Las circunstancias nos están dando la razón. Las y los diputados de los grupos parlamentarios de izquierda desde un principio hemos expresado nuestro interés de que los grandes temas nacionales se debatan, para que sea la opinión mayoritaria la que decida el rumbo de nuestro país.

La iniciativa preferente de reforma a la Ley Federal del Trabajo es una muestra de que cuando se cierran los espacios de discusión se entrampan las soluciones.

Un tema tan importante como la reforma laboral no debería ser objeto de una iniciativa preferente, como la que envió el Ejecutivo federal al inicio del periodo ordinario de sesiones, máxime que no se cuenta con una ley reglamentaria para un proceso legislativo de esta naturaleza.

De tal forma que en la actualidad está agotada la única posibilidad de discusión y aprobación en el plazo que la propia Constitución establece para cada una de las cámaras del Congreso de la Unión; la devolución de la minuta a la Cámara de Diputados por parte del Senado de la República debe seguir el procedimiento ordinario que corresponde a cualquier otra iniciativa.

Pero más allá de las cuestiones de procedimiento, lo preocupante está en el fondo de la reforma laboral, ya que su contenido es altamente regresivo, echa por tierra conquistas laborales que costaron años de lucha, afecta la certeza jurídica y niega la estabilidad en el empleo. 

Asimismo, favorece al sector patronal al permitir regímenes de subcontratación e intermediación de terceros, sin garantías para el trabajador y con toda la posibilidad de que el empleador eluda sus obligaciones patronales. 

La flexibilización es otro tema que llama la atención en esta reforma, ya que por un lado se posibilita la contratación por hora, a prueba o por capacitación inicial, y por el otro se aumentan las causales de despido sin responsabilidad para el patrón. 

También, se traslada el costo de la ineficiencia de las Juntas de Conciliación y Arbitraje a los bolsillos de los trabajadores, limitando el tiempo para el cobro de los salarios caídos, como si el trabajador tuviera la culpa del rezago en la resolución de los juicios laborales. 

Por lo tanto, a nuestro parecer, es una reforma a la medida de los intereses patronales. Ante esto, estamos seguros de que todavía existen algunas cosas por hacer en esta reforma. 

El comportamiento en ambas cámaras de los partidos mayoritarios ha sido mecánico y no hubo el debate suficiente que un tema tan relevante para la nación necesita.

No desconocemos que el país está urgido de reformas, entre ellas, sin duda, se encuentra una reforma laboral integral en donde todo mejore y a todos les vaya bien. 

Por ello, estoy seguro que no riñe la idea de que revisemos y trabajemos en una reforma laboral donde les vaya bien a las empresas, les vaya bien a los trabajadores y le vaya bien al país en su conjunto. En esa línea seguiremos caminando.

 

* Coordinador del PRD en la Cámara de Diputados