilitaria y muy menor.

Claro, el resultado será indicador. Ganará Moreno Cárdenas conocido como “Alito”, aunque ya el sobrenombre varío a “Amlito” porque representa los intereses de Morena y el lopezobradorismo en el viejo partido tricolor. Valga la cacofonía, Moreno es Morena, su llegada a la cúpula tricolor es con la bendición presidencial.