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LOS DISCURSOS ALEJADOS DE LA HISTORIA

Superiberia

Contrastar la palabra oral o escrita, de las ideas o del pensamiento de otro es un acto de libres pensadores, cuya norma fundamental es el respeto a terceros. Un contraste de ideas se puede definir como aquel análisis en el que se contrarían las ideas y posturas de dos o más personas, en este contexto los discursos políticos de dos mandatarios el 16 de septiembre del presente, se hace necesario desmitificar, es decir, evidenciar la historia que se pretende
escribir.
PRIMER BOTóN. El discurso presidencial al pasar revista a las tropas del Ejército, la Marina y Guardia Nacional. Posterior a la salutación a los presentes, el discurso inicia con las expresiones: “Por esas singularidades de nuestra historia, la fecha que más celebra el pueblo de México es la del inicio, la del Grito y no la de la consumación de la Independencia nacional. A los mexicanos nos importa más el iniciador, el cura Hidalgo, que Iturbide, el consumador, porque el cura era defensor del pueblo raso y el general realista representaba a la élite, a los de arriba, y sólo buscaba ponerse la
diadema imperial”.
En contraste, si en verdad se desea reconocer y reivindicar las singularidades de nuestra historia, justo es tener presente a los conspiradores ignorados entre ellos al comerciante de Querétaro Epigmenio González, su entrega y lealtad a la insurgencia es tan valiosa como la del cura bribón. Epigmenio pasó 28 años de su vida en la cárcel; condenado a trabajos forzados en el Fuerte de San Diego en Acapulco, enfermo debido a las malas condiciones de su encierro. De pronto fue deportado a Manila donde siguió su régimen
carcelario.
En tanto, se consumaba la independencia el 27 de septiembre de 1821, producto de la alianza pactada entre Iturbide y Vicente Guerrero, Epigmenio seguía preso en la cárcel; Epigmenio fue liberado hasta 1836 cuando se firmó la propuesta de paz con España; habían pasado 27 años en cárceles Imperiales. La liberación de Epigmenio le resultó tan terrible como la cárcel, sin dinero, enfermo como pudo se trasladó de Manila, hacia España y
posteriormente a México.
Contaba con 28 años cuando al fin llegó a Querétaro, de sus viejas amistades y de los conspiradores originales nadie ya existía, ni sus parientes. El pecado de Epigmenio fue el de fabricar las astas para las lanzas, manufacturar cerca de unos dos mil cartuchos. El propio Epigmenio González, narró él mismo en el diario “La Revolución” en 1855, su historia. Que en 1838 solicitó al presidente Dictador Antonio López de Santa Anna y le preguntaron ¿Y usted quién es? Y él respondió con carácter y orgullo: “Yo soy uno de los padres de la patria, el primer armero del movimiento insurgente” y le dijeron, no está usted equivocado, en la lista oficial esta: Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende, Juan José Marcos Gaspar, Antonio de Aldama y González, José María Teclo Morelos y Pavón, Josefa Ortiz de Domínguez… para ser padre de la patria hay que morir de manera gloriosa y estar en la lista oficial. Usted no está en la lista.
SEGUNDO BOTóN. La disertación continua… El pensamiento de Hidalgo era subversivo. Nada en su personalidad lo distanciaba de ser un revolucionario y no se andaba por las ramas.
Por ejemplo, en una de sus cartas al intendente Juan Antonio Riaño escribía: “No hay remedio, señor intendente. El movimiento actual es grande y mucho más cuando se trata de recobrar derechos santos concedidos por Dios a los mexicanos, usurpados por unos conquistadores crueles, bastardos e injustos que, auxiliados de la ignorancia de los naturales y acumulando pretextos santos y venerables, pasaron a usurparles sus costumbres y propiedad, y vilmente de hombres libres convertirlos a la degradante condición de esclavos”.
En contraste: El escritor e Historiador José Luis Trueba Lara, en su libro “Hidalgo, la otra historia” describe, Cuando llegamos a Guanajuato, los gachupines ya nos esperaban… “el campamento todavía no se levantaba, pero el cura pidió su escribanía y le mandó dos cartas al intendente Riaño. En una le exigía que entregara la ciudad sin disparar un tiro, en la otra le ofrecía la posibilidad de que su mujer lo abandonara para salvar la vida.
Él la recibiría gustoso y la protegería… Sin embargo, el intendente no podía olvidar el pasado. Más de una vez pescó a Hidalgo mirando a su esposa en las tertulias. La calentura estaba marcada en las pupilas que no se alejaban de sus pechos. Las habladurías sobre los bastardos que el cura bribón dejaba regados no eran verdades a medias. Su pico de oro era capaz de romper la aduana de los escotes y alzar los telones de las faldas. Riaño no se rendiría”.
Enfurecido el cura bribón Miguel Hidalgo… “Se trepó en su caballo y sin más ni más empezó a gritarles a sus pelafustanes: ¡Vamos a matar gachupines! ¡Ellos son los diablos que esconden las colas ¡Ellos les quitaron todo lo que se merecen! ¡Dios de la venganza, yo te llamo para que protejas a mis hijos! ¡Mueran los europeos ¡ ¡Viva la Virgen de Guadalupe!
La toma de la Alhóndiga de Granaditas fue sangrienta por ambos lados realistas e insurgentes; el mito de la Pípila salta a la palestra como parte de la historia épica y narrativa. Los zumbidos de las hondas sus piedras fueron certeras, una de ellas desbarató la cabeza, del intendente Riaño, le sacó los sesos, se le asomaban entre los huesos.
