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Perdonaba todo

Superiberia

Por: catón / columnista

“Te fui infiel 18 veces –le dijo en su lecho de muerte doña Facilisa a su esposo don Astasio-. Tuve relaciones con el abarrotero, el carnicero, el casero, el panadero, el zapatero, el carpintero, el jardinero y el equipo de futbol de la colonia. Ahora que estoy a punto de irme de este mundo te pido perdón por mis infidelidades”. Conmovido por la sinceridad de su mujer en aquella hora suprema don Astasio le dijo emocionado: “¡Vete en paz, esposa mía! ¡Te perdono de todo corazón!”. “Gracias –replicó doña Facilisa-. Y aprovechando tu buena disposición te pido de una vez que me perdones también las infidelidades que pueda cometer en el futuro en caso de alivio”…

Floribel, joven soltera, les informó a sus padres que estaba un poquitito embarazada. “¡Ira de Dios! –prorrumpió el genitor, que en su juventud había leído novelas de Salgari-. ¿Cómo pudiste hacer eso?”. “No es tan difícil –contestó Floribel-. Pero lo hice por debilidad”. “¿Lo ves? –intervino en ese punto la mamá-. Siempre te decía que no dejaras de tomar tus vitaminas”… Babalucas salió de la oficina con uno de sus compañeros. Le dijo: “Voy a regresarme. Dejé mis lentes en la oficina”. “Los traes puestos” –le hizo notar el otro. “Qué bueno que te diste cuenta -agradeció Babalucas-. Si no me lo dices me habría ido a mi casa sin ellos”…

Don Languidio Pitocáido, senescente caballero, fue a comer con su esposa en una marisquería. La señora llamó aparte al mesero y le preguntó en voz baja: “¿Tienen el coctel llamado ‘Vuelve a la vida’?”. “Sí, señora –respondió el camarero-. Y en verdad es revitalizador”. “Llévele uno a mi marido –le pidió ella al tiempo que le daba una propina generosa-. Haga como que se tropieza, y écheselo en la entrepierna”… La mamá de Dulcilí se preocupó en extremo cuando supo que su hija estaba saliendo con un hombre bastante mayor que ella. Le preguntó con inquietud: “Hija mía: ese señor con el que andas de novia ¿es hombre formal?”. “Y mucho, madre –aseguró la chica-. Tiene esposa y cinco hijos, y desde hace 15 años trabaja en el mismo lugar”…

Himenia Camafría, madura señorita soltera, soñó que un hombre apuesto y musculoso entraba una noche a su habitación por la ventana. Ella, asustada, le preguntaba: “¿Viene usted a robarme o a hacerme el amor?”. Le respondía el individuo: “Pues escoge tú. Es tu sueño”… El papá y la mamá de Pepito estaban  muy nerviosos. El jefe del señor iba a cenar en su casa aquella noche. Cuando llegó el tal jefe Pepito se le plantó delante y le preguntó, severo: “¿Por qué mató a Julio César?”. El visitante, desconcertado, respondió: “No entiendo”. Explicó Pepito: “Mi papá dice que es usted bruto”… Noche de bodas. Antes de proceder a la consumación del matrimonio el novio le dijo, solemne, a su flamante mujercita: “Loretela: quiero hacerte una confesión que no te había hecho por temor a perderte. Antes de conocerte cometí el error de casarme tres veces”. “No te mortifiques –le respondió, tranquila, Loretela-. Antes de conocerte yo cometí tres errores sin casarme”…

Don Algón entabló conversación con una atractiva dama en el lobby bar del hotel. Desplegó ante ella todas sus artes de caballero seductor, y después de tomar algo –él pidió cerveza; ella champaña- la invitó a ir con él a su habitación. Cuando la elegante mujer aceptó el envite don Algón pensó, orgulloso, que conservaba aún sus atractivos de la juventud. No necesito decir lo que sucedió en el cuarto. Mis cuatro lectores, perspicaces como son, lo habrán adivinado ya. Terminada la ocasión erótica don Algón le preguntó a la dama: “¿Quedaste satisfecha?”. Respondió ella: “Lo sabré cuando me pagues”… FIN.

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