Roberto Valerde García
Columnista

Hace aproximadamente unos cinco o seis años, no lo recuerdo con exactitud, la Iglesia católica y el Vaticano se cimbraron al trascender el caso del obispo de la diócesis de Limburgo, el alemán Franz-Peter Tebartz-van Els, quien gastó más de 30 millones de euros en la construcción de su residencia episcopal, cuando el presupuesto autorizado era de 5.5 millones de euros.

Más que una casa era un palacio lo que construyó dicho ministro de Dios, que entre otras cosas incluía un comedor de 63 metros cuadrados de casi tres millones de euros y bañera de 15 mil euros. Ante el escándalo mundial, Jorge Mario Bergoglio, el papa Francisco recibió a Tebartz-van Elst en el Vaticano, escuchó sus justificaciones y pidió investigarlo, para finalmente aceptar su renuncia, pero de ahí no pasó.

Después de estos hechos el Papa en la plaza de San Pedro, recordó a los obispos -por enésima ocasión- que ellos tanto como los sacerdotes “deben estar al servicio de su pueblo” y les recalcó que los quiere “humildes y austeros, en medio del rebaño, con olor a oveja y no en los aeropuertos, haciendo carrerismo”.

El tema sale a relucir, porque el pasado fin de semana -para la celebración del Domingo de Resurrección- sacerdotes de Córdoba y Orizaba tuvieron la ocurrencia de bendecir a los fieles desde el aire, que no desde el cielo.

¿Humildes y austeros les exigió el Papa? Seguramente no lo escucharon o lo hicieron, pero lo ignoraron. Mire usted que hacer sobrevuelos en helicópteros en la ante sala de la que se anuncia, a caso como la peor recesión mundial de la historia. Con todo y que les hayan prestado las aeronaves, aunque la iglesia no los haya rentado, como sea, dejan muy mal parado al argentino Jorge Mario Bergoglio.

Según las sagradas escrituras Jesús dijo:  El Reino de Dios está dentro de ti y a tu alrededor, no en edificios de madera y piedra; corta una trozo de madera y ahí estaré, levanta una piedra y me encontrarás; quien descubra el significado de estas palabras no experimentará la muerte. Si en verdad Dios está dentro de nosotros, en nuestra propia casa y en nuestra fe, entonces no era necesaria tal muestra de dispendio y de arrogancia y si a ello le agregamos que volar el domingo, cuando hubo surada en la zona Centro, fue una soberana estupidez por parte de los pilotos porque pusieron en riesgo a todos los tripulantes, la ocurrencia se torna todavía más absurda.

Ni como ayudar a los padres Juan José Mexicano González (Córdoba), así como Helkyn Enríquez Báez, Javier Onofre Valeriano, Juan Carlos Villa y Valentín López (Orizaba), que el Papa los llame a cuentas y que Dios se los perdone.