La toma de la Alhóndiga provocó que los “hijitos” del cura bribón, saquearan, profanaran a las mujeres, les arrancaran las orejas para quitarles sus joyas, mataron niños y niñas, degollaran a los gachupines, les cortaron los dedos a quienes portaban en ellos anillos de oro. Ya muertos los desnudan buscándoles el “rabo del diablo para cortarlo”.
TERCER BOTÓN. El discurso continuo la expresión enalteciendo: Al mismo tiempo, Hidalgo era un hombre profundamente humano, un auténtico cristiano. Así lo demuestra el hecho de que, para evitar el degüello demiles de oponentes realistas, pero también de inocentes, prefirió quedarse en el Cerro de las Cruces y no tomar la Ciudad de México, que
estaba prácticamente
rendida.
Sin embargo, sus adversarios nunca le perdonaron la osadía de querer igualar a los pobres con las clases más favorecidas; baste recordar el juicio en que lo excomulgan y la manera en que lo asesinan, le cortan la cabeza y la exhiben como escarmiento por más de 10 años en la plaza principal de Guanajuato.
En Contraste: El mítico padre de la patria Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga y Mandarte Villaseñor, fue un hombre de carne y hueso, con grandes defectos, su humanidad queda entredicha ante su real personalidad. El escritor e historiador Paco Ignacio Taibo II, en su libro “El cura y sus amigos” ilustra alguna de las infamias del cura bribón; se gastaba las limosnas en sus gustos, especialmente con mujeres, jugador, parrandero; si bien fue letrado aplicó a la perfección el dicho “en el mundo de los ciegos el tuerto es rey”.
Su humanidad no se puede explicar al dejar que la “leperada” sus “hijitos “como le llamó a la peonada que hicieran matanza sangrienta, en Dolores, Atotonilco, Celaya, Valladolid y sobre todo en calles de Guanajuato y concretamente al tomar en su poder la Alhóndiga de Granaditas.
Una humanidad que queda en una encrucijada cuando en Atotonilco el cura bribón Hidalgo se engaña a sí mismo, al tomar el estandarte de la virgen morena. Expresa José Luis Trueba Lara “la Guadalupana estaba horrorizada por sus crímenes y su manga ancha con los
saqueos y los asesinatos”.
Y el cura bribón no viajó para tomar la Ciudad de México, obedeció a las fuertes discusiones que sostuvo con Ignacio Allende, Juan Aldama, con militares estrategas y no luchadores de impulsos.
Le hicieron observaciones precisas, una de ellas, el que la plebe cometiera los mismos hechos sangrientos de Guanajuato, otra la movilidad constante del realista de formación militar Calleja.
CUARTO BOTóN. Las siguientes líneas requieren una lectura de comprensión, separar cada oración para descubrir no el discurso del que lee, por el contrario, quién lo escribe. “Ningún dirigente en la historia de México ha recibido más insultos que el cura Hidalgo. Paco Ignacio Taibo hace un recuento de todos los improperios: endurecida alma, escolástico sombrío, monstruo, taimado, corazón fementido, rencoroso, padre de gentes feroces, Cura Sila, entrañas sin entrañas, villano, hipócrita, refinado, tirano de tu tierra, pachá, lo-cura, imprudentísimo bachiller, caco, malo, malísimo, perversísimo, ignorantísimo bachiller Costilla, excelentísimo pícaro, homicida, execrable majadero, badulaque, borriquísimo, primogénito de Satanás, malditismo ladrón, liberticida, insecto venenoso, energúmeno, archiloco
americano’.
Y en contraste, le agregaría mujeriego, parrandero, tunante, perverso, los adjetivos son atribuidos producto de su conducta y personalidad registrada en principio en la historia oral y en
segundo por sus biógrafos.
Por si fuese poco, en el juicio de excomunión lo llaman demagogo, desnaturalizado y frenético. Él se defendía respondiendo que actuaba con apego a su conciencia y es célebre la frase que dirige a sus acusadores:
‘Abrid los ojos, americanos. No os dejéis seducir de nuestros enemigos. Ellos no son católicos, sino por política. Su dios es el dinero y las conminaciones sólo tienen por objeto la opresión. ¿Creéis acaso que no puede ser verdadero católico el que no esté sujeto al déspota
español?’
En contraste. Al revisar la ruta de la Independencia y sus personajes la conciencia de clase, de lucha, el patriotismo criollo y sus ideas se contradicen basta con dar lectura a la arenga de
Dolores:
“¡Viva la religión! ¡Viva nuestra madre santísima de Guadalupe! ¡Viva Fernando VII! ¡Viva la América y
muera el mal gobierno!”.
A lo que el pueblo respondió: “¡Viva la Virgen de Guadalupe y mueran los
gachupines!
El padre bribón y los militares criollos se quedan con el ¡Viva Fernando Séptimo! ¡Viva la América y muera el mal gobierno! Y Juan pueblo, los más desvalidos, su grito se ahoga en el “¡Viva la Virgen de Guadalupe y mueran los gachupines! El juicio al cura bribón merece una reflexión aparte, en otro momento.
En fin, si Hidalgo no hubiese sido auténtico, como lo era, no lo hubiesen sacrificado con tanta saña, como lo hicieron con Jesús Cristo.
En Contraste. El cura bribón no fue auténtico, ha sido producto de la historia mítica, épica, narrativa, cuya enseñanza a muchas generaciones nos hicieron creer que él con su poder divino había sido el único liberador del país, liberador del yugo español. El juicio que le aplicaron fue producto de la época y del contexto que vivió, de las faltas sangrientas que permitió, de los saqueos e insultos que también él profirió a quienes no compartieron sus ideas.

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