Xalapa.- Los niños que participaron en la narrativas en relación con conocimientos y prácticas sobre el cuidado del entorno natural y social en tiempos de pandemia, viven en contextos muy diversos y muestran la pluralidad que hay en nuestro país.

La académica del Instituto de Investigaciones en Educación (IIE), de la Universidad Veracruzana (UV), Rosa Guadalupe Mendoza Zuany, manifestó lo anterior y añadió que menores que viven en zonas urbanas y rurales, quienes se autoadscriben como indíenas y afromexicanos, también participaron. 

Precisó que se trato del proyecto “Hacia una nueva pertinencia y relevancia de la educación rural e indígena: aprendizaje situado para la sustentabilidad a partir de narrativas locales sobre preocupaciones, conocimientos y prácticas socio-ecológicas y su articulación al currículum nacional”.

Propuestas

“Sus experiencias y acciones para cuidar su entorno y comunidades son muy diversas y por lo tanto muy ricas y llenas de potencialidades”, apuntó. 

Sus propuestas, destacó la entrevistada, son situadas y derivan del conocimiento y de la comprensión de las problemáticas que aquejan a los lugares donde habitan, ciudades, barrios, ríos y ecosistemas. 

“Los niños escritores habitan la selva, el bosque, el desierto, la llanura y aprendieron sobre su entorno en contextos muy diversos y a través de experiencias cotidianas, pero también excepcionales en procesos organizativos y de lucha”, declaró la investigadora. 

Algunas de las propuestas que describieron coinciden en resaltar la importancia de la organización comunitaria y la perseverancia para construir, cuidar y defender el entorno. 

Aportaciones

Concretamente hablan de que las alianzas y los diálogos son esenciales para la reflexión y la organización para el cuidado; visualizan las consecuencias de no propiciar cambios para cuidar; dan ejemplos de acciones que con su familia realizan; expresan su conocimiento de la Ley y de lo que no está permitido para ayudar a resolver los problemas medioambientales.

También muestran que a su corta edad pudieron observar los cambios que se suscitaron en el entorno donde viven y eso les permitió tener una clara conciencia de su responsabilidad social. 

Las narrativas realzan a la educación escolarizada, pero también los procesos de aprendizaje y descubrimiento fuera de la escuela. 

De forma situada en sus contextos dan cuenta de prácticas culturales, “como los juegos comunitarios que mantienen fuertes físicamente a las personas, unen a la comunidad porque no enfatizan la competencia sino la convivencia y la resistencia física; muestran lo mucho que han aprendido sobre cómo curarse con los elementos naturales en contextos sin acceso a servicios de salud; hablan de la importancia de comer sanamente para estar fuertes; reconocen la importancia de las semillas”, dijo. 

Naturaleza

Igualmente presentan al planeta, a los animales y a las plantas como seres que sienten y que tienen derecho a ser cuidados y protegidos dándoles voz en las narraciones. 

“Nos comparten los consejos de los abuelos y su sabiduría, enfatizan la importancia de la gratitud y la conexión espiritual con el entorno y quienes lo protegen, dan cuenta de la creación de espacios de aprendizaje de cuidado del entorno en sus casas para compartirlos con otros niños”, indicó la fuente.

Agregó que “muestran sensibilidad para apreciar que en la diversidad y la biodiversidad podemos y debemos respetar y valorar nuestras diferencias, convivir y cuidarnos unos a otros”. 

Conciencia

La investigadora hizo notar que algunos participantes escribieron sobre la situación de pandemia en sus historias: “Es muy esperanzador apreciar su apropiación de las indicaciones y recomendaciones para cuidarnos, mantenernos sanos y cuidar a todas las personas que nos rodean”.

Manifestó que también es importante identificar una visión clara de la superación de la enfermedad a través del cuidado y de la necesidad de reflexionar y actuar para transformar este mundo en crisis. 

“Es una gran lección para reemplazar el pesimismo y el fatalismo por la esperanza y la acción para instrumentar cambios relevantes en nuestra forma de relacionarnos con el planeta. Ellos tienen claro que el COVID-19 no es un fenómeno aislado de una crisis global”. 

Lecciones 

Mendoza Zuany subrayó que para el equipo del proyecto destacan tres elementos importantes que pudieron conocer a partir de la realización del concurso. 

El primer elemento valioso es que los niños tienen ideas claras y contundentes de cómo debemos cuidarnos y actúan en consecuencia, son coherentes entre lo que piensan y lo que hacen. 

“Saben que el cuidado es central para vivir, quizá porque temporalmente están más cerca de una etapa en la que fueron dependientes de los adultos, esa situación está presente en ellos como un asunto experiencial cercano y es real y central, a través de su escritura y sus textos lo manifiestan.

El segundo elemento valioso,explicó, radica en que a través de las historias es posible mostrar “que estamos equivocados al concebir a los adultos como los únicos que pueden aportar ideas y propuestas concretas y fundamentadas para el cambio y la transformación de nuestra forma de habitar el planeta; sin duda, tenemos que escuchar a los niños”. 

El tercer elemento valioso, concluyó, “es haber incentivado a la escritura como vía de expresión, de acción y de emoción en un momento tan crucial de la existencia y que sin duda marcará nuestras vidas y las de futuras generaciones”.