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De la redacción 

El Buen Tono 

Orizaba.- Leonel perdió una oreja. El gusano barrenador consumió tejido vivo mientras la otra presenta una infección severa agravada por una otitis sin tratamiento. Su rostro está deformado, su cuerpo infestado de garrapatas y su condición general es de abandono clínico: sin atención veterinaria especializada, sin resguardo ante el sol, la lluvia o el frío, el felino sobrevive en un estado que evidencia dolor constante y deterioro progresivo.

Detrás de los muros del Coliseo La Concordia, Leonel permanece aislado y fuera del escrutinio público. Su resguardo no ha significado protección, sino opacidad: el acceso ha sido restringido incluso para medios de comunicación, mientras su estado de salud se agrava sin explicación oficial. El traslado a ese espacio no respondió a un protocolo de atención, sino a la urgencia de ocultar una herida infectada que nunca fue atendida a tiempo.

A la par, testimonios internos advierten que la reducción de alimento -hasta en un 50 por ciento- detonó peleas entre los leones, un comportamiento que no se registraba anteriormente. 

La falta de nutrición adecuada y el abandono sanitario no sólo afectaron a Leonel, sino que alteraron la dinámica de la fauna bajo resguardo, exponiendo un manejo deficiente y potencialmente riesgoso. El caso trasciende lo ético y se ubica de lleno en el terreno legal. En Veracruz, el Código Penal y la Ley de Protección y Bienestar Animal establecen sanciones para quien, por acción u omisión, cause sufrimiento, lesiones o ponga en riesgo la vida de un animal bajo su custodia. Mantener a un ejemplar con infecciones activas, sin atención veterinaria oportuna, con infestaciones parasitarias y en condiciones insalubres puede configurarse como maltrato animal grave por omisión, una conducta sancionable incluso con responsabilidad penal.

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