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Negocio seguro

Superiberia

Por: Catón/ columnista

Don Cucoldo recelaba de su esposa. Entre los muchos gustos caros de la señora estaba el de las joyas. Don Cucoldo le compraba de vez en cuando alguna, pero la mujer lucía otras cuya procedencia él desconocía. Así las cosas se propuso vigilarla. Una mañana la sorprendió en el revuelto lecho conyugal en estado de evidente agitación. Fue directo al clóset y lo abrió. Ahí estaba un sujeto. Le dijo don Cucoldo: “¿De modo que es usted el otro imbécil?”… Un amigo de Babalucas comentó: “Está fresco el día”. “Claro –razonó el badulaque-. Es de hoy”…

Don Sinople, señor de buena sociedad, declaró en una fiesta: “Por mis venas corre sangre inglesa, francesa, italiana, alemana, suiza, rusa y española”. “¡Caramba! –exclamó uno de los presentes-. ¡Se ve que a su mamacita le gustaba viajar!”… Dos compañeros de trabajo se jubilaron al mismo tiempo. Un año después se toparon en el banco. Le preguntó uno al otro: “¿Qué haces ahora?”. Respondió el otro con toda naturalidad: “Puse un congal”. “¿Un congal?” –se sorprendió el que había preguntado. “Sí –confirmó el otro-. Y es un congal muy bueno. Si quieres una mujer ahí la encuentras. Si prefieres un hombre ahí lo hallas también”. Dijo el amigo: “Has de tener mucho personal”. “No –replicó el otro-. Apenas estoy empezando. Ahorita somos nada más mi esposa y yo”…

Pocos negocios hay en México que dejen buenas ganancias y no presenten riesgos. El más seguro y provechoso es el negocio de los partidos políticos. Quienes los detentan reciben cantidades multimillonarias sin arriesgar nada y prácticamente sin trabajar. Algunos de los llamados partidos son en verdad empresas familiares, por ejemplo el PT, y aun individuales, como es el caso de Morena, propiedad de López Obrador. Inútiles han sido los intentos que se han hecho para reducir las inmensas prerrogativas que reciben los partidos, pues sus dirigentes defienden esos dineros como gatos boca arriba, para usar un símil popular, y primero se dejarían cortar no sé qué cosa que renunciar a un solo peso de las jugosas sumas que perciben. Partidos ricos en país muy pobre. Tal es la triste paradoja que preside esa viciosa situación.

Y aun así otros dueños de partidos están haciendo fila para conseguir el registro que automáticamente les dará acceso a ese panal de rica miel que los contribuyentes pagamos con nuestro trabajo, como si no hubiera en el país otras necesidades qué cubrir. Advierto, sin embargo, que me estoy encabronando. Mírenme mis cuatro lectores: tengo encendido el rostro, crispados los puños y tembloroso el píloro. Mejor cambio de tema, no sea que me dé un ataque… Cierto reportero oyó hablar de un individuo excepcionalmente prolífico. Lo buscó en el pueblo donde vivía. El hombre le contó: “Tengo 80 años y 24 hijos que tuve con seis esposas”. “¡24 hijos! –se admiró el reportero-. ¡Permítame hacerle una entrevista!”. Le sugirió el señor: “¿Por qué no esperas la anotación final?”… Ya conocemos a Capronio: es un sujeto ruin y desconsiderado. Su suegra llegó a su casa y le contó feliz: “¡Fui a las carreras de perros y gané tres!”. Con fingida solicitud le dijo el tal Capronio: “Siéntese, suegrita. Ha de venir cansada después de tanto correr”…

El buen Jesús y San Pedro estaban en el Cielo jugando al cubilete. Tiró los cinco dados el apóstol y sacó cinco ases. ¡Quintilla! Imposible de superar el tiro. Echó mano a las monedas de la apuesta. “Un momento” –lo detuvo Jesús. Hizo su tiro y del cubilete salieron seis dados, todos también ases. Vio aquello San Pedro y dijo con acento rencoroso: “Señor: como milagro está muy bien, pero como juego es una gran chingadera”… FIN.

